martes, 3 de noviembre de 2009

Los malabarismos de Juan Manuel de Prada

Este personajillo ya tiene un historial de apariciones por aquí, ya sea por su verbo florido o por su, por decirlo de alguna manera, arcaica manera de pensar. Es un entusiasta de los temas más cavernarios que se pueden encontrar en el ideario conservador, y ya protagonizó él solito un meme cuando publicó un artículo defendiendo el creacionismo (yo hablé de este tema aquí). Le encanta poder soltar sus discursos desde su columna, sabiendo que, por mucho que mienta, deforme y retuerza argumentos, una vez esté impresa nadie podrá rebatirle. Es un intoxicador, un experto en disfrazar la mentira, una especie de Losantos de pacotilla.

Su última columna trata sobre la película Katyn, sobre la matanza de polacos que cometieron los soviéticos en plena II Guerra Mundial. Para Juan Manuel, esta película es algo muy necesario, es necesario desenterrar estos hechos bárbaros del pasado y que los conozcan las nuevas generaciones. Es necesario, es un acto de justicia para todos aquellos que fueron fusilados y enterrados en el bosque de Katyn, es una manera de devolverles, a ellos y a sus descendientes, parte de la dignidad que les fue arrebatada y una manera de restituir la humillación constante sufrida en los largos años de la dictadura comunista.

Sin embargo, Juan Manuel de Prada se opone a la ley de Memoria Histórica. Lo que es bueno en Polonia para las víctimas del comunismo no es bueno en España para las víctimas de Franco.

Me gustaría saber dónde desarrollan todos estos ideólogos conservadores tan grande capacidad para la hipocresía, para la doble moral y para la mentira continuada. Y me gustaría saber cómo consiguen sus seguidores digerir tanta y tanta bajeza y quedar satisfechos y con ganas de más.

Por si alguien quiere refrescarse la memoria, aquí están todas mis entradas sobre Juan Manuel de Prada.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Píldora: Memento

Ésta era una de mis asignaturas pendientes, una de esas películas que parece que todo el mundo ha visto, y de la que casi todo el mundo habla maravillas, de esas que todo el mundo las califica como "de culto". Decir que una película de hace nueve años sea de culto me parece un poco arriesgado, pero cada vez es más frecuente que las películas adquieran este estatus prácticamente desde su estreno, o incluso desde antes.

Yo no voy a llegar a tanto. Memento me ha parecido una buena película, quizá incluso una muy buena película. Nolan sabe jugar con un guión que apenas ofrece datos al espectador, manteniéndolo siempre dubitativo, sin saber verdaderamente quién dice la verdad o quién miente, haciendo que el espectador llegue a sentirse como el desmemoriado protagonista. Es muy interesante la manera de contar una historia detectivesca al revés, partiendo de conclusiones y ofreciendo a continuación algunas pruebas o razonamientos, una especie de flashbacks encadenados, que crea una extraña estructura temporal de bucles enlazados. Además de este guión que pese a una estructura compleja permanece sólido hasta la revelación final, uno de los aspectos que más me han gustado de la película es cómo se construye toda la historia a partir de tres personajes. Nolan hace de la economía de medios una virtud, y, como dice el refrán, en Memento, menos es más.

viernes, 30 de octubre de 2009

Bioy Casares y Borges resuelven misterios

Hace tiempo me compré, picado por la curiosidad, un pequeño libro llamado Seis problemas para Don Isidro Parodi, una recopilación de, como su propio nombre indica, seis relatos detectivescos escritos a cuatro manos por Borges y Bioy Casares, bajo el seudónimo H. Bustos Domecq (otro autor más a sumarse a las bibliotecas inexistentes de Borges).

