sábado, 27 de junio de 2009

En el principio... fue la línea de comando

Hay mucha gente que considera los ordenadores (o la combinación de hardware y software) como simples herramientas, o, en el peor de los casos, un trasto que no da más que disgustos. Un ordenador ha acabado siendo una caja negra, un aparato con el que la gente interactúa constantemente sin la más mínima idea de qué está haciendo o cómo funciona. Lo que pasa entre un click y el refresco de la pantalla es un total misterio, pero a la gente parece que no le importa, lo aceptan como algo natural.

Pero ahora, alejémonos de los ordenadores, para hablar de un libro: En el principio... fue la línea de comando, de Neal Stephenson. Este libro no habla de tecnología, o al menos, no es un libro técnico. No hay código, no se explican algoritmos, ni el estándar POSIX. Cualquier persona que haya usado un ordenador podría leer este libro. De hecho, cualquier persona que use un ordenador debería leer este libro, ya que es un libro sobre personas y sociedades, no sobre máquinas y programas. Stephenson habla de las formas de interactuar con los ordenadores, las ubicuas interfaces gráficas de usuario (GUI), construídas como metáforas visuales de lo que hay por debajo, metáforas que normalmente no somos capaces de ver, tan acostumbrados estamos a ellas: el escritorio, las carpetas llenas de documentos, en fin, un montón de paralelismos de las actividades que realizamos a diario para enmascarar complejos y fríos algoritmos.

Para criticar estas métaforas, que han convertido los ordenadores en aparatos poco manejables, Stephenson crea una serie de contrametáforas: quizá la más famosa sea la de los sistemas operativos como coches:

Imagínense un cruce de carreteras donde hay cuatro puntos de venta de coches. Uno de ellos (Microsoft) es mucho, mucho mayor que los demás. Comenzó hace años vendiendo bicicletas de tres velocidades (MS-DOS); no eran perfectas, pero funcionaban y, cuando se rompían, se arreglaban fácilmente. Enfrente estaba la tienda de bicicletas rival (Apple), que un día empezó a vender vehículos motorizados: coches caros, pero de estilo atractivo, con los mecanismos herméticamente sellados, de tal modo que su funcionamiento era algo misterioso. [...] Al final la tienda grande acabó por sacar un coche en toda regla: un monovolumen colosal (Windows 95). Tenía el encanto estético de un bloque soviético de viviendas para obreros, perdía aceite y le estallaban las bujías, pero fue un éxito tremendo. Poco tiempo después, sacaron también un enorme vehículo para la circulación fuera de carretera destinado a usuarios industriales (Windows NT), que no era más bonito que el monovolumen, y sólo algo más fiable.

Al otro lado de la carretera hay dos competidores que llegaron más recientemente. Uno de ellos, (Be, Inc.) vende batmóviles plenamente operativos (los BeOS). Son más bonitos y elegantes incluso que los eurosedanes, mejor diseñados, más avanzados tecnológicamente y al menos tan fiables como cualquier otra cosa en el mercado: y sin embargo son más baratos que los demás.

Con una excepción, claro: Linux, que está enfrente mismo, y que no es un negocio en absoluto. Es un conjunto de tiendas de campaña, yurtas, tipis y cúpulas geodésicas levantadas en un prado y organizadas por consenso. La gente que vive allí fabrica tanques. No son como los anticuados tanques soviéticos de hierro forjado; son más parecidos a los tanques M1 del ejército estadounidense, hechos de materiales de la era espacial y llenos de sofisticada tecnología de arriba abajo. Pero son mejores que los tanques del ejército. Han sido modificados de tal modo que nunca, nunca se averían, son lo bastante ligeros y maniobrables como para usarlos en la calle y no consumen más combustible que un coche compacto. Estos tanques se producen ahí mismo a un ritmo aterrador, y hay un número enorme de ellos alineados junto a la carretera con las llaves puestas. Cualquiera que quiera puede simplemente montarse en uno y marcharse con él gratis.

Esta es la primera de una serie de metáforas que permiten hablar de sistemas operativos, software, hardware, hackers, etc, de tal forma que cualquiera pueda leer el libro. Neal Stephenson critica a Apple y Microsoft con sus mismas armas: las metáforas para esconder la increíble complejidad de lo que está ocurriendo detrás de la pantalla que ves ahora mismo. Plantear la metáfora de los coches ya ha ocupado buena parte de la entrada, y no quiero cansar a ningún lector, así que dejaremos toda la chicha del libro para el futuro :)

P.D.: este libro está escrito con el espíritu del software libre en mente, y la traducción al español está libremente disponible en esta página.

3 comentarios:

Nimrodelisa dijo...

Al principio quería leérmelo únicamente por el título, pero ahora sí que tengo que buscarlo en las biblios del barrio. Falta me hace a mí comprender a los ordenadores y llegar a una tregua con ellos, que me paso el día reinstalando sistemas operativos porque no me quieren y se rompen :/

Estos tanques se producen ahí mismo a un ritmo aterrador, y hay un número enorme de ellos alineados junto a la carretera con las llaves puestas. Cualquiera que quiera puede simplemente montarse en uno y marcharse con él gratis.

A mí el tanque de Linux Mint me atropelló. Sin piedad. Putas metáforas :(

thermidor dijo...

En el principio no fue la línea de comandos, pero aceptemos pulpo como animal de compañía, jeje.

Esta entrada de tu blog me ha producido curiosidad, quizá un día lo busque en la biblioteca.

padawan dijo...

Bueno, en el principio fue la conmutación manual de cables y switches, pero bueno, gracias a diso eso ya está superado :)
a ver si me pongo a escribir la segunda entrada, que como usuario de Mac te va a interesar xD