miércoles, 8 de octubre de 2008

The Longest Yard

Hoy toca variar un poco de tema... Las dos últimas entradas han estado muy enfocadas hacia el metablogging, y creo que tengo que darle un descanso al blog, aunque aún queda mucho que rascar sobre esos temas. Tengo unos cuantos enlaces pendientes de lectura y unas cuantas reflexiones que madurar.

Y también quiero cambiar un poco los temas, por que este blog cada vez me parece más serio, y no era la seriedad su propósito inicial. Así que quiero intentar recuperar poco a poco el espíritu que (creo) tenía este blog en sus comienzos. Y, para empezar esta vuelta al origen, toca hablar de otro de los blockbuster habituales de la Continental Auto (ahora en manos de la pérfida Alsa...): el remake de The Longest Yard, que creo que en español lo han llamado El clan de los rompehuesos. En fin, una de esas joyas de la traducción a las que nunca nos acostumbraremos.

Ya es la segunda vez que la veo en el autobús, y, aunque en la primera vez no le hice mucho caso, le he dado otra oportunidad en mi último viaje, y ha resultado una grata sorpresa... no es ninguna joya del séptimo arte, pero bueno, hace que un largo viaje en autobús resulte mucho más ameno, y tiene unas cuantas escenas divertidas ¿qué más se le puede pedir a una peli del bus?

Adam Sandler y Burt ReynoldsEl argumento es muy sencillo: Paul Crewe (Adam Sandler) es un jugador de fútbol americano, que tras amañar un partido y unos encontronazos con la ley, acaba en la cárcel. Una vez allí, el alcaide le ofrece un trato: entrenar un equipo de presidiarios para que se enfrenten en un partido al equipo de los guardias, para que estos puedan vapulearlos y subir su moral al comienzo de la temporada. A partir de aquí tenemos la típica historia carcelaria, de criminales de buen corazón enfrentándose a unos guardias realmente malvados, muy aficionados a los esteroides y las palizas indiscriminadas. En el fondo la peli no es más que una historia de superación personal, de esas que tanto gustan en los Estados Unidos, donde unos oprimidos han de luchar desde una clara desventaja, sin más recompensa que el honor y el orgullo. Pero, una vez te olvidas de este trasfondillo queda una historia divertida, y unos cuantos personajes bastante bizarros, de los que Adam Sandler y el pesado de Chris Rock son los menos interesantes. Pero aún así mola ver a Burt Reynolds (que al principio confundí con Billy Bob Thornton), al agente Mahone haciendo de capitán del equipo de los guardias, y al resto del elenco pasándolas putas en los entrenamientos, y en el épico y tópico partido contra los guardias.

En resumen: la peli es divertida, aunque no es de esas que me hubiera puesto a ver por mí mismo... Aunque me ha picado la curiosidad por ver la primera versión.

jueves, 2 de octubre de 2008

Metaentradas (II)

Bueno, ya lo comentaba en la entrada anterior: tenía ciertas ideas que quería desarrollar, pero al final acabé divagando y hablando de cosas que, aunque estaban muy relacionadas con ese tema, no estaban en mi planteamiento inicial de la entrada. También los comentarios han ido divergiendo rápidamente, sin embargo, me ha encantado ver lo que puede dar de sí este blog. Y esto de los comentarios sí que tiene que ver con lo que había estado pensando inicialmente: la diferencia entre los blogs y los medios de comunicación tradicionales. Hay muchas diferencias, pero, a mi entender, dos son fundamentales: la primera, es la libertad de publicación que tiene un blogger, la segunda, la conversación.
La dos son en cierto modo la cara y la cruz de la blogosfera. La libertad a la hora de generar contenidos hace que necesitemos un baremo a la hora de navegar, para poder distinguir el grano de la paja. Sin embargo, casi todo el mundo tiene una serie de sitios de referencia, y el boca a boca funciona muy bien a la hora de colocar a la gente en su sitio en cuanto al interés de sus contenidos. Sin embargo, me parece más relevante la segunda. Por que, ¿de qué sirve un blog sin comentarios? También aquí hemos de suponer que hablamos de comentarios de calidad, no de trolls. Afortunadamente, vosotros, lectores y comentaristas de este humilde rincón de internet estais haciendo una labor excelente. Resulta más enriquecedor leer los comentarios que las entradas :)

Aquí está la diferencia entre un blog y un medio. Por que, por mucho que se esfuercen los periódicos (y otros medios) por darle la posibilidad al usuario de hacer una realimentación, no deja de ser un botón que no conduce a ninguna parte. ¿Acaso algún redactor de El País lee los comentarios de sus noticias, participa en ellos o los utiliza de guía a la hora de ver qué interesa a sus lectores?

