jueves, 27 de noviembre de 2008

Core Dump (II)

Al final el primer post de volcado me quedó más monotemático de lo que pensaba, y, para no excederme con la longitud, tuve que dejar algunos temas en el tintero. Pero el tiempo vuela, y algunas de esas cosas de las que me interesaba hablar (o escribir) ya no me suscitan ese interés, y otras nuevas han aparecido, reclamando su pequeña parcela de atención.

Como dije en el anterior Core Dump, he tenido una racha de nostalgia. En principio, volver a esos relatos de Lovecraft era una manera de recuperar los momentos en los que lo leí, más tranquilos, con menos trabajo, en comparación con unos días demasiado ajetreados, por culpa de un deadline inminente. Afortunadamente, la fecha de entrega ya pasó, y la carga de trabajo ya se ha reducido bastente :)

Pero todo esto no era más que uno de los dos factores para esta etapa nostálgica. El otro ha estado relacionado también con el proyecto de máster, mi querido Imp... y es que tenía que convertir a Imp en una especie de herramienta para dirigir juegos de rol en tiempo real... y el entorno de prueba elegido era el Neverwinter Nights. Ya no recuerdo si fue hace cinco o seis años, pero sí recuerdo pasar los ratos muertos de unas vacaciones de navidad echándole horas al juego, hasta conseguir pasármelo. En todo caso, fue antes del segundo cuatrimestre de mi segundo año en la facultad, cuando eso que llamais tiempo libre desaparece de la vida de un informático. Es bastante chulo trabajar con estas cosas, por que a todo el mundo le parece super vistoso, aunque en el fondo sea algo sencillo, y todo el trabajo subterráneo apenas se vea... aunque precisamente esa es la causa de que me pusieran a pelearme con NWN: hay que hacer algo que le guste a la gente nada más verlo :) Lo peor de tener que hacer esto es que estoy todo el día abriendo el Neverwinter, ¡pero no puedo jugar! Quizá estas vacaciones empiece una partida.

Y no es este el único juego nostálgico al que he vuelto: gracias a Dabor tengo por ahí la última (creo) entrega de los Delta Force, el que está basado en "Black Hawk Down", otro juego al que hace ya unos años dediqué unas cuantas horas, limpiando Mogadiscio de guerrilleros. La verdad es que siempre me han gustado los juegos de la saga Delta Force, son unos de los shooters más estratégicos, donde tienes que andar siempre con cuidado, planeando bien tus movimientos, por que a la mínima, un francotirador te ha volado la cabeza. Aunque este es el Delta Force que he jugado en que menos tienes que usar el rifle de francotirador (lo mejor de los otros juegos) ya que está más centrado en el combate urbano... las distancias se acortan mucho, y en ocasiones resulta agobiante saber que estás completamente rodeado de enemigos, pero... no sabes dónde están. Sin embargo, tras unas cuantas horas de juego, la inteligencia artificial (que nunca ha sido el fuerte de la saga) deja mucho que desear, y acabas reconociendo los patrones de los milicianos. Aún así, son suficientemente numerosos como para suponer un reto.

Y, por otro lado, le estoy dando otra oportunidad al Half-Life 2, ese gran simulador de paseos... pero es voy a dejarlo para otro día :)

domingo, 23 de noviembre de 2008

No queda consuelo...

Hay algunas películas de las que me gusta informarme antes de ir a verlas: leer reportajes, o alguna crítica, para saber por donde pueden ir las cosas, o incluso qué esperarme de la película a la hora de verla. Otras, en cambio, intento verlas sin ningún tipo de idea preconcebida. Generalmente, aquellas que más crea que me puedan defraudar. Y luego hay otras a las que no presto ningún interés, hasta que un día, por casualidad, surge la oportunidad de verla. Eso me ha pasado con la última película de James Bond: "Quantum of solace". Y la verdad, hubiera preferido seguir sin prestarle atención a la peli.

No voy a entrar a valorar esta entrega respecto a "Casino Royale", o a los otros intérpretes del agente británico, aunque la anterior película con Daniel Craig le daba un nuevo estilo a Bond, muy diferente del estirado Pierce Brosnan, pero todo lo que prometía mejorar con el estreno del nuevo Bond, se ha perdido en esta... Un absoluto caos visual, en el que las "hescenas de alción" son simplemente una confusa sucesión de flashes, planos de uno o dos segundos desde diez, quince, o veinte puntos de vista distintos, lo que hace que no te enteres de nada, y te marees si tratas de seguirla. Aparte de esto, una historia que avanza a base de idiot plots, en los que la estupidez de los sicarios de los villanos es bastante más determinante que la habilidad de Bond. El cúlmen de todo esto es (SPOILER!!) una persecución aérea en la que un caza, a punto de derribar el avión de carga en el que va Bond... ¡¡se estrella contra unas rocas!! El factor enemigo suicida llevado al máximo exponente.

