lunes, 19 de octubre de 2009

Sven Hassel

Una de las mejores cosas de vivir en un barrio como Chamberí es que puedo ir dando un paseo a casi cualquier sitio. Y, si tengo tiempo, parar en alguna de las librerías de viejo que encuentro por el camino. Es una especie de ritual que llevo a cabo de vez en cuando. Suelo ir a dos de ellas, pero sin lugar a dudas, mi favorita es ésta que se ve en la imagen de Street View, con esos dos muebles llenos de libros en la puerta. Me encanta por que está abarrotada de libros y apenas se puede pasar entre las estanterías. Cada vez que paso por delante, echo un vistazo al monedero, cuento rápidamente el dinero que llevo encima y entro a ver qué puedo llevarme para casa: algún libro de un escritor del que me han hablado bien, un pequeño volumen de relatos o novelas de bolsillo a buen precio. En mi anterior visita descubrí un alijo de novelas de Saramago por tres euros, y hoy, por ocho euros, me he ido a casa con otros cinco libros: Jack London, Guy de Maupassant, Graham Greene, Borges... y un libro de Sven Hassel.

Desde que me compré La legión de los condenados en una de estas librerías de viejo, cada vez que encuentro alguno de sus libros en más o menos buen estado me lo compro, así que ya he reunido una buena colección de libros de distintas ediciones, alguno de ellos repetidos. Sin embargo, el no saberme el orden de publicación hace que, por ejemplo, hoy haya dejado en las estanterías el cuarto volumen, y me haya llevado el séptimo.

Ya había hablado de las novelas de Sven en este blog en dos ocasiones, una, cuando leí su primera novela, La legión de los condenados, y cuando leí la segunda, Los panzer de la muerte. Viendo las fechas, me he dado cuenta de que llevaba casi un año sin leer nada suyo, pero desde septiembre llevo una racha bastante intensa de consumo de material de la Segunda Guerra Mundial, y, además de películas, videojuegos y algún que otro ensayo, han caído un par de las aventuras de Sven, leídas en desorden.

En la primera de ellas, Comando Reichsfuhrer Himmler (que en realidad es la novena de la seria), Sven y sus compañeros salen desde el campo de Sennelager para formar el batallón de castigo 999, formado, como es habitual, por criminales y disidentes, destinados al frente soviético como carne de cañón. Esta no es una de las mejores novelas de Hassel, diría que es la más floja que he leído, y es demasiado errática. Quizá sea esta donde Sven Hassel, además de mostrar la crudeza del frente, quiso contar el horror de la retaguardia. Y es que resultan mucho más espeluznantes los episodios en los campos de prisioneros y la marcha al frente de los WU (Wehrmacht Unwürdig), los soldados indignos de los batallones penitenciarios, o la represión del alzamiento de Varsovia por parte de los batallones de SS ucranianos que los capítulos en los que el pelotón de Sven, Hermanito, Porta y el Viejo se quedan tras las líneas soviéticas y han de abrirse camino hasta alcanzar de nuevo a los alemanes.

En las novelas de Sven Hassel todo el mundo parece ser furiosamente antinazi, salvo algún que otro fanático, como el ex SS Julius Heide. En ocasiones te preguntas cómo fue toda esa pesadilla posible si todo el mundo odiaba a Hitler y sus secuaces. Incluso a lo largo de sus novelas hace unas cuantas bromas con esto. A medida que se avanza en la serie de novelas y la guerra está cada vez más perdida para Alemania, cada vez son más los personajes que se declaran disidentes. De esta forma, las novelas chocan con las teorías de los biógrafos alternativos de Sven Hassel, que sostienen la hipótesis de que éste no estuvo en ningún batallón penitenciario, si no que fue miembro de la división SS Panzer Wiking, formada por voluntarios escandinavos, o bien fue un colaboracionista que nunca pisó el frente soviético, y en realidad sus novelas son el relato de algunos de los SS daneses capturados tras la guerra.

Esta polémica no está demasiado clara, y hay que tomarse los libros de Hassel no como una rigurosa autobiografía, si no como una versión novelada de anécdotas propias y ajenas. Quizá no existieron Porta, o el Viejo, quizá sólo sean la suma de un montón de los compañeros de Hassel en el frente soviético, sin embargo, Hassel ha sabido darles vida plena a través de sus novelas. Sentimos miedo con ellos, el cansancio del frente, e incluso consigue que nos sintamos incómodos cuando alguno de ellos hace enfadar al Viejo. Como el título de su tercera novela, en estas páginas encontramos a auténticos Camaradas del frente.

4 comentarios:

La navaja en el ojo dijo...

Suponía de qué librería hablarías antes de abrir el mapita. A mí lo de tantos libros me echa algo para atrás porque no sé por dónde empezar. Antes sí sentía más ganas de acumular, pero ahora pienso más en el ahorro de espacio y prefiero comprar lo que sé que me va a interesar.

padawan dijo...

Yo ahora mismo también pienso en la falta de espacio, he tenido que hacer bastante "tetris" para encajar la mayoría de los libros que tengo ahora mismo, y los que voy comprando se van quedando apilados por ahí. Pero bueno... ya encontraré dónde meterlos :)

clau dijo...

Para los libros siempre hay un lugar, aunque haya que distribuirlos a lo largo y ancho de toda la casa.

Sólo había leído unos artículos informativos sobre Sven Hassel, pero tiene buena pinta.

Ahora, me asalta la curiosidad sobre cuáles son los libros de London, Maupassant, Greene y Borges que has comprado.

padawan dijo...

Ah, Clau, es que vivo de alquiler, y tengo prácticamente todas las superficies disponibles repletas de libros, y lo mismo en la casa de mis padres!

Te cuento lo que me compré: Crónica universal de la infamia (Borges), Cuentos fantásticos (Maupassant), Defensa (Greene) y La huelga general (London).
Y al día siguiente repetí, cayó un volumen con todos los relatos de Sherlock Holmes con las ilustraciones originales, una edición muy chula que me salió por 6 euros, Hollywood Babilonia II, un libro de Hans Magnus sobre política, Las estrellas mi destino, de Bester y me regaló el librero La posada de Jamaica :)