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jueves, 3 de septiembre de 2009

En el principio... fue la línea de comando (II)

Decíamos ayer que para Neal Stephenson, las metáforas aplicadas a la informática son un arma de doble filo. Por un lado, son muy útiles para abstraer la enorme complejidad de un programa como un sistema operativo, y nos dan una serie de herramientas intuituvas para interactuar con nuestras máquinas, que en principio, son dos cosas muy deseables: a nadie le gustaría tener que leer un manual de 500 páginas para poder navegar por Internet, y normalmente, necesitamos tener algún tipo de sistema de referencia para poder comprender cómo funciona un computador. Por eso se ha aceptado como un convenio de facto el paralelismo entre el software y las herramientas de trabajo presentes en una oficina. Sin embargo, estas metáforas, creadas para ayudar a comprender el funcionamiento de un computador, han terminado por hacerlo totalmente incomprensible. De toda la gente que cada día hace uso de un ordenador, muy pocos realmente llegan a entender qué es lo que está pasando por debajo de todas esas metáforas, qué está ocurriendo mientras teclean y lentamente las letras van apareciendo sobre un folio en blanco dibujado en la pantalla.

Estas metáforas han alejado a la gente de una herramienta de trabajo muy potente, convirtiendo un milagro tecnológico en algo equivalente a un paquete de Din A4 o un cassete de música de capacidad infinita. El conocimiento de la informática se ha convertido en una especie de conocimiento revelado a unos pocos, y en un mundo que cada vez depende más y más de sistemas informáticos de complejidad creciente, la gente cada vez siente menos curiosidad por ellos. Se está dejando el control absoluto de nuestra sociedad en las manos de esos iluminados, y la gente está contenta por librarse de una preocupación.

Alcanzado este punto, Stephenson quiere utilizar las herramientas que los gigantes de la informática (Microsoft, Apple...) han utilizado para alejar a la gente de los ordenadores en su contra, quiere convertir a los Eloi en Morlocks. Y también, alcanzado este punto, es momento de parar. El siguiente paso, en una próxima entrada.


P.D.: Por otro lado, es interesante la reflexión que hace acerca de la imagen que quiere transmitir realmente cada empresa: desde el aspecto de aburrido oficinista que ofrece Microsoft, hasta la hipocresía que rodea a Apple (y gran parte de sus más acérrimos fans), vendiendo libertad y rebeldía contra el sistema en el plano publicitario, mientras impiden que puedas instalar en sus ordenadores otra cosa que no sea su hardware y su software. Bajo su aspecto de intelectuales hippies buenrrollistas se esconde una señorita Rottenmeier con una obsesión por el control.

sábado, 27 de junio de 2009

En el principio... fue la línea de comando

Hay mucha gente que considera los ordenadores (o la combinación de hardware y software) como simples herramientas, o, en el peor de los casos, un trasto que no da más que disgustos. Un ordenador ha acabado siendo una caja negra, un aparato con el que la gente interactúa constantemente sin la más mínima idea de qué está haciendo o cómo funciona. Lo que pasa entre un click y el refresco de la pantalla es un total misterio, pero a la gente parece que no le importa, lo aceptan como algo natural.

Pero ahora, alejémonos de los ordenadores, para hablar de un libro: En el principio... fue la línea de comando, de Neal Stephenson. Este libro no habla de tecnología, o al menos, no es un libro técnico. No hay código, no se explican algoritmos, ni el estándar POSIX. Cualquier persona que haya usado un ordenador podría leer este libro. De hecho, cualquier persona que use un ordenador debería leer este libro, ya que es un libro sobre personas y sociedades, no sobre máquinas y programas. Stephenson habla de las formas de interactuar con los ordenadores, las ubicuas interfaces gráficas de usuario (GUI), construídas como metáforas visuales de lo que hay por debajo, metáforas que normalmente no somos capaces de ver, tan acostumbrados estamos a ellas: el escritorio, las carpetas llenas de documentos, en fin, un montón de paralelismos de las actividades que realizamos a diario para enmascarar complejos y fríos algoritmos.

Para criticar estas métaforas, que han convertido los ordenadores en aparatos poco manejables, Stephenson crea una serie de contrametáforas: quizá la más famosa sea la de los sistemas operativos como coches:

Imagínense un cruce de carreteras donde hay cuatro puntos de venta de coches. Uno de ellos (Microsoft) es mucho, mucho mayor que los demás. Comenzó hace años vendiendo bicicletas de tres velocidades (MS-DOS); no eran perfectas, pero funcionaban y, cuando se rompían, se arreglaban fácilmente. Enfrente estaba la tienda de bicicletas rival (Apple), que un día empezó a vender vehículos motorizados: coches caros, pero de estilo atractivo, con los mecanismos herméticamente sellados, de tal modo que su funcionamiento era algo misterioso. [...] Al final la tienda grande acabó por sacar un coche en toda regla: un monovolumen colosal (Windows 95). Tenía el encanto estético de un bloque soviético de viviendas para obreros, perdía aceite y le estallaban las bujías, pero fue un éxito tremendo. Poco tiempo después, sacaron también un enorme vehículo para la circulación fuera de carretera destinado a usuarios industriales (Windows NT), que no era más bonito que el monovolumen, y sólo algo más fiable.

Al otro lado de la carretera hay dos competidores que llegaron más recientemente. Uno de ellos, (Be, Inc.) vende batmóviles plenamente operativos (los BeOS). Son más bonitos y elegantes incluso que los eurosedanes, mejor diseñados, más avanzados tecnológicamente y al menos tan fiables como cualquier otra cosa en el mercado: y sin embargo son más baratos que los demás.

Con una excepción, claro: Linux, que está enfrente mismo, y que no es