Por no hablar de la lamentable labor de doblaje. No se salva ninguno, con una mezcolanza de acentos en los que en lugar de parecer franceses, o rusos, simplemente parecen que no saben hablar...

No os gasteis ni un euro en ver esto, por vuestro bien

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Core dump

Quería seguir con la larga racha de entradas (más o menos) temáticas, pero, tarde o temprano, tenía que volver a pasar, y las entradas de recopilación han vuelto :) Llevo unas semanas demasiado atareado, sin tiempo para centrarme, para ponerme a pensar en algunas de las cosas que quería escribir, retomar algún tema dejado a medias, o desarrollar otros de los que están en el tintero, pero no he sido capaz. De hecho, he empezado a escribir para tratar de fijar algún tipo de idea, y a medida que se acerca el momento de dejar de divagar y escribir acerca de algo en concreto, las ideas se vuelven más nebulosas, más intangibles, más lejanas...

Apenas estoy leyendo cosas nuevas... más bien estoy en una temporada de nostalgia, de recuperar cosas leídas. Incluso estoy tratando de añadir a mi propia colección algunos libros que leí prestados de la biblioteca. Pero no se trata de volver a leer las mismas historias, si no que, de una manera hasta cierto punto subconsciente, trataba de recuperar los momentos en los que leí esos libros. Por eso he vuelto a coger el primer volumen de la Narrativa Completa de Lovecraft, un autor que descubrí durante unos días que tuve que pasar en casa, guardando cama por un resfriado. Unos días bastante más relajados que estos, en los que podía pasarme toda una tarde leyendo, pasando páginas, descubriendo los Mitos, a los Antiguos y sus cultos, y esos libros de nombres extraños. Así que estoy releyendo muchos de esos relatos, y también aprovechando para leer todos los que no conocía de antes, sobre todo las historias de Randolph Carter, uno de los ciclos más importantes en la obra del autor de Providence, sobre las aventuras, o más bien desventuras, de un trasunto del propio Howard Phillips: escritor fracasado, cuya única salida a un mundo demasiado sórdido es entrar en el mundo de los sueños. En parte, al leer estos relatos estoy haciendo una reinterpretación de los mismos: Lovecraft los escribe tratando de que su alter ego pueda cumplir sus sueños, y yo los leo tratando de repescar algo de un pasado intangible.
A la vez, leer estos relatos es como descubrir otra faceta de Lovecraft, quizá más humana que la que creó su famosa mitología de monstruos cósmicos. En estos relatos Lovecraft no habla de sus miedos. O quizá sí. Quiźa Randolph Carter sea su catarsis frente a un mercado que no quiere, o no sabe comprender la obra de HPL, pues la obra de Carter es el reflejo de lo que ve en el mundo de los sueños, al que sólo él y otros pocos tienen acceso. Pero el mismo Lovecraft dice de Carter (y por lo tanto, de sí mismo):

Mis constantes referencias a lo "innominable" y a lo "incalificable" eran un recurso pueril, muy en consonancia con mi escasa categoría como escritor. Yo era muy aficionado a terminar mis relatos con suspiros o ruidos que paralizaban las facultades de mis héroes y les dejaban sin valor, sin palabras y sin recuerdos para decir qué habían experimentado.
(Lo innominable, H. P. Lovecraft)


Randolph Carter, como los otros soñadores de la obra lovecraftiana, son perdedores, parias, en este mundo, pero grandes hombres, reyes o dioses en el mundo de los sueños. El vagabundo sin nombre es Kuranes, rey en Celephaïs. No conlleva nada de esfuerzo trazar el paralelismo entre los soñadores y HPL, que, si algo hizo durante su corta vida, fue soñar, para luego tratar de plasmar por escrito lo soñado.
Por otro lado, en estos relatos el eje conductor no es el horror. No se siente el espanto que provocan los dioses primigenios, o el terror ante la inmensidad del espacio, si no que todo está impregnado por un sentido de la maravilla, de la belleza que irradia el mundo de los sueños. Por que el mundo de los sueños es el territorio de la evasión, una especie de ventana al mundo de las ideas, un lugar completamente opuesto al mundo deshumanizado en el que le había tocado vivir a HPL. Quizá por eso este ciclo, a pesar de contar con apenas cinco o seis relatos entre toda la bibliografía lovecraftiana, sea el que desarrolló con más cariño, pues todos ellos están entramados de alguna manera, bien sea mediante personajes, lugares o historias, formando un todo mucho más sólido que el resto de los Mitos.