Conocía la afición de Borges al género detectivesco en su forma más clásica (imprescindible este artículo de Clau al respecto), el whodunit cuyos mayores exponentes son Sherlock Holmes, las novelas de Agatha Christie o el Padre Brown de Chesterton, entre otros. Para crear a Isidro Parodi, Borges y Bioy Casares reúnen los principales tópicos del género y amplifican, haciendo con ellos una sorprendente reducción al absurdo, que, sin embargo, funciona bien como parte del género.


La principal ruptura de estos relatos frente al género original consiste en su organización. Podríamos decir que casi todos los relatos canónicos del género se dividen en tres partes, que llamaremos actos. En el primer acto se presenta el misterio, en el segundo se investiga el asunto y en el tercero se le da una explicación detallada de la solución del caso al lector. En las historias de Isidro Parodi no hay segundo acto, no hay investigación, por que el detective está preso en una cárcel. Parodi no puede interrogar a testigos, no puede husmear el lugar de los hechos ni reunir pistas. Ha de prescindir de todos los elementos físicos de las historias de detectives y quedarse sólo con el aspecto intelectual, con la capacidad de deducción.

Por supuesto, como buena parodia de un género, en estas historias abunda el humor, no en forma de chistes, si no con unos personajes tan excesivos, tan tópicos e imposibles como el mismo Parodi, que se van encadenando a través de cada uno de los relatos, como el actor Montenebro, que tras aparecer en el segundo misterio, vuelve en los cuatro siguientes, convirtiéndose en el mejor personaje de todos. Borges y Bioy Casares no dudan en reírse de todos estos personajes secundarios, en hacernos ver lo absurdos y ridículos que son, salvándose únicamente Parodi.

Estas seis historias harán las delicias de cualquier aficionado al género, sin embargo, han envejecido bastante mal. En ocasiones utilizan un lenguaje demasiado farragoso, no sé si como una parodia de las formas de hablar de la época, pero que obliga al lector a tener que leer con cautela, lo que llega a veces a romper el ritmo o a hacerte perder el hilo.

sábado, 24 de octubre de 2009

Santander, crónica negra

A veces, cuando vuelvo al norte, a Torrelavega, me doy cuenta de cuánto ha cambiado la ciudad. No sólo en estos años en los que he vivido lejos, si no lo distinta que es la ciudad de las imágenes que tengo grabadas de ella, imágenes de cuando era muy pequeño y veía por primera vez sus calles. En mi mente, muchas zonas de Torrelavega siguen estando tal y como eran a finales de los ochenta, calles de una ciudad industrial, sucia, aún metida en aquellos años que llenaron las calles de yonkis, y en una reconversión industrial que mandó a mucha gente al paro. Recuerdo las huelgas y las manifestaciones cuando las fábricas declararon suspensión de pagos y una sucursal de Banesto acabó casi quemada, en plena plaza mayor. Recuerdo los locales comerciales vacíos, con carteles de "se alquila" y los cristales rotos, las aceras llenas de huecos y charcos, la suciedad en las calles.

Desde entonces, la ciudad ha cambiado bastante. Superada la crisis industrial de principios de los noventa, parecía que volvía la prosperidad, desaparecían los perennes carteles de "se alquila" y aparecían nuevos negocios. Los obreros iban arreglando poco a poco las aceras y las plazas de la ciudad y los barrenderos se esmeraban en mantener impecables las calles. Torrelavega parecía una ciudad distinta.

Sin embargo, de vez en cuando, como si la vida fuera una novela de John Connolly, vuelve a aparecer ese pasado sórdido, esa particular crónica negra. Cantabria nunca ha formado parte de esas partes de España asociadas a la crónica negra, no ha habido asesinatos crueles en cortijos, tampoco tenemos ningún Puerto Hurraco. Cantabria nunca ha sido parte de nada importante. Lo único que nos proporciona esta comunidad autónoma es una especie de melancolía, producto de vivir en una suerte de no-lugar. Pero sí que tenemos un pequeño historial de criminales, como el famoso Mataviejas de Santander (en la wiki sólo está en inglés). Y, este fin de semana, Tomasín, uno de estos criminales que todo el mundo creía olvidado ha vuelto a la primera plana de los periódicos, al ser asesinado en misteriosas circuntancias prácticamente en la puerta de la cárcel.

