Mostrando entradas con la etiqueta Juan Manuel de Prada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Manuel de Prada. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de noviembre de 2009

Los malabarismos de Juan Manuel de Prada

Este personajillo ya tiene un historial de apariciones por aquí, ya sea por su verbo florido o por su, por decirlo de alguna manera, arcaica manera de pensar. Es un entusiasta de los temas más cavernarios que se pueden encontrar en el ideario conservador, y ya protagonizó él solito un meme cuando publicó un artículo defendiendo el creacionismo (yo hablé de este tema aquí). Le encanta poder soltar sus discursos desde su columna, sabiendo que, por mucho que mienta, deforme y retuerza argumentos, una vez esté impresa nadie podrá rebatirle. Es un intoxicador, un experto en disfrazar la mentira, una especie de Losantos de pacotilla.

Su última columna trata sobre la película Katyn, sobre la matanza de polacos que cometieron los soviéticos en plena II Guerra Mundial. Para Juan Manuel, esta película es algo muy necesario, es necesario desenterrar estos hechos bárbaros del pasado y que los conozcan las nuevas generaciones. Es necesario, es un acto de justicia para todos aquellos que fueron fusilados y enterrados en el bosque de Katyn, es una manera de devolverles, a ellos y a sus descendientes, parte de la dignidad que les fue arrebatada y una manera de restituir la humillación constante sufrida en los largos años de la dictadura comunista.

Sin embargo, Juan Manuel de Prada se opone a la ley de Memoria Histórica. Lo que es bueno en Polonia para las víctimas del comunismo no es bueno en España para las víctimas de Franco.

Me gustaría saber dónde desarrollan todos estos ideólogos conservadores tan grande capacidad para la hipocresía, para la doble moral y para la mentira continuada. Y me gustaría saber cómo consiguen sus seguidores digerir tanta y tanta bajeza y quedar satisfechos y con ganas de más.

Por si alguien quiere refrescarse la memoria, aquí están todas mis entradas sobre Juan Manuel de Prada.

domingo, 12 de octubre de 2008

Un habitual

Creo que tengo un extraño sentido de la oportunidad. Aunque también creo que lo desaprovecho bastante, no sé por qué. Me explico: hace poco, hice una de mis rondas habituales de librerías de segunda mano, y rebuscando entre las estanterías, ví algo que me interesó, una espinita clavada desde hace tiempo: un libro de Juan Manuel de Prada. Y no sé por qué acabé comprándolo (bueno, el que fueran sólo 3 euros sí que era una poderosa razón) sabiendo lo que me iba a encontrar.
Una cosa es ojear de vez en cuando su columna semanal, buscando esa extraña satisfacción de leerlo y sentir un puntito de indignación ante su forma tan rebuscada de decir cualquier cosa, a inflar de vocabulario extraño cada frase, en fin, su forma tan burda de tratar de trascender a través de la pedantería más vacua y absurda.

En definitiva, me compré el libro, y, aprovechando una visita a casa, me leí el artículo de esa semana del susodicho de Prada, en el que, nada más y nada menos, cargaba contra ¡la evolución! Bien es cierto que el hombre es el típico meapilas católico, y de vez en cuando usa su tribuna para lanzar alguna que otra proclama integrista (lo cual hace que sea aún más encantadoramente odioso leerlo) pero es que lo de defender el mito creacionista ya clama al cielo, nunca mejor dicho. No sé si lo habeis leído, pero aquí lo teneis. No tiene desperdicio. Y, como decía al principio, aquí entra mi sentido de la oportunidad: un día me animo a leerme algo de este hombre, y quizá comentarlo por aquí, ya que llevaba una temporada sin aparecer, y a los dos días, se convierte en el fenómeno momentáneo de Internet. De repente, aparecen en decenas de blogs unos cuantos artículos, en los que, evidentemente, nadie es demasiado amable con él... pobrecito... Un par de ellos bastante interesantes son este en Fogonazos, y este otro en Paleofreak. Y es que no se trata sólo de que este hombrecillo haya dicho alguna barbaridad, si no que ha dicho una barbaridad interesada, política. Y así funcionan los ideólogos del más rancio conservadurismo: tratando de equiparar su mitología creacionista con ciencia ya consolidada, pretender que el absurdo juegue en igualdad de condiciones que lo racional, y, si no lo consiguen, torpedear y poner palos en las ruedas de todo lo que caiga fuera de sus ideas. Son gente que juega con ventaja, reclamando todos los derechos y libertades que ellos quieren negar a quien no comulgue con sus estrecheces de miras. Por eso es necesaria esta reacción, la de la racionalidad contra el absurdo. No basta con ignorar estas cosas, hay que contestarlas, luchar con las herramientas de la razón contra los ataques de la ignorancia, contra aquella gente que pretende imponer su verdad revelada, pues la gente que sigue a ciegas estas revelaciones es más sumisa que aquellos que buscan la causa o la razón que hay detrás de las cosas. Por que las cosas no existen simplemente por que un señor de barba blanca así lo quiere, y el verdadero misterio de la vida está en averiguar lo que no conocemos.

La tempestad, de GiorgioneMientras todo esto iba creciendo, y posteriormente sumergiéndose en el mar del olvido internetil, yo seguía con la novela de este señor, viendo cómo una trama que, en buenas manos, podía dar lugar a una historia correcta, o incluso interesante, y que podía dar pie a alguna reflexión se queda en nada. Bueno, embargado por la emoción de escribir sobre Juanma se me había olvidado incluso decir qué libro cogí. Se trataba de "La tempestad", y su trama gira en torno a esta pintura de Giorgione, y el asesinato de un falsificador de cuadros. Cualquier gira que pudiera dar la trama, cualquier diálogo ingenioso, se ve embarrado por palabrería, y más palabrería aún, por un barroquismo absurdo, y por la repetición hasta la náusea de una serie de frases que el escritor debe pensar que son ingeniosas. Y, sobre todo, su constante y patética sexualidad de colegio de curas. Juanma siempre presume de católico, y defiende posturas bastante integristas, pero parece que es bastante guarrete... (como diría John Waters: Agradezco a Dios haber sido criado como católico porque así el sexo siempre será sucio). Un obseso bastante reprimido, que a la menor ocasión intenta meter alguna escena en la que explayarse, y así poder mortificarse un poquito. En fin, un poco enfermizo... En fin, todo eso que hace que la leve indignación que provoca su lectura en pequeñas dosis sea una especie de placer contraproducente, en una novela es directamente insoportable.


Actualización: Navegando por ahí he descubierto que el asunto de de Prada y el creacionismo sigue coleando. Al parecer, el hombrecillo, ha escrito un par de artículos bastante furibundos contra aquellos que cree que atentan contra su modo de vida: los científicos. Y es que el señor de Prada considera mucho más fiable lo que escribiese hace miles de años el sacerdote de alguna tribu que lo que cientos de científicos investigan, prueban y comprueban durante años. Así, en su mente, la ciencia es algo de lo que no te puedes fiar, ya que en ocasiones los científicos se han equivocado, o con los años se han descubierto pruebas que cambian las teorías aceptadas. Frente a esto, es mucho más fiable un libro que jamás se ha equivocado: la Biblia, y que, por supuesto, nunca han aparecido hechos que hayan demostrado que la Biblia tenga una sola línea equivocada. En este artículo se explaya.
Y en este otro, vuelve a la carga. Así, la gente que según él "cree" en la ciencia, son poco menos que idiotas:
A la postre, descubrimos que los crédulos son quienes creen en un Ser Supremo; los incrédulos, en cambio, creen indiscriminadamente en todo bicho viviente (o inanimado)

En cambio, al insigne de Prada se le olvida una cosa. En la ciencia no se cree, la ciencia no se basa en una verdad revelada que hay que creer a ciegas, si no que se basa en los hechos, en la comprobación de teorías. Este hombre pretende convertirse en algún tipo de paladín de la mitología creacionista, como dije antes, poniendo palos en las ruedas de la ciencia, desde la tribuna que los medios le ofrecen. Y, frente a esta sarta de falacias, hay que responder. Hay que poner las mentiras de este hombre en su sitio, señalar sus argumentos falaces. No hay que dejar que los vendedores de verdad revelada se hagan con un espacio que no les corresponde.
Y, de postre, tres nuevas respuestas a la basura que este hombre emite desde su púlpito. La de Magonia, y esta de aquí, y esta otra desde Por la boca muere el pez.

viernes, 28 de marzo de 2008

falsificación

Los falsificadores son gente verdaderamente curiosa. Algunos tratan de falsificar dinero, sellos, joyas, cualquier cosa que permita ganar dinero de una manera fácil y rápida. Otros, falsifican arte, sea por ánimo de lucro o por el reto de tratar de ponerse a la altura de un maestro. Otros, más interesantes, pero más difíciles de detectar, se falsifican a si mismos. Y sobre estos últimos escribía su columna semanal el sr. Juan Manuel de Prada (viejo amigo del blog) Su columna quizá pecaba un poco de añorancista, de mirar al supuesto pasado dorado de impostores de los primeros años del siglo XX, época convulsa que ciertamente favoreció a esta gente en su afán de borrar sus vidas para poder recrearlas de nuevo a su antojo.

En lo que creo que no ha pensado el sr. de Prada es en las inmensas posibilidades del mundo de las telecomunicaciones para este mismo propósito, y él mismo fue engañado. Y es que este hombre, aunque me suele gustar leer sus artículos (exquisitamente pedantes...), se ha apuntado al carro de la cruzada continua en la que están metidos los medios de comunicación de derechas españoles. Y en su blog, uno de estos cruzados lanzó una diatriba contra alguno de los ministros. Ante esta oportunidad de presentar batalla, el resto de sus correligionarios no tardaron en hacerse eco de la noticia, a pesar de que fue desmentida poco después. Y es que, estamos en la época de la devaluación de la información. Cualquier dato no vale nada, pues en pocos segundos se pierde en la oleada de nuevas noticias.

Sin embargo, esta vez, la información basura sí que ha servido para algo: para dejar en evidencia a los que prefieren la crítica destructiva al precio que sea. Unos cuantos se han quedado con el culo al aire, verdad?

Y aprovechando esta pequeña diatriba, me gustaría seguir con el tema. O quizá haya aprovechado el tema para poder hacer un poco de proselitismo, no estoy muy seguro.

Siguiendo con la II Guerra Mundial, como comenté en la anterior entrada, fui a ver Los Falsificadores, una película sobre la operación Krüger (también Operación Bernhard) : el plan de falsificación de moneda a gran escala con la que los nazis pretendían colapsar las economías de los aliados, en particular la inglesa, falsificando billetes de libra por valor de más de 100 millones. Y, como entre los cuadros nazis no había nadie capaz de lograr una falsificación aceptable, entran en esta operación algunos de los judíos de los campos de exterminio nazis. Los mejores especialistas en impresión, grabado, etc son llevados a un barracón dentro del campo de Sachsenhausen, aislados de la pesadilla que hay a su alrededor.
Y es precisamente este barracón el eje central de la película: la situación de estos hombres sacados del infierno, que de pronto pasan a ser trabajadores altamente esenciales, recibir comida, ropa... Resultan dramáticas las reacciones de algunos de ellos al ver colchones en su barracón. Han vivido en uno de los peores infiernos jamás existentes, y, de pronto, han pasado a estar en una situación que, comparativamente, resulta privilegiada. Pero el horror está detrás de una endeble valla de madera, noche y día pueden oír como mueren cientos de personas. Entran en juego dos sentimientos: el instinto de supervivencia, y el deseo de justicia. Ayudar a los nazis para sobrevivir, o arriesgar la vida para sabotear la operación. El realismo y el idealismo se enfrentan: el director del equipo de falsificadores Salomon Smolianoff, en la película Salomon Sorowitsch es un personaje complejo, pues sobre él ha de girar este dilema, además de su verdadero reto como falsificador: el hasta entonces imbatible dolar. Y, a pesar de la pesadilla que lo rodea, a pesar del fin que tendrán esos billetes, necesita conseguirlo. Por el otro lado, Burger, retratado en la película como activista político, decidido a sabotear la operación para no colaborar con los nazis. Además de estas dos figuras principales, existe todo el reparto clásico de los dramas carcelarios: el guardián amable, el brutal, el preso que trata de agradar a sus captores... Pero todo ello distorsionado por la pesadilla del Holocausto, la enfermiza relación entre guardias y judíos, la extraña dualidad entre monstruos y hombres de los nazis, capaces de asesinar a sangre fría a uno de los falsificadores y al instante siguiente charlar amigablemente con los demás, son cosas que nunca dejarán de provocarme un escalofrío

domingo, 24 de septiembre de 2006

Juan Manuel de Prada

Si hay algo que me gusta de los domingos que paso en mi casa es un pequeño ritual...Juan Manuel de Prada normalmente me levanto bastante tarde, y me encanta bajar a desayunar a la cocina, y mientras tomo mi nesquick leer el artículo de Juan Manuel de Prada en El Semanal, amanecer deleitándome con su prosa florida, su pluma ágil, su exquisito vocabulario, me gustaría poder expresar mi admiración hacia él pudiendo hacer un homenaje a su estilo, me siento demasiado incapaz de elevarme sobre mi condición de simple mortal, elevarme hasta las alturas, hacia la cúspide de la pirámide intelectual en la que se encuetra la mente preclara de Jaun Manuel de Prada, soy incapaz de escribir como él, he de remitirme a sus propias palabras para describir su lenguaje "limpio de fárragos y erudiciones postizas".

Realmente me está costando mucho escribir este artículo sobre Juan Manuel de Prada (me encanta escribir su nombre al completo) intentar plasmar en palabras la compleja admiración y aborrecimiento que siento hacia este hombre, esta especie de amor-odio que me hace devorar cada uno de sus artículos, solo por el placer de indignarme con sus retruécanos lingüísticos, de admirar como en el fondo él también es un freak, admirador de Uwe Boll, pero también odio leer sus diatribas retrógradas, como cuando defiende la posibilidad del "diseño inteligente" y considera movimientos como el pastafarismo un insulto, cuando suelta sus panfletos siguiendo el dictado puntual de la conferencia episcopal, en fin, lo mío con los artículos de Juan Manuel de Prada es un sinvivir.

Y ahora mismo estoy encantado, por que he descubierto que en los archivos de El Semanal puedo leer todos los articulos de Juan Manuel de Prada desde 2001!!!

Este es su último artículo, de la semana pasada, en el que habla del gran Uwe Boll :)