Este personajillo ya tiene un historial de apariciones por aquí, ya sea por su verbo florido o por su, por decirlo de alguna manera, arcaica manera de pensar. Es un entusiasta de los temas más cavernarios que se pueden encontrar en el ideario conservador, y ya protagonizó él solito un meme cuando publicó un artículo defendiendo el creacionismo (yo hablé de este tema aquí). Le encanta poder soltar sus discursos desde su columna, sabiendo que, por mucho que mienta, deforme y retuerza argumentos, una vez esté impresa nadie podrá rebatirle. Es un intoxicador, un experto en disfrazar la mentira, una especie de Losantos de pacotilla.
Su última columna trata sobre la película Katyn, sobre la matanza de polacos que cometieron los soviéticos en plena II Guerra Mundial. Para Juan Manuel, esta película es algo muy necesario, es necesario desenterrar estos hechos bárbaros del pasado y que los conozcan las nuevas generaciones. Es necesario, es un acto de justicia para todos aquellos que fueron fusilados y enterrados en el bosque de Katyn, es una manera de devolverles, a ellos y a sus descendientes, parte de la dignidad que les fue arrebatada y una manera de restituir la humillación constante sufrida en los largos años de la dictadura comunista.
Sin embargo, Juan Manuel de Prada se opone a la ley de Memoria Histórica. Lo que es bueno en Polonia para las víctimas del comunismo no es bueno en España para las víctimas de Franco.
Me gustaría saber dónde desarrollan todos estos ideólogos conservadores tan grande capacidad para la hipocresía, para la doble moral y para la mentira continuada. Y me gustaría saber cómo consiguen sus seguidores digerir tanta y tanta bajeza y quedar satisfechos y con ganas de más.
Por si alguien quiere refrescarse la memoria, aquí están todas mis entradas sobre Juan Manuel de Prada.
Su última columna trata sobre la película Katyn, sobre la matanza de polacos que cometieron los soviéticos en plena II Guerra Mundial. Para Juan Manuel, esta película es algo muy necesario, es necesario desenterrar estos hechos bárbaros del pasado y que los conozcan las nuevas generaciones. Es necesario, es un acto de justicia para todos aquellos que fueron fusilados y enterrados en el bosque de Katyn, es una manera de devolverles, a ellos y a sus descendientes, parte de la dignidad que les fue arrebatada y una manera de restituir la humillación constante sufrida en los largos años de la dictadura comunista.
Sin embargo, Juan Manuel de Prada se opone a la ley de Memoria Histórica. Lo que es bueno en Polonia para las víctimas del comunismo no es bueno en España para las víctimas de Franco.
Me gustaría saber dónde desarrollan todos estos ideólogos conservadores tan grande capacidad para la hipocresía, para la doble moral y para la mentira continuada. Y me gustaría saber cómo consiguen sus seguidores digerir tanta y tanta bajeza y quedar satisfechos y con ganas de más.
Por si alguien quiere refrescarse la memoria, aquí están todas mis entradas sobre Juan Manuel de Prada.
Ésta era una de mis asignaturas pendientes, una de esas películas que parece que todo el mundo ha visto, y de la que casi todo el mundo habla maravillas, de esas que todo el mundo las califica como "de culto". Decir que una película de hace nueve años sea de culto me parece un poco arriesgado, pero cada vez es más frecuente que las películas adquieran este estatus prácticamente desde su estreno, o incluso desde antes.
Conocía la afición de Borges al género detectivesco en su forma más clásica (imprescindible
La principal ruptura de estos relatos frente al género original consiste en su organización. Podríamos decir que casi todos los relatos canónicos del género se dividen en tres partes, que llamaremos actos. En el primer acto se presenta el misterio, en el segundo se investiga el asunto y en el tercero se le da una explicación detallada de la solución del caso al lector. En las historias de Isidro Parodi no hay segundo acto, no hay investigación, por que el detective está preso en una cárcel. Parodi no puede interrogar a testigos, no puede husmear el lugar de los hechos ni reunir pistas. Ha de prescindir de todos los elementos físicos de las historias de detectives y quedarse sólo con el aspecto intelectual, con la capacidad de deducción.
En la primera de ellas, 
Éste es el segundo episodio que he visto de