A veces, la vida real parece mezclarse con la ficción. Como en esta excelente crónica negra acerca de la muerte de Tomasín en El País. El reportero mezcla sabiamente la crónica de un suceso real con los tópicos de la novela negra. A destacar esta frase: Es un local en el que coexisten, según un cliente habitual, "jóvenes fumadores de porros que sólo quieren liarse un canuto mientras ven el partido con personajes oscuros que no sabes la historia que llevan detrás". Sigue habiendo poesía en los periódicos.

lunes, 19 de octubre de 2009

Sven Hassel

Una de las mejores cosas de vivir en un barrio como Chamberí es que puedo ir dando un paseo a casi cualquier sitio. Y, si tengo tiempo, parar en alguna de las librerías de viejo que encuentro por el camino. Es una especie de ritual que llevo a cabo de vez en cuando. Suelo ir a dos de ellas, pero sin lugar a dudas, mi favorita es ésta que se ve en la imagen de Street View, con esos dos muebles llenos de libros en la puerta. Me encanta por que está abarrotada de libros y apenas se puede pasar entre las estanterías. Cada vez que paso por delante, echo un vistazo al monedero, cuento rápidamente el dinero que llevo encima y entro a ver qué puedo llevarme para casa: algún libro de un escritor del que me han hablado bien, un pequeño volumen de relatos o novelas de bolsillo a buen precio. En mi anterior visita descubrí un alijo de novelas de Saramago por tres euros, y hoy, por ocho euros, me he ido a casa con otros cinco libros: Jack London, Guy de Maupassant, Graham Greene, Borges... y un libro de Sven Hassel.

Desde que me compré La legión de los condenados en una de estas librerías de viejo, cada vez que encuentro alguno de sus libros en más o menos buen estado me lo compro, así que ya he reunido una buena colección de libros de distintas ediciones, alguno de ellos repetidos. Sin embargo, el no saberme el orden de publicación hace que, por ejemplo, hoy haya dejado en las estanterías el cuarto volumen, y me haya llevado el séptimo.

Ya había hablado de las novelas de Sven en este blog en dos ocasiones, una, cuando leí su primera novela, La legión de los condenados, y cuando leí la segunda, Los panzer de la muerte. Viendo las fechas, me he dado cuenta de que llevaba casi un año sin leer nada suyo, pero desde septiembre llevo una racha bastante intensa de consumo de material de la Segunda Guerra Mundial, y, además de películas, videojuegos y algún que otro ensayo, han caído un par de las aventuras de Sven, leídas en desorden.

En la primera de ellas, Comando Reichsfuhrer Himmler (que en realidad es la novena de la seria), Sven y sus compañeros salen desde el campo de Sennelager para formar el batallón de castigo 999, formado, como es habitual, por criminales y disidentes, destinados al frente soviético como carne de cañón. Esta no es una de las mejores novelas de Hassel, diría que es la más floja que he leído, y es demasiado errática. Quizá sea esta donde Sven Hassel, además de mostrar la crudeza del frente, quiso contar el horror de la retaguardia. Y es que resultan mucho más espeluznantes los episodios en los campos de prisioneros y la marcha al frente de los WU (Wehrmacht Unwürdig), los soldados indignos de los batallones penitenciarios, o la represión del alzamiento de Varsovia por parte de los batallones de SS ucranianos que los capítulos en los que el pelotón de Sven, Hermanito, Porta y el Viejo se quedan tras las líneas soviéticas y han de abrirse camino hasta alcanzar de nuevo a los alemanes.