Últimamente estoy leyendo bastantes cosas sobre este tema, y otros estrechamente relacionados, que voy encontrando por ahí. De momento, tengo muchas ideas (no sé si alguna será válida) y demasiado dispersas, así que me voy a limitar a enlazaros a un artículo en el que se habla sobre estas diferencias. Es obra de Enrique Dans, que de vez en cuando publica artículos muy interesantes sobre esto que yo, informalmente, llamo metablogging, reflexionando acerca de este otro artículo. Espero que disfruteis de la lectura, y, al menos, os induzca a hacer alguna reflexión, ya que creo que es un tema bastante interesante (si no, no hablaría sobre esto... ) y, sobre todo, necesario de cara a un futuro cada vez más informatizado, y un futuro que cada vez estará más en la red, y menos en el papel.

martes, 23 de septiembre de 2008

Metaentradas

No sé muy bien sobre qué escribir una entrada, así que voy a volver a hacer lo mismo que he hecho siempre que este pobre blog se ha encontrado en horas bajas: hacer un ejercicio de improvisación, sentarme y ponerme a escribir sobre el hecho de escribir. De ahí el nombre que le he puesto a la entrada.
Cualquiera que haya pasado por este blog más de una vez sabrá que es un espacio vilmente ombliguista, y en ninguna entrada falta algún párrafo dedicado a alguna divagación que no tiene demasiado que ver con el resto, a mayor gloria del autor. Así, en casi cada uno de los artículos que he publicado he escrito algún tipo de reflexión de lo que, para mí, supone escribir una nueva actualización o mantener este blog (y otros espacios), sea en periodo de actividad o de hibernación. Hasta ahora, todo esto ha sido bastante casual, pero últimamente, cada vez pienso más (no demasiado) en los blogs, en cómo pueden cambiar el panorama del acceso a la información y su distribución por la red. Cada día los medios tradicionales son menos de fiar a la hora de buscar algo de información de calidad, bien sea por su partidismo, o simplemente, por que hacen las cosas mal. A la hora de leer un periódico, lo menos que se espera es que quien escriba la noticia esté un poco más enterado que tú, pero cada vez se va perdiendo más contenido, y, muchas veces, sea quien sea el que escribe, peca de estar muy mal informado. Aún no hemos dejado atrás en la que cualquier artículo sobre informática en un periódico generalista no sea más que un conjunto de vaguedades, malinterpretaciones, o, directamente, cosas erróneas. Lo malo es que esto se va trasladando lentamente a todas las secciones del periódico... un ejemplo es la tan mentada crisis financiera que estamos viviendo: ¿qué medio ha hecho alguna explicación más o menos clara de sus causas, su evolución, o sus posibles salidas?
Ante la nula efectividad de los medios tradicionales, hay unos cuantos bloggers que han sabido explicar muy bien todo lo que se esperaba de los profesionales de la información. Hasta uno de ellos, Leopoldo Abadia, ha sido "vampirizado" estos días por los menos desinformados de los informantes. Incluso Monserrat Dominguez, una articulista del diario gratuito ADN, se permite un poco de ver la paja en el ojo ajeno...
...los de la prensa, que se supone debemos contar no sólo lo que pasa, sino el por qué. Cualquier ciudadano debería estar bien informado, y más aún cualquier profesional en el ámbito de su competencia. Por eso me escandaliza descubrir que existen tantos banqueros, asesores y financieros que invirtieron alegremente el dinero de otros en todo tipo de productos cuya composición, dicen ahora, nunca llegaron a comprender bien. Está claro que estamos ante una crisis de confianza brutal, pero cómo fiarse de un sistema tan temerario que ha permitido que toda su estructura quedara infectada con productos milagrosos y tan endebles, que han demostrado no valer ni el papel en el que se escribían.