A pesar de verse identificado con ellos, Lovecraft, al menos, supo resistir la tentanción que sufren sus soñadores, la tentación de abandonar este mundo y pasar al otro lado de la barrera del sueño, y continuó contándonos que había al otro lado. Gracias a que no siguió a Kuranes, podemos disfrutar de su obra.


"Había perdido sus tierras y riquezas; y le tenía sin cuidado la vida de las gentes de su alrededor; porque él prefería soñar y escribir sobre sus sueños. Sus escritos hacían reír a quienes los enseñaba, por lo que algún tiempo después se los guardó para sí, y finalmente dejó de escribir"
(Celephaïs, H. P. Lovecraft)

Al final me he dejado en el tintero gran parte de las cosas que quería contar, pero me temo que este artículo ha crecido más allá de lo que me esperaba, y lo otro habrá de esperar a una próxima entrada. Mientras tanto, os dejo algunos de los relatos del Ciclo de los Sueños: "Celephaïs" (Celephaïs), "Lo innominable" (The unnamable), "El testimonio de Randolph Carter" (The statement of Randolph Carter), "Los gatos de Ulthar" (The cats of Ulthar) y "Los otros dioses" (The other gods). Los otros relatos, como "La búsqueda en sueños de la ignota Kadath" son bastante extensas.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Die nacht der lebenden loser

O, como se ha traducido en español, "La noche de los pringados vivientes" (imdb). Pero el título en alemán suena mucho mejor :)

Como siempre, esta entrada viene un poco tarde. Había estado pensando en escribirla desde el fin de semana pasado, pero he pasado una intensa semana con mi proyecto de máster. Bueno, el caso es que el anterior finde, parece que todo el mundo quiso apuntarse a la fiesta de Halloween, hasta en Radio 3 hicieron un especial de música "terrorífica", y desde luego que lo era... cayeron un par de joyas como el Drácula Yeyé de ¡Andrés Pajares! y el tema de Brácula, la segunda peli que hizo Chiquito. Aunque, poco después me dio por pasarme por Viruete y vi por allí también la canción de Pajares, e incluso este monográfico sobre su etapa musical... así que me hace pensar que quizá la gente de la radio haya usado estas fuentes para inspirarse.

Bueno, a lo que iba: estaba en casa de unos amigos un sábado por la noche, con la tele puesta de fondo, hasta que oímos el título de la peli, y, claro, tuvimos que verla :) y es que si una peli de zombies ya es bastante reclamo para mí, mucho más una peli de zombies completamente chorra. No sólo era una película gilipollesca, si no una parodia de las típicas historias de instituto, con sus jugadores de rugby, los matones, y, por supuesto, ¡los gilís! que son, como dice el Gilís, vudú y polvo de zombietítulo, los protagonistas de la película. Desde el principio la peli deja claro que nada es en serio: uno de los gilís, para tratar de ligarse a la jefa de animadoras, intenta que su vecina/mejor amiga le enseñe a hacer vudú. Así que una noche, él y sus dos amigos (uno, el megaempollón de la clase, y otro, el fumeta) van con el "club del vudú" a hacer un ritual al cementerio, para tratar de resucitar a un muerto, pero claro, los que hacen vudú son tan imbéciles como los protagonistas, nada de la ceremonia sale bien y los tres protagonistas acaban cubiertos de polvo de zombie. El caso es que acaban teniendo un accidente de coche, y despertando en la morgue... como zombies. Y a partir de ahí, los gilís zombie se convierten en los más populares del instituto, machacan a los matones y está a punto de ligarse a la jefa de animadoras... hasta que nuestro querido gilí descubre ¡¡¡que está enamorado de su vecina!!! ¡la del club del vudú! Y, mientras tanto, tienen que conseguir atrapar a su amigo empollón, que se está dedicando a vengarse de todos los que le han hecho putadas a lo largo de su vida, hasta que se descontrola y empieza a comerse a la gente, y también conseguir un remedio para dejar de ser zombies.