En las novelas de Sven Hassel todo el mundo parece ser furiosamente antinazi, salvo algún que otro fanático, como el ex SS Julius Heide. En ocasiones te preguntas cómo fue toda esa pesadilla posible si todo el mundo odiaba a Hitler y sus secuaces. Incluso a lo largo de sus novelas hace unas cuantas bromas con esto. A medida que se avanza en la serie de novelas y la guerra está cada vez más perdida para Alemania, cada vez son más los personajes que se declaran disidentes. De esta forma, las novelas chocan con las teorías de los biógrafos alternativos de Sven Hassel, que sostienen la hipótesis de que éste no estuvo en ningún batallón penitenciario, si no que fue miembro de la división SS Panzer Wiking, formada por voluntarios escandinavos, o bien fue un colaboracionista que nunca pisó el frente soviético, y en realidad sus novelas son el relato de algunos de los SS daneses capturados tras la guerra.

Esta polémica no está demasiado clara, y hay que tomarse los libros de Hassel no como una rigurosa autobiografía, si no como una versión novelada de anécdotas propias y ajenas. Quizá no existieron Porta, o el Viejo, quizá sólo sean la suma de un montón de los compañeros de Hassel en el frente soviético, sin embargo, Hassel ha sabido darles vida plena a través de sus novelas. Sentimos miedo con ellos, el cansancio del frente, e incluso consigue que nos sintamos incómodos cuando alguno de ellos hace enfadar al Viejo. Como el título de su tercera novela, en estas páginas encontramos a auténticos Camaradas del frente.

jueves, 15 de octubre de 2009

El soplón

En ocasiones, cuando vas al cine, te das cuenta de que has cometido un error al elegir la película, y que acabas de tirar tu dinero a la basura. Pues bien, el día que vi ésta película fue uno de esos días. Quizá sea exagerado empezar así una reseña, o una crítica, pero con los precios del cine en crecimiento constante, ver una película que no sólo no te gusta, si no que te aburre y que en gran parte de sus (eternos) 108 minutos de duración te los pasas pensando en cuánto quedará todavía es una experiencia frustrante.

Y es que ¡El soplón! (The Informant! en su título original) sufre del mismo efecto que las diversas secuelas de Ocean's Eleven: si bien la primera película resulta muy interesante y los giros argumentales que van revelando todo el plan maestro son realmente sorprendentes, sus continuaciones son aburridas por que sabemos en cada momento qué es lo que va a pasar a continuación. En ¡El soplón! esto pasa sin necesidad de ninguna secuela.

El argumento es sencillo. Tenemos a Matt Damon, interpretando a un ejecutivo de una compañía azucarera llamado Mark Whitaker, que se enreda en una especie de doble juego, informando al FBI de algunas prácticas ilegales de su empresa. Pero, mientras hace de infiltrado dentro de su compañía, el FBI ha de desenmarañar la red de mentiras en las que Whitaker envuelve todo lo que ha ido contándoles. La presión de pasar varios años llevando esa doble vida ha acabado volviendo medio loco a Whitaker, y no se sabe dónde empieza la realidad y dónde sus mentiras.

Matt Damon hace un trabajo interesante, con ese Whitaker que al final no sabes si es un mentiroso compulsivo, un genio o directamente estúpido. Sin embargo, el esquema cíclico (o espiral) del guión resulta bastante tedioso, contando demasiadas veces la misma historia de espionaje, Whitaker contando su versión, el FBI descubriendo la mentira y Whitaker contando otra bola más grande aún. Como decía antes, la primera repetición es interesante, la segunda, no demasiado, pero la tercera, cuarta o quinta son directamente aburridas.