No voy a entrar en quién es responsable de qué, pero esta mujer podría haber ido más allá con su reflexión, y ver otra crisis de confianza: la del público con los medios tradicionales, por que estos son incapaces ni de comprender, ni de informar sobre lo que está pasando. Lo único que saben es servir carnaza, cuanto menos preparada y más sanguinolenta, mejor. Ya lo han demostrado de sobra, como en el reciente accidente en Barajas. La televisión sólo ofrece basura, y los periódicos siguen su estela.

Estamos en una época en la que algunos viejos dinosaurios han de evolucionar o extinguirse. Pero, por lo que parece, no están dispuestos a adaptarse a su nuevo entorno, y pretenden que nada cambie. Telecinco y sus campañas contra Youtube es uno de estos ejemplos. Veremos que nueva fauna nos deparará el futuro.

Creo que no era esto de lo que quería hablar antes de sentarme a escribir, pero no estoy seguro :) Quizá lo recuerde y ese material me alcance para nuevas entradas... ¡quién sabe!

sábado, 6 de septiembre de 2008

Buenas noches, y buena suerte

En la Continental suelen deleitar a los pasajeros de sus autobuses con lo más granado del videoclub. El patrón de todas sus películas suele ser el mismo, abundan las comedias románticas, bastante descerebradas todas ellas, pero de vez en cuando, no sé por qué, aparece alguna película que, sin ser necesariamente una obra maestra, sí que se eleva muy por encima de las habituales. Así que, con esto en mente, ayer tuve que coger uno de estos autobuses. Y, cómo no, en la primera etapa del viaje cayó "El hombre perfecto", una historia romántica llena de moralina de Hillary Duff. En fin, peli bastante a olvidar. Lo único salvable es la Hillary, jeje.

Good Night, and Good LuckAl menos, en la segunda etapa del viaje ocurrió uno de esos raros milagros que comentaba antes, y nos pusieron "Buenas noches, y buena suerte", de George Clooney, en la que cuenta la historia de un grupo de periodistas luchando contra la caza de brujas de McCarthy, la cruzada de los elementos más conservadores de los EE. UU. contra el mal ubicuo e invisible del comunismo. En la persona de Edward R. Murrow, un presentador de la cadena CBS se centra no sólo la historia, si no toda la reflexión que Clooney quiere hacer a través de esta película, acerca del deber, y el derecho, de un periodista a informar libremente, a luchar por la libertad. Este pequeño grupo de periodistas no dudan en arriesgarse por su libertad, en luchar para que McCarthy no instaure un reinado de terror, no quieren vivir atemorizados. Y es que McCarthy ve enemigos por todas partes, en cada persona que se le opone ve un comunista, un enemigo del pueblo, y es que este incansable luchador contra el comunismo hace uso de los métodos del gran terror estalinista.

Creo que esta es una película que debería ser vista por la gente que puebla los medios en nuestro país, mayoritariamente una panda de catetos, más preocupados por las bragas de las tonadilleras, todo ello en nombre de la libertad de expresión y del derecho a la información. Nunca antes se habían usado tan altos ideales para defender tan bajos instintos.

Aparte de esta necesaria reflexión, la película tiene otros buenos puntos. Entre ellos, la (en mi opinión) soberbia actuación de David Strathairn como Murrow, y, sobre todo, la fotografía tan clásica, en blanco y negro, el contraste entre luces y sombras y el dramatismo que esto provoca, las imágenes tienen una fuerza que en color se pierde.

sábado, 30 de agosto de 2008

Los dos lados del frente

No sé si lo he comentado en alguna otra entrada del blog, pero llevo una temporada bastante rusa, en cuanto a lo cultural. Empecé con el libro sobre Stalin de Martin Amis, "Koba el Temible", un ciclo sobre Tarkovski, del que ya he hablado por aquí, "Crimen y castigo", y, ahora, "Vida y destino", de Vasili Grossman.