La peli es cutre, pero por lo menos está hecha con ganas de reirse de todo, hasta de sí misma, metiéndose con todos los tópicos de estas películas, llena de situaciones absurdas, una peli perfecta para verla en ese momento, una noche de sábado, con unos colegas tomando unas birras.

jueves, 23 de octubre de 2008

Mishima

Hace tiempo que leí un libro de Javier Marías, Vidas escritas, con una serie de biografías noveladas. No voy a entrar a valorar la obra de este hombre (sé que entre mis lectores hay algún detractor) ya que es el único libro suyo que he leído. Sin embargo, tendré que valorar positivamente esta lectura, ya que me animó a leer unos cuantos libros que sí me gustaron bastante. Por ejemplo, El Gatopardo, del que ya he hablado por aquí. Y el último ha sido uno del que sin duda protagoniza el relato más grotesco, más bizarro de todo el libro: Yukio Mishima.

La historia de este hombre es bastante rocambolesca. De joven debió ser el típico empolloncete enclenque, ensombrecido, además, por una abuela aún anclada en el pasado, que fue sin duda una de las causantes del posterior trastorno de su nieto, y quien le inculcó la fascinación por el Japón de la época de los samurai. Sin embargo, al llegar a la treintena se convirtió en un fanático del culturismo, lo que hoy llamaríamos un vigoréxico, escribiendo en contra de los intelectuales que, en su opinión, se centran demasiado en la mente, y poco en el cuerpo. Y, para culminar, a pesar de haberse escaqueado de tener que combatir en la Segunda Guerra Mundial, a finales de los años 60 se alistó en el remedo de ejército del Japón derrotado. A partir de aquí entra en una espiral de alienación patriótica: forma una especie de guardia pretoriana, la Tatenokai, para tratar de devolver a Japón a sus días de gloria.

Yukio MishimaAsí que, un día, harto de la decadencia de Japón, y de un emperador que ha renegado de la tradición, decide dar algún tipo de golpe de estado, y, ni corto ni perezoso, con otros cuatro miembros de Tatenokai tratan de ocupar el cuartel general de las fuerzas armadas japonesas. Allí, Mishima trata de pronunciar un discurso, animando a los soldados allí presentes a dar un golpe de estado y derrocar a los gobernantes que los han llevado a la derrota. Sin embargo, su espectáculo sólo es acogido con sorna, por lo que decide pasar al plan B: el seppuku, o suicidio ritual, junto con su amante, Morita. Bueno, la jugada no les salió del todo bien, y un tercer asistente tuvo que poner fin a la carnicería que habían organizado.

Sin embargo, cuando cogí de la biblioteca "El rumor del oleaje" (Shiosai ), no tenía demasiado presente la historia de este personaje. Y es que no tiene nada que ver con el extraño patrioterismo del autor, si no que esta historia está mucho más influenciada por una visión muy bucólica de la naturaleza, un relato de amor entre dos adolescentes en una remota isla aislada del mundo moderno, anclada en un lugar fuera del tiempo. Quizá lo único que provoque incomodidad en la lectura es la aparente perfección de todo, y, sobre todo, el terrible conformismo que desprende la historia: a pesar de los obstáculos que les imponen a Shinji y Hatsue, ellos confían ciegamente en que las inamovibles ruedas del destino llevarán su historia al final deseado, y no parece existir en ellos ninguna voluntad, ninguna pasión, más allá de la idealización de un amor completamente inocente, puro.
Y por esto la lectura deja un pequeño regusto agridulce, por que la excesiva perfección eclipsa la extraordinaria belleza con la que Mishima retrata la vida en la isla, la pequeña comunidad, y el descubrimiento del amor entre Shinji y Hatsue.

domingo, 12 de octubre de 2008

Un habitual

Creo que tengo un extraño sentido de la oportunidad. Aunque también creo que lo desaprovecho bastante, no sé por qué. Me explico: hace poco, hice una de mis rondas habituales de librerías de segunda mano, y rebuscando entre las estanterías, ví algo que me interesó, una espinita clavada desde hace tiempo: un libro de Juan Manuel de Prada. Y no sé por qué acabé comprándolo (bueno, el que fueran sólo 3 euros sí que era una poderosa razón) sabiendo lo que me iba a encontrar.
Una cosa es ojear de vez en cuando su columna semanal, buscando esa extraña satisfacción de leerlo y sentir un puntito de indignación ante su forma tan rebuscada de decir cualquier cosa, a inflar de vocabulario extraño cada frase, en fin, su forma tan burda de tratar de trascender a través de la pedantería más vacua y absurda.