En resumen, la película pierde mucho de su interés a medida que avanza el metraje, y, si bien pretende ser una comedia, el humor no aparece demasiado, salvo un par de momentos verdaderamente divertidos, que, lamentablemente, no consiguen salvar al resto.

miércoles, 14 de octubre de 2009

De vuelta

De nuevo una temporada de sequía en el blog. No es que tenga un ritmo desenfrenado de actualizaciones, pero un mes sin poner ninguna entrada nueva me parece demasiado incluso a mí. Estas temporadas de barbecho suelen coincidir con los días en los que estoy más desocupado. Es curioso, cuando tengo más tiempo para leer, escuchar música o ver películas es cuando menos consigo centrarme para ponerme a escribir. Y no es por falta de ganas, o de ideas que me gustaría desarrollar, más bien al contrario, hay un montón de cosas sobre las que me gustaría hablar, pero no consigo sentarme delante del ordenador y concentrarme en la escritura. En las temporadas de más actividad, de más agobio, me es mucho más fácil hilar una serie de ideas, o terminar de ver una peli y tener más o menos pensado qué es lo que me gustaría reseñar de ella. Sin embargo, ahora tengo la mente casi de vacaciones, y las ideas van surgiendo más despacio, más inconexas.

Quizá el problema sea que cada vez que me siento a escribir algo, intento abarcar demasiado, y acabo soltando unos rollos inaguantables. Tengo las entradas más o menos pensadas antes de sentarme, y, simplemente, escribo. Intento hacer borradores con las ideas sueltas que se me van ocurriendo, o incluso anotándolas en un papel, pero acaban guardando polvo virtual, por que sólo se escribir de manera impulsiva. Y debería cambiar esto.

Verdaderamente, tengo muchas ganas de escribir sobre un montón de cosas. Aunque me conformaría con llegar a escribir algo de la décima parte de ellas. Este tipo de pequeños ejercicios de metablogging son realmente útiles, permiten volver a poner a punto la mente y los dedos, y ahora el hueco sin actualizaciones no parece tan grande. ¿son un vil truco, una entrada vacía? Quizá, pero también terapeútica.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Masters of Horror: Homecoming

HomecomingÉste es el segundo episodio que he visto de Masters of Horror, después de Sueños en la casa de la bruja, que reseñé por aquí hace ya bastante tiempo. Como dije en aquella entrada, Homecoming era uno de los episodios que más me llamaba la atención, y es que la propuesta es bastante interesante: los soldados muertos en Irak vuelven convertidos en zombies para protestar contra Bush.

Tradicionalmente se ha querido ver en el cine de terror el reflejo de la situación política de la época en la que se produce la película. En la mayoría de las veces, las películas no dejan de ser un subproducto que no da para muchos análisis, pero de vez en cuando sí que aparece una obra maestra dentro del género que sabe capturar perfectamente el zeitgeist. Un ejemplo clásico es Zombie (o El amanecer de los muertos), donde ni siquiera la muerte es capaz de vencer la alienación que producen los grandes centros comerciales. Homecoming intenta meterse entre estos clásicos, pero donde otras películas hacen de la sutileza una virtud, Homecoming va directa al grano, y ése es su principal fallo. Y es que tanto se esfuerza su director, Joe Dante, en meter su mensaje con calzador, que al final lo que menos importa son los zombies. Bien es cierto que normalmente los zombies sólo son una excusa, o una manera de poder contar una historia, al fin y al cabo, lo que importa son los humanos que aún están vivos, pero los no muertos tienen algún peso argumental. Sin embargo, en esta película éstos zombies, que eran el centro de su argumento, tras unas cuantas escenas prácticamente dejan de contar.

La idea de estos zombies soldado es bastante interesante. En primer lugar, como catarsis. Los soldados muertos en Irak han sido durante mucho tiempo una de las principales preocupaciones de los estadounidenses, un recordatorio constante de la política de Bush, hasta llegar a ser un tema prácticamente tabú. Pero con su vuelta como zombies se plantea algo muy interesante, que es tratar de destruir a estos zombis, tratar de destruir los miedos de todo un país que estos soldados representan. Pero ése no es el objetivo de la película, aunque creo que ése punto de vista hubiera servido mejor como mensaje ideológico, al menos, hubiera sido un poco más sutil. En el episodio prácticamente no se dispara sobre estos zombies, y es que han vuelto de la muerte no para devorar a los vivos, si no para poder votar, para que nadie se apropie de la voz de los muertos en una guerra.