En realidad, no sé por qué aún no he comentado nada sobre este libro. O quizá sí que lo sé, y es por que no me veo capaz. Normalmente, cuando leo algún libro, o veo una película que me apetece reseñar, voy tomando alguna que otra "nota mental", para luego, durante un día o dos, darle un par de vueltas, y tratar de volcarlo aquí. Sin embargo, este libro es de tal magnitud que me veo desbordado, por la cantidad de ideas, de situaciones que se tratan. A través de la inmensidad de la Unión Soviética, a través de la batalla de Stalingrado, se habla de lo humano y de lo divino, de lo grande que puede ser el alma humana, o lo pequeña que puede ser enfrentándose al Estado omnipotente. Cada capítulo te deja con una sensación extraña, siguiendo la madeja de la historia a través de miles de kilómetros, desde los campos de exterminio en Europa central, hasta Stalingrado, en una casa asediada por los alemanes, o en el Estado Mayor, la vida en la retaguardia o en el gulag. La extrañeza de asomarse a la vida cotidiana de gente que se ha enfrentado al terror, de manera más o menos directa. Y quizá las referencias más veladas sean las más demoledoras. Y, sobre todo, la extrañeza de asomarse a la mente de esas personas, de ver como pueden conservar su humanidad frente al poder destructivo de los estados policiales, represivos y exterminadores. Ver la esperanza en el ghetto, o la adoración a Stalin en el gulag.
Los Panzers de la muerte
Bueno, no quiero extenderme mucho más hablando sobre este libro. Quizá algún día amplíe un poco más este texto, pero me temo que necesitaré tiempo para digerirlo,y conseguir rescatar alguna de las ideas que se tratan en él.

Así que, mientras sigo con "Vida y destino", he cogido algo de lectura ligera, pero, no sé si a propósito, o sin darme cuenta, no me he alejado demasiado ni temporal ni geográficamente: la segunda guerra mundial, y el frente oriental, en "Los Panzers de la muerte", el segundo volumen de las aventuras (más bien desventuras) de Sven Hassel en su batallón disciplinario. De su primer libro, "La legión de los condenados" ya hablé en su momento, y de este, no he leído aún demasiado, alrededor de cincuenta páginas, pero sin embargo, resulta chocante pasar de un libro a otro, y, sobre todo, de una manera de narrar la guerra a otra. Con Sven Hassel los combates se viven, las bombas estallan a tu alrededor, todo es caos, destrucción, el puro horror de la guerra, mientras que Grossman narra la guerra desde una posición más distante, nunca desde la primera línea de batalla, y, sin embargo, resulta mucho más horripilante la guerra de Grossman. La de Sven Hassel resulta mucho más "amable", dentro de lo que cabe, con su narración costumbrista. Es una extraña paradoja.

martes, 26 de agosto de 2008

Dj Sosainas Vol IV

Dj Sosainas Vol IV - Though Nuts

01 - Buffalo - I'm A Skirt Lifter Not A Shirt Raiser
02 - Black Cat Bones - Chauffeur
03 - Black Oak Arkansas - Swimmin' in Quicksand
04 - Black Widow - Way To Power
05 - Captain beyond - Armworth
06 - Witchcraft - Chylde of fire
07 - Warpig - Flaggit
08 - Mountain - Mississippi Queen
09 - Leaf Hound - Freelance Fiend
10 - Blue Cheer - Summertime Blues
11 - Attila - California Flash
12 - Cream - Sunshine Of Your Love
13 - Dust - Suicide
14 - Pentagram - Forever My Queen
15 - Roky Ericson - Two Headed Dog (Red Temple Prayer)
16 - Jefferson Airplane - White Rabbit

El otro día hice un CD recopilatorio para un viaje en coche, y me he animado a colgarlo, por si a alguien le interesa. Es un disco con algunas canciones que me gustan, dentro de eso que llaman Heavy-Psych y Hard Rock setentero. Y, por supuesto alguna canción que no entra en ninguno de esos géneros. Himnos satanistas, sexo, drogas y rock and roll!
En la versión para el coche había algún otro tema, pero los he quitado para hacer un disco más homogéneo, y, sobre todo, por no pasarme de minutaje. Un disco bastante interesante, con un número razonable de canciones, en un orden más bien tentativo y personal. Cualquier otro que se te pueda ocurrir y te guste será también bueno.
¿Espero que lo disfruteis!


La portada es obra de un servidor, inspirada en una Danza Macabra (totentanz) de Hans Holbein (el joven).

domingo, 24 de agosto de 2008

Recuerdos de London

Como siempre, no voy a empezar esta entrada yendo al grano, ya sabeis que siempre me gusta divagar un poquito antes de centrarme. Esta vez, mi reflexión es sobre entradas largas o cortas. Y es que siempre que me siento a escribir aquí, acaban saliéndome textos quizá demasiado extensos, y me he propuesto poner de vez en cuando algún artículo más breve, más sintético. Así que voy a intentar empezar con este. Veremos como resulta el experimento.

