jueves, 11 de marzo de 2010

Ballardiana

Ballard creo toda una mitología alrededor de nuestra fascinación por los coches. Supo ver cómo nuestras vidas giran alrededor de un vehículo: las ciudades no están hechas para andar, están hechas para conducir, el coche es uno de los símbolos de status más claros de nuestra sociedad, en nuestras masificadas ciudades nos pasamos más tiempo en los atascos que en casa, en esa especie de no-lugares que son las autopistas urbanas. Esas islas de cemento son no-lugares, sitios por donde pasan a diario miles de personas, pero donde nadie está.No sé si Ballard llegó a conocer Carhenge, pero cuando ví una serie imágenes como esta por primera vez, la asociación mental fue inmediata. Un templo formado por restos de coches, esta extraña estructura está en esa extraña zona entre la genialidad y la locura. Una especie de mash-up cultural entre los cultos mistéricos primitivos y la religión tuning del futuro, esta extraña estructura está en esa extraña zona entre la genialidad y la locura. No en vano, su creador, un tipo llamado Reinders, lo consagró en el solsticio de verano del 87. El siglo XX en su máxima expresión.

5 comentarios:

La navaja en el ojo dijo...

Interesante sitio. Quedan muy bien los coches así pintados.

egan dijo...

Seguramente eran coches con problemas de aparcamiento, je, je, los cuales parecen haber quedado solucionados para siempre.

Cualquiera que acercara la visión desde el espacio vería más y más vehículos, es una de las cosas que nos definen y, como dices tú, muchas veces convivimos con ellos más que con nuestras casas. Parecería lógico pues, el dedicarles cementerios. Antes había quien enterraba al caballo.

Clau dijo...

Me gustaría visitar ese sitio alguna vez. Podríamos pensar en un futuro post-apocalíptico en el que el mundo estuviera repleto de lugares iguales. La asociación con Ballard, creo, viene como anillo al dedo.

Dibiase dijo...

Ballard es uno de los grandes escritores de la doble equis, junto con Lem. Merecían mayor reconocimiento y esas cosas, pero claro, hacían sci-fi y aún hay mucho prejuicioso por el mundo de las (i)letras.

Chufflo dijo...

El verdadero monumento ballardiano, supongo, se llamaría "Crashege", y sería el más grande depósito municipal de coches siniestrados.

Hay un estudio sobre Ballard, "El Tiempo Desolado", cuya portada es un cementerio de Bombarderos B-52 abandonados. Ése también sería un buen "Ballardhege".