Al final, el episodio queda en una burla de los peores tópicos de los republicanos, y en una muestra de la Ley de Poe. Desde el principio, con la escritora fanática y su coche de matrícula BSH BABE, o diciendo que los que se manifiestan contra la guerra son "men with breasts, women with armpit hair. They are ugly and stupid". Nos muestra cuán hipócritas son estos fanáticos, con una especie de líder religioso, primero diciendo que los zombies son un milagro y un regalo del cielo, pensando que están a su favor, pero en cuanto los zombies dejan claro que han vuelto para echar del gobierno a quien les mandó a morir, se convierten en engendros de Satanás, sin solución de continuidad. Como parodia, funciona bastante bien, aunque al final resulta excesiva de tanto decir quiénes son los malos. Por otro lado, no he comentado otro de los hilos que componen la trama, por que estropearía bastante el episodio a quien pudiera verlo. Esta trama es el mayor acierto del episodio, y termina en un climax que rápidamente es estropeado por un "segundo final" completamente innecesario.

Y ésta podría ser una buena manera de resumir el episodio: unas cuantas ideas potentes que son estropeadas al tratar de estirarlas demasiado. Se salva por el humor gamberro y por unos cuantos guiños al espectador, como este genial homenaje :)

G.A. Romero

martes, 8 de septiembre de 2009

Matadero Cinco (II)

Si en la anterior entrada analicé algunos logros de la novela, en esta, que espero sea más breve, haré un comentario (que espero más breve) de algunos de los grandes aciertos de la película.

En primer lugar, no sabría decir si el libro es superior a la película o no. Ciertamente, gran parte del atractivo de la película viene de los mimbres que deja entrelazados Vonnegut en su novela. Sin embargo, la película, al contrario de lo que suele pasar en las últimas adaptaciones de novelas, ¡o peor, tebeos!, tiene la valentía de no calcar párrafo a párrafo la novela en que se basa, y no por ello deja de ser una adaptación muy fiel, que sabe transmitir muy bien el mensaje de la novela.

El gran acierto de la película es conseguir visualmente la sensación de desorientación de Billy, sacar al espectador también fuera del tiempo: la película avanza mediante flashes, pequeñas escenas que se cortan repentinamente, y ya estamos en medio de otra. En ocasiones, la transición es brusca, como en la primera escena, que termina con un salto destinado a impresionar al espectador, a descolocarlo: vemos la máquina de escribir de Billy, mientras escribe "I have come unstuck in time. I jump back and forth in my life and I have no control over where". Al escribir la última palabra, el silencioso sótano desaparece, y aparecemos en mitad de una carretera nevada, por la que avanzan un tanque y unos soldados. Ya estamos en mitad de la vida de Billy, y el tiempo ya no es lineal. Sin embargo, en otras escenas se juega con la imagen, haciendo cambiar levemente la escena. Una de las que me pareció más interesantes es una en la que Billy, tras un accidente, es llevado en una camilla por el pasillo del hospital, mientras la escena cambia sutilmente, Billy está corriendo por un pasillo en el Matadero Cinco, en Dresde. Se juega con los cambios visuales para dar continuidad o romperla, para unir dos momentos o para separarlos por completo.

La sensación de saltar atrás y adelante en el tiempo se incrementa: si leyendo pasamos diez, o quince minutos "fijos" en el tiempo, en la película estaremos mucho menos. Y, además de esto, han conseguido encontrar a un actor idóneo para Billy, completamente apático, de rasgos corrientes, poco definidos, nada en él destaca. La sensación de que Billy es sólo un espectador se acrecenta al verlo en la película: lo vemos normalmente lejos del foco de acción en los planos, apático, apenas moviéndose ni mirando a los otros personajes, salvo en las escenas en las que está en el zoo de Trafalmadore con Montana Wildhack. Mientras en el libro Billy es completamente apático ante el sexo con su mujer Valencia, en la película es lo único que lo saca de su posición de espectador. Es tal la apatía que transmite que viendo la película se consigue el mismo efecto de lejanía entre el espectador y los hechos que aparecen en pantalla, sin que esto implique un distanciamiento con la propia película, al contrario: la hora y media larga que dura se pasa en un santiamén, consiguendo corregir uno de los puntos más flojos del libro, y es que en ocasiones tanto vaivén temporal acaba distrayendo en algunos capítulos flojos. Sin embargo, en la película se recortan algunas las líneas temporales, otras se acortan, y otras cobran más protagonismo. En concreto, una de ellas es la de Paul Lazzaro, uno de los prisioneros en Dresde, que en el libro, a pesar de tener un papel decisivo, apenas interviene. En la película Lazzaro juega otro papel, y añade una nueva perspectiva sobre la guerra: Lazzaro es un personaje lleno de orgullo, que continuamente es pisoteado. Lazzaro representa la humillación del débil por el poderoso. Es curioso cómo a partir de un personaje ciertamente secundario, en apenas unas pocas escenas consiguen crear un personaje con tanta carga, y este acierto pertenece totalmente a la película.

Totalmente recomendable, como una mirada ligeramente distinta sobre la novela.

jueves, 3 de septiembre de 2009

En el principio... fue la línea de comando (II)

Decíamos ayer que para Neal Stephenson, las metáforas aplicadas a la informática son un arma de doble filo. Por un lado, son muy útiles para abstraer la enorme complejidad de un programa como un sistema operativo, y nos dan una serie de herramientas intuituvas para interactuar con nuestras máquinas, que en principio, son dos cosas muy deseables: a nadie le gustaría tener que leer un manual de 500 páginas para poder navegar por Internet, y normalmente, necesitamos tener algún tipo de sistema de referencia para poder comprender cómo funciona un computador. Por eso se ha aceptado como un convenio de facto el paralelismo entre el software y las herramientas de trabajo presentes en una oficina. Sin embargo, estas metáforas, creadas para ayudar a comprender el funcionamiento de un computador, han terminado por hacerlo totalmente incomprensible. De toda la gente que cada día hace uso de un ordenador, muy pocos realmente llegan a entender qué es lo que está pasando por debajo de todas esas metáforas, qué está ocurriendo mientras teclean y lentamente las letras van apareciendo sobre un folio en blanco dibujado en la pantalla.

Estas metáforas han alejado a la gente de una herramienta de trabajo muy potente, convirtiendo un milagro tecnológico en algo equivalente a un paquete de Din A4 o un cassete de música de capacidad infinita. El conocimiento de la informática se ha convertido en una especie de conocimiento revelado a unos pocos, y en un mundo que cada vez depende más y más de sistemas informáticos de complejidad creciente, la gente cada vez siente menos curiosidad por ellos. Se está dejando el control absoluto de nuestra sociedad en las manos de esos iluminados, y la gente está contenta por librarse de una preocupación.

Alcanzado este punto, Stephenson quiere utilizar las herramientas que los gigantes de la informática (Microsoft, Apple...) han utilizado para alejar a la gente de los ordenadores en su contra, quiere convertir a los Eloi en Morlocks. Y también, alcanzado este punto, es momento de parar. El siguiente paso, en una próxima entrada.


P.D.: Por otro lado, es interesante la reflexión que hace acerca de la imagen que quiere transmitir realmente cada empresa: desde el aspecto de aburrido oficinista que ofrece Microsoft, hasta la hipocresía que rodea a Apple (y gran parte de sus más acérrimos fans), vendiendo libertad y rebeldía contra el sistema en el plano publicitario, mientras impiden que puedas instalar en sus ordenadores otra cosa que no sea su hardware y su software. Bajo su aspecto de intelectuales hippies buenrrollistas se esconde una señorita Rottenmeier con una obsesión por el control.