El viajero de la tundraEl otro día pasé por la mayor fuente de artículos de este blog: la biblioteca del barrio, y, ya que estoy enfrascado en la lectura de un grueso volumen, me puse a buscar algún tebeo, y me encontré con esta portada tan sugerente: "El viajero de la tundra", un manga de Jiro Taniguchi. Nada más verlo, me vino un nombre a la cabeza: Dersu Uzala... Y, si bien no llega a la obra de Kurosawa, en algunas de las breves historias que componen este tomo sí que se encuetra el espíritu de las novelas de Jack London, hasta el punto de contener un par de homenajes al escritor que tan bien supo escribir sobre la dura vida de los buscadores de oro de Alaska. En estas dos pequeñas historias sientes el terror de morir en la nieve y la presencia amenazadora de los lobos en la oscuridad. En resumen, en este volumen hay un buen puñado de historias sobre el hombre enfrentándose en solitario a una naturaleza, no hostil, pero sí despiadada. La única pega son un par de relatos más costumbristas, donde se abandonan las rutas salvajes para contar un par de historias del Japón de posguerra, que rompen bastante el nivel del volumen.

Como ya he dicho, no está al nivel de Dersu Uzala, ni de las novelas de Jack London, pero es un bonito entretenimiento, un homenaje hecho con cariño y dedicación, lo que hace que merezca la pena.

sábado, 9 de agosto de 2008

Agosto

Estoy momentáneamente bloqueado. Llevaba unos días pensando en hacer alguna entrada de relleno, ya que, aunque no se me ocurre ningún tema para un artículo largo, tengo un montón de pequeñas ideas que quería comentar. Sin embargo, a la hora de sentarme delante del computador, me he quedado en blanco. Harto de estar ante el monitor intentando desbloquearme, simplemente he comenzado a escribir, a ver si así poco a poco van apareciendo todas esas cosas que quería comentar.

Casi todo son lecturas que he hecho últimamente. Algunas me gustaría comentarlas con más detalle, pero no me veo con ganas. Tengo ideas, pero no me apetece demasiado hilvanarlas y darles una forma mínimamente coherente y que merezca la pena. He estado leyendo un par de libros sobre la difusa frontera entre sociología y política: No pienses en un elefante, de Lakoff (que descubrí en este blog) y Rebelarse vende, de los autores canadienses Joseph Heath y Andrew Potter (wiki). El primero es un libro destinado al proselitista. Además de la crítica a todo el sistema de propaganda política de los conservadores, es un manual de "primeros auxilios" a la hora de hablar de política. Está (evidentemente) muy centrado en los Estados Unidos, y no es tan extrapolable a España, aunque aquí cada vez ganan más poder los medios de comunicación, que más que conservadores, tienden a ser reaccionarios. El segundo libro es una especie de respuesta al No Logo de Naomi Klein. Básicamente es una crítica al movimiento contracultural, por ser completamente improductivo. En parte, este enfoque une este libro con el de Lakoff. En el de Lakoff se habla de como los conservadores han tomado completamente el control de los medios, arrinconando completamente al sector progresista, obligándolo a estar siempre a la defensiva frente a la iniciativa de la derecha. Y, según Potter y Heath, esto es en gran parte culpa de la manera en la que la contracultura se ha ido convirtiendo en la única alternativa "de izquierdas", y, al ser la contracultura una postura completamente nula políticamente, es como haber barrido del mapa a la izquierda. Desde el momento, allá por los años 60, en que era mucho más combativo y revolucionario fumarse unos porros o ir a un concierto que luchar por mejores condiciones laborales, la contracultura ha jugado a favor de los conservadores. Al negar toda acción política que no supusiera un cambio total del sistema, se han condenado a la inacción, pero, sobre todo, se han convertido en una élite intelectual y estética autocomplaciente, y, lo que es peor, demasiado convencidos de ser la punta de lanza de la revolución.