En definitiva, me compré el libro, y, aprovechando una visita a casa, me leí el artículo de esa semana del susodicho de Prada, en el que, nada más y nada menos, cargaba contra ¡la evolución! Bien es cierto que el hombre es el típico meapilas católico, y de vez en cuando usa su tribuna para lanzar alguna que otra proclama integrista (lo cual hace que sea aún más encantadoramente odioso leerlo) pero es que lo de defender el mito creacionista ya clama al cielo, nunca mejor dicho. No sé si lo habeis leído, pero aquí lo teneis. No tiene desperdicio. Y, como decía al principio, aquí entra mi sentido de la oportunidad: un día me animo a leerme algo de este hombre, y quizá comentarlo por aquí, ya que llevaba una temporada sin aparecer, y a los dos días, se convierte en el fenómeno momentáneo de Internet. De repente, aparecen en decenas de blogs unos cuantos artículos, en los que, evidentemente, nadie es demasiado amable con él... pobrecito... Un par de ellos bastante interesantes son este en Fogonazos, y este otro en Paleofreak. Y es que no se trata sólo de que este hombrecillo haya dicho alguna barbaridad, si no que ha dicho una barbaridad interesada, política. Y así funcionan los ideólogos del más rancio conservadurismo: tratando de equiparar su mitología creacionista con ciencia ya consolidada, pretender que el absurdo juegue en igualdad de condiciones que lo racional, y, si no lo consiguen, torpedear y poner palos en las ruedas de todo lo que caiga fuera de sus ideas. Son gente que juega con ventaja, reclamando todos los derechos y libertades que ellos quieren negar a quien no comulgue con sus estrecheces de miras. Por eso es necesaria esta reacción, la de la racionalidad contra el absurdo. No basta con ignorar estas cosas, hay que contestarlas, luchar con las herramientas de la razón contra los ataques de la ignorancia, contra aquella gente que pretende imponer su verdad revelada, pues la gente que sigue a ciegas estas revelaciones es más sumisa que aquellos que buscan la causa o la razón que hay detrás de las cosas. Por que las cosas no existen simplemente por que un señor de barba blanca así lo quiere, y el verdadero misterio de la vida está en averiguar lo que no conocemos.

La tempestad, de GiorgioneMientras todo esto iba creciendo, y posteriormente sumergiéndose en el mar del olvido internetil, yo seguía con la novela de este señor, viendo cómo una trama que, en buenas manos, podía dar lugar a una historia correcta, o incluso interesante, y que podía dar pie a alguna reflexión se queda en nada. Bueno, embargado por la emoción de escribir sobre Juanma se me había olvidado incluso decir qué libro cogí. Se trataba de "La tempestad", y su trama gira en torno a esta pintura de Giorgione, y el asesinato de un falsificador de cuadros. Cualquier gira que pudiera dar la trama, cualquier diálogo ingenioso, se ve embarrado por palabrería, y más palabrería aún, por un barroquismo absurdo, y por la repetición hasta la náusea de una serie de frases que el escritor debe pensar que son ingeniosas. Y, sobre todo, su constante y patética sexualidad de colegio de curas. Juanma siempre presume de católico, y defiende posturas bastante integristas, pero parece que es bastante guarrete... (como diría John Waters: Agradezco a Dios haber sido criado como católico porque así el sexo siempre será sucio). Un obseso bastante reprimido, que a la menor ocasión intenta meter alguna escena en la que explayarse, y así poder mortificarse un poquito. En fin, un poco enfermizo... En fin, todo eso que hace que la leve indignación que provoca su lectura en pequeñas dosis sea una especie de placer contraproducente, en una novela es directamente insoportable.