También he leído una pequeña reflexión de Hans Magnus Enzensberger, Principios de Guerra Civil. Este, pese a su brevedad, me pareció muy interesante, y, por supuesto, me cuento desde ya entre los fans de este hombre. Con ese nombre, increíblemente sonoro, ya da idea de que no es un cualquiera. Y, francamente, creo que tiene unas ideas bastante interesantes. Tengo que volver a repasar el libro, por que, si algún día escribo algo sobre él, me gustaría acompañarlo de algunas citas :)

Ya veo que me ha vuelto a pasar: me pongo aquí sin nada en concreto y enseguida tengo escrito demasiado. No quiero aburrir a mis escasos lectores, así que voy a ir concluyendo. Además, he conseguido dejar algunas cosas en el tintero, así que volveré a la carga, espero que con brevedad.

Además de esto, estos días, en el Mundo Libre, tenemos noticias de guerra en Rusia. Casualmente, estoy atravesando una fase bastante rusa en cuanto a lo cultural. Navegando por ahí, he encontrado esta galería de fotos de Osetia o Abjasia.

miércoles, 30 de julio de 2008

Samurai Champloo

No soy muy aficionado al anime. Si alguien me recomienda una serie, trato de conseguir siempre el manga. Prefiero ir leyendo poco a poco que no tener que sentarme media hora delante de la tele... bueno, seamos sinceros, delanta del ordenador, para ver un episodio. Por no hablar de esas series para las que, para ponerte al día, tienes que ver ochenta, o doscientos episodios. Y, además, teniendo en cuenta que en el anime suelen meter grandes dosis de relleno gratuito, y no sólo episiodios absurdos, si no esa maldita manía de alargar las escenas hasta el absurdo. A cualquiera le vienen a la cabeza los partidos de Oliver y Benji que duraban semanas, o las típicas luchas en las que, antes de cada movimiento, teníamos eternas escenas en las que el protagonista filosofaba sobre lo humano y lo divino. Lo siento, pero con eso no puedo...

Así, que, como he explicado más arriba, aunque me la recomienden, me cuesta ponerme a ver una serie. La mayoría las descarto, y Samurai Champloo la tenía en la lista de posibles desde hace mucho, hasta que un día, en casa de un colega ví que se la había descargado, así que empezamos a ver unos cuantos episodios, y, al no ser demasiado larga (26 capítulos) me la he visto casi de un tirón, y la verdad es que me ha gustado mucho.

La serie tiene un hilo argumental bastante vacío, al menos hasta casi el final de la serie: una chica, acompañada de dos ronin, va en busca de un samurai que huele como los girasoles. Sí, eso es todo. Con esa excusa es suficiente para hacer un viaje por el Japón de la época Edo tardía, organizar unos cuantos combates y meter a los protagonistas en mil y un apuros. Como he dicho, esto no es más que un pretexto. Una excusa para poder desarrollar una interesante mezcla de situaciones y formas estéticas. Por un lado, como ya dije, la época Edo japonesa, como trasfondo, y mucho de cultura actual, y muchas influencias del hip-hop. Desde la música de los créditos iniciales, a los gestos y la manera de hablar de los protagonistas (bastante alejadas de lo que podría ser el comportamiento de un samurai de aquella época), o su ropa, pendientes, tatuajes, etc. Creo que la intro es un ejemplo muy bueno de esta mezcla:



En concreto este video me encanta. Es uno de los opening más currados que he visto en muchos animes, y bastante alejado del tópico, representando muy bien lo que se va a ver en la serie, con los dos ronin y la chica sobre los grabados tradicionales y las escenas en cuatricomía. Por lo demás, la animación es muy ágil, las escenas de esgrima son muy fluidas, poco recargadas, aunque en algunos momentos les pierda el exceso de sangre, sin embargo, es la excepción más que la regla.

Lo que en ocasiones chirría es la manera de usar el contraste entre la tradición japonesa y la modernidad occidental que usan de forma tan interesante en la serie como una forma de ataque, a veces velado, y otras más explícito a la "contaminación" de lo japonés por lo occidental. Varias veces a lo largo de la serie, un narrador echa una mirada nostálgica a la época Edo, comparándola con la restauración Meiji y la futura época Meiji. En la época Meiji fue cuando Japón empezó a abrirse al comercio occidental, y a eso achacan los autores gran parte de los males del Japón actual. Nos recalcan varias veces la mucho mayor libertad sexual de la época Edo, e incluso en uno de los episodios sale un occidental que ha huido a Japón después de ser perseguido en su país por homosexual. Es cierto que la época Edo podría compararse en este sentido a nuestra Grecia clásica, y había bastante liberalidad (buscad algo sobre los shunga), pero, por otro lado, la japonesa era una sociedad fuertemente feudal, donde estos supuestos privilegios eran disfrutados por una minoría, la clase guerrera gobernante. Resulta irónico mirar con nostalgia una época donde una casta guerrera sustentaba su vida de placeres sobre la semi esclavitud de la casta de agricultores. Todo eso empezaría a cambiar en la época Meiji y la aparición del comercio, que acabaría creando clases medias entre la nobleza samurai y los campesinos indigentes. Además de esta nostalgia, repiten bastante la influencia de los grabados ukiyo-e sobre Van Gogh a la hora de pintar sus famosos Girasoles. No voy a negar la clara influencia del arte japonés en este pintor y en muchos de sus contemporáneos, pero en la serie a veces da la sensación de que toda la cultura occidental es producto japonés. Si quieren ver influencia japonesa en occidente, no creo que sea muy apropiado buscar entre mil recovecos para llegar a demostrar que el grafitti o el hip-hop sean el resultado de la influencia del Japón del siglo XVIII sobre Europa...

En definitiva, una serie estéticamente muy interesante, y también muy entretenida, si obviamos el par de incongruencias que he comentado en el párrafo anterior, que se desarrolla bastante rápido y donde todos los episodios mantienen un buen nivel, incluso un par de episodios de relleno, que llegan a ser dos de los episodios más interesantes: uno con ¡¡¡zombies!!! donde sale nada más y nada menos un zombie que se llama Savini y una fugaz aparición de El Lobo Solitario (y también su cachorro), y otro episodio centrado en un partido de béisbol completamente surrealista, donde el humor aburdo de la serie llega a su cúspide.

lunes, 14 de julio de 2008

Cronenberg contra J. G. Ballard

A raíz del artículo de Truffaut contra Henry James, pensé en ir ampliando poco a poco la serie, enfrentando al autor de la adaptación con el autor de la obra. Y, cuando cogí Crash en la biblioteca, pensé que era una oportunidad estupenda.J. G. Ballard

He de reconocer que Cronenberg hace una adaptación muy buena. No sabría si decir que lleva la novela de Ballard a su terreno, por que la novela explota muchas de las fijaciones que Cronenberg ha ido mostrando en su cine, sobre todo en el ciclo de la Nueva Carne (las ideas de la transformación del cuerpo a través de la tecnología), y la violencia. Los personajes de Crash están obsesionados con los accidentes de tráfico, y ven las heridas, las cicatrices producidas en los coches como un nuevo paso en la evolución, la primera etapa de la fusión entre el hombre y la máquina más idolatrada por la humanidad: el automóvil. La novela se estructura como una experiencia iniciática de un trasunto del propio Ballard, un directivo gris, con una extraña relación con su mujer... unidos por una sexualidad un punto enfermiza. Y este es uno de los puntos que diferencian la novela y su adaptación. En la película las escenas sexuales son bastante explícitas, sin embargo, Cronenberg no consigue transmitir la misma frialdad que Ballard al narrarlas, usando un lenguaje lo más científico, o médico posible, con personajes alienados, ausentes, mecánicos.

David CronenbergCuando el personaje de Ballard sufre un accidente de coche, acabará conociendo a un personaje bastante inquietante, Vaughan, obsesionado con los accidentes de tráfico, que irá atrapando a Ballard en su paranoia. Y aquí está la segunda diferencia entre las dos versiones: el Vaughan de Ballard es inquietante, extraño, y a la vez extremadamente magnético, capaz de atraer a la gente a su locura, hacerles partícipes de sus ideas y de sus extraños rituales. Y el Ballard de la ficción es completamente cautivado por él, entrando en su círculo de víctimas de accidentes. A partir de aquí, la historia entra en una espiral de sexo enfermizo, con un fetichismo completamente bizarro por las cicatrices y los automóviles, buscando a través de ellos la nueva carne, las nuevas formas humanas, con estos personajes alejándose cada vez más de su anterior "humanidad", intentando con cada uno de estos rituales sexuales llevar un paso más allá su transformación, su comunión con el vehículo, que los llevará a la búsqueda definitiva de esta unión: el accidente mortal, como la cumbre de su fascinación por los automóviles, el sexo y la muerte.

A aquellos que hayan visto la película, les recomiendo encarecidamente el libro, y vicecersa.