Actualización: Navegando por ahí he descubierto que el asunto de de Prada y el creacionismo sigue coleando. Al parecer, el hombrecillo, ha escrito un par de artículos bastante furibundos contra aquellos que cree que atentan contra su modo de vida: los científicos. Y es que el señor de Prada considera mucho más fiable lo que escribiese hace miles de años el sacerdote de alguna tribu que lo que cientos de científicos investigan, prueban y comprueban durante años. Así, en su mente, la ciencia es algo de lo que no te puedes fiar, ya que en ocasiones los científicos se han equivocado, o con los años se han descubierto pruebas que cambian las teorías aceptadas. Frente a esto, es mucho más fiable un libro que jamás se ha equivocado: la Biblia, y que, por supuesto, nunca han aparecido hechos que hayan demostrado que la Biblia tenga una sola línea equivocada. En este artículo se explaya.
Y en este otro, vuelve a la carga. Así, la gente que según él "cree" en la ciencia, son poco menos que idiotas:
A la postre, descubrimos que los crédulos son quienes creen en un Ser Supremo; los incrédulos, en cambio, creen indiscriminadamente en todo bicho viviente (o inanimado)

En cambio, al insigne de Prada se le olvida una cosa. En la ciencia no se cree, la ciencia no se basa en una verdad revelada que hay que creer a ciegas, si no que se basa en los hechos, en la comprobación de teorías. Este hombre pretende convertirse en algún tipo de paladín de la mitología creacionista, como dije antes, poniendo palos en las ruedas de la ciencia, desde la tribuna que los medios le ofrecen. Y, frente a esta sarta de falacias, hay que responder. Hay que poner las mentiras de este hombre en su sitio, señalar sus argumentos falaces. No hay que dejar que los vendedores de verdad revelada se hagan con un espacio que no les corresponde.
Y, de postre, tres nuevas respuestas a la basura que este hombre emite desde su púlpito. La de Magonia, y esta de aquí, y esta otra desde Por la boca muere el pez.

miércoles, 8 de octubre de 2008

The Longest Yard

Hoy toca variar un poco de tema... Las dos últimas entradas han estado muy enfocadas hacia el metablogging, y creo que tengo que darle un descanso al blog, aunque aún queda mucho que rascar sobre esos temas. Tengo unos cuantos enlaces pendientes de lectura y unas cuantas reflexiones que madurar.

Y también quiero cambiar un poco los temas, por que este blog cada vez me parece más serio, y no era la seriedad su propósito inicial. Así que quiero intentar recuperar poco a poco el espíritu que (creo) tenía este blog en sus comienzos. Y, para empezar esta vuelta al origen, toca hablar de otro de los blockbuster habituales de la Continental Auto (ahora en manos de la pérfida Alsa...): el remake de The Longest Yard, que creo que en español lo han llamado El clan de los rompehuesos. En fin, una de esas joyas de la traducción a las que nunca nos acostumbraremos.

Ya es la segunda vez que la veo en el autobús, y, aunque en la primera vez no le hice mucho caso, le he dado otra oportunidad en mi último viaje, y ha resultado una grata sorpresa... no es ninguna joya del séptimo arte, pero bueno, hace que un largo viaje en autobús resulte mucho más ameno, y tiene unas cuantas escenas divertidas ¿qué más se le puede pedir a una peli del bus?

Adam Sandler y Burt ReynoldsEl argumento es muy sencillo: Paul Crewe (Adam Sandler) es un jugador de fútbol americano, que tras amañar un partido y unos encontronazos con la ley, acaba en la cárcel. Una vez allí, el alcaide le ofrece un trato: entrenar un equipo de presidiarios para que se enfrenten en un partido al equipo de los guardias, para que estos puedan vapulearlos y subir su moral al comienzo de la temporada. A partir de aquí tenemos la típica historia carcelaria, de criminales de buen corazón enfrentándose a unos guardias realmente malvados, muy aficionados a los esteroides y las palizas indiscriminadas. En el fondo la peli no es más que una historia de superación personal, de esas que tanto gustan en los Estados Unidos, donde unos oprimidos han de luchar desde una clara desventaja, sin más recompensa que el honor y el orgullo. Pero, una vez te olvidas de este trasfondillo queda una historia divertida, y unos cuantos personajes bastante bizarros, de los que Adam Sandler y el pesado de Chris Rock son los menos interesantes. Pero aún así mola ver a Burt Reynolds (que al principio confundí con Billy Bob Thornton), al agente Mahone haciendo de capitán del equipo de los guardias, y al resto del elenco pasándolas putas en los entrenamientos, y en el épico y tópico partido contra los guardias.

En resumen: la peli es divertida, aunque no es de esas que me hubiera puesto a ver por mí mismo... Aunque me ha picado la curiosidad por ver la primera versión.

jueves, 2 de octubre de 2008

Metaentradas (II)

Bueno, ya lo comentaba en la entrada anterior: tenía ciertas ideas que quería desarrollar, pero al final acabé divagando y hablando de cosas que, aunque estaban muy relacionadas con ese tema, no estaban en mi planteamiento inicial de la entrada. También los comentarios han ido divergiendo rápidamente, sin embargo, me ha encantado ver lo que puede dar de sí este blog. Y esto de los comentarios sí que tiene que ver con lo que había estado pensando inicialmente: la diferencia entre los blogs y los medios de comunicación tradicionales. Hay muchas diferencias, pero, a mi entender, dos son fundamentales: la primera, es la libertad de publicación que tiene un blogger, la segunda, la conversación.
La dos son en cierto modo la cara y la cruz de la blogosfera. La libertad a la hora de generar contenidos hace que necesitemos un baremo a la hora de navegar, para poder distinguir el grano de la paja. Sin embargo, casi todo el mundo tiene una serie de sitios de referencia, y el boca a boca funciona muy bien a la hora de colocar a la gente en su sitio en cuanto al interés de sus contenidos. Sin embargo, me parece más relevante la segunda. Por que, ¿de qué sirve un blog sin comentarios? También aquí hemos de suponer que hablamos de comentarios de calidad, no de trolls. Afortunadamente, vosotros, lectores y comentaristas de este humilde rincón de internet estais haciendo una labor excelente. Resulta más enriquecedor leer los comentarios que las entradas :)

Aquí está la diferencia entre un blog y un medio. Por que, por mucho que se esfuercen los periódicos (y otros medios) por darle la posibilidad al usuario de hacer una realimentación, no deja de ser un botón que no conduce a ninguna parte. ¿Acaso algún redactor de El País lee los comentarios de sus noticias, participa en ellos o los utiliza de guía a la hora de ver qué interesa a sus lectores?

Últimamente estoy leyendo bastantes cosas sobre este tema, y otros estrechamente relacionados, que voy encontrando por ahí. De momento, tengo muchas ideas (no sé si alguna será válida) y demasiado dispersas, así que me voy a limitar a enlazaros a un artículo en el que se habla sobre estas diferencias. Es obra de Enrique Dans, que de vez en cuando publica artículos muy interesantes sobre esto que yo, informalmente, llamo metablogging, reflexionando acerca de este otro artículo. Espero que disfruteis de la lectura, y, al menos, os induzca a hacer alguna reflexión, ya que creo que es un tema bastante interesante (si no, no hablaría sobre esto... ) y, sobre todo, necesario de cara a un futuro cada vez más informatizado, y un futuro que cada vez estará más en la red, y menos en el papel.

martes, 23 de septiembre de 2008

Metaentradas

No sé muy bien sobre qué escribir una entrada, así que voy a volver a hacer lo mismo que he hecho siempre que este pobre blog se ha encontrado en horas bajas: hacer un ejercicio de improvisación, sentarme y ponerme a escribir sobre el hecho de escribir. De ahí el nombre que le he puesto a la entrada.
Cualquiera que haya pasado por este blog más de una vez sabrá que es un espacio vilmente ombliguista, y en ninguna entrada falta algún párrafo dedicado a alguna divagación que no tiene demasiado que ver con el resto, a mayor gloria del autor. Así, en casi cada uno de los artículos que he publicado he escrito algún tipo de reflexión de lo que, para mí, supone escribir una nueva actualización o mantener este blog (y otros espacios), sea en periodo de actividad o de hibernación. Hasta ahora, todo esto ha sido bastante casual, pero últimamente, cada vez pienso más (no demasiado) en los blogs, en cómo pueden cambiar el panorama del acceso a la información y su distribución por la red. Cada día los medios tradicionales son menos de fiar a la hora de buscar algo de información de calidad, bien sea por su partidismo, o simplemente, por que hacen las cosas mal. A la hora de leer un periódico, lo menos que se espera es que quien escriba la noticia esté un poco más enterado que tú, pero cada vez se va perdiendo más contenido, y, muchas veces, sea quien sea el que escribe, peca de estar muy mal informado. Aún no hemos dejado atrás en la que cualquier artículo sobre informática en un periódico generalista no sea más que un conjunto de vaguedades, malinterpretaciones, o, directamente, cosas erróneas. Lo malo es que esto se va trasladando lentamente a todas las secciones del periódico... un ejemplo es la tan mentada crisis financiera que estamos viviendo: ¿qué medio ha hecho alguna explicación más o menos clara de sus causas, su evolución, o sus posibles salidas?
Ante la nula efectividad de los medios tradicionales, hay unos cuantos bloggers que han sabido explicar muy bien todo lo que se esperaba de los profesionales de la información. Hasta uno de ellos, Leopoldo Abadia, ha sido "vampirizado" estos días por los menos desinformados de los informantes. Incluso Monserrat Dominguez, una articulista del diario gratuito ADN, se permite un poco de ver la paja en el ojo ajeno...
...los de la prensa, que se supone debemos contar no sólo lo que pasa, sino el por qué. Cualquier ciudadano debería estar bien informado, y más aún cualquier profesional en el ámbito de su competencia. Por eso me escandaliza descubrir que existen tantos banqueros, asesores y financieros que invirtieron alegremente el dinero de otros en todo tipo de productos cuya composición, dicen ahora, nunca llegaron a comprender bien. Está claro que estamos ante una crisis de confianza brutal, pero cómo fiarse de un sistema tan temerario que ha permitido que toda su estructura quedara infectada con productos milagrosos y tan endebles, que han demostrado no valer ni el papel en el que se escribían.

No voy a entrar en quién es responsable de qué, pero esta mujer podría haber ido más allá con su reflexión, y ver otra crisis de confianza: la del público con los medios tradicionales, por que estos son incapaces ni de comprender, ni de informar sobre lo que está pasando. Lo único que saben es servir carnaza, cuanto menos preparada y más sanguinolenta, mejor. Ya lo han demostrado de sobra, como en el reciente accidente en Barajas. La televisión sólo ofrece basura, y los periódicos siguen su estela.

Estamos en una época en la que algunos viejos dinosaurios han de evolucionar o extinguirse. Pero, por lo que parece, no están dispuestos a adaptarse a su nuevo entorno, y pretenden que nada cambie. Telecinco y sus campañas contra Youtube es uno de estos ejemplos. Veremos que nueva fauna nos deparará el futuro.

Creo que no era esto de lo que quería hablar antes de sentarme a escribir, pero no estoy seguro :) Quizá lo recuerde y ese material me alcance para nuevas entradas... ¡quién sabe!

sábado, 6 de septiembre de 2008

Buenas noches, y buena suerte

En la Continental suelen deleitar a los pasajeros de sus autobuses con lo más granado del videoclub. El patrón de todas sus películas suele ser el mismo, abundan las comedias románticas, bastante descerebradas todas ellas, pero de vez en cuando, no sé por qué, aparece alguna película que, sin ser necesariamente una obra maestra, sí que se eleva muy por encima de las habituales. Así que, con esto en mente, ayer tuve que coger uno de estos autobuses. Y, cómo no, en la primera etapa del viaje cayó "El hombre perfecto", una historia romántica llena de moralina de Hillary Duff. En fin, peli bastante a olvidar. Lo único salvable es la Hillary, jeje.

Good Night, and Good LuckAl menos, en la segunda etapa del viaje ocurrió uno de esos raros milagros que comentaba antes, y nos pusieron "Buenas noches, y buena suerte", de George Clooney, en la que cuenta la historia de un grupo de periodistas luchando contra la caza de brujas de McCarthy, la cruzada de los elementos más conservadores de los EE. UU. contra el mal ubicuo e invisible del comunismo. En la persona de Edward R. Murrow, un presentador de la cadena CBS se centra no sólo la historia, si no toda la reflexión que Clooney quiere hacer a través de esta película, acerca del deber, y el derecho, de un periodista a informar libremente, a luchar por la libertad. Este pequeño grupo de periodistas no dudan en arriesgarse por su libertad, en luchar para que McCarthy no instaure un reinado de terror, no quieren vivir atemorizados. Y es que McCarthy ve enemigos por todas partes, en cada persona que se le opone ve un comunista, un enemigo del pueblo, y es que este incansable luchador contra el comunismo hace uso de los métodos del gran terror estalinista.

Creo que esta es una película que debería ser vista por la gente que puebla los medios en nuestro país, mayoritariamente una panda de catetos, más preocupados por las bragas de las tonadilleras, todo ello en nombre de la libertad de expresión y del derecho a la información. Nunca antes se habían usado tan altos ideales para defender tan bajos instintos.

Aparte de esta necesaria reflexión, la película tiene otros buenos puntos. Entre ellos, la (en mi opinión) soberbia actuación de David Strathairn como Murrow, y, sobre todo, la fotografía tan clásica, en blanco y negro, el contraste entre luces y sombras y el dramatismo que esto provoca, las imágenes tienen una fuerza que en color se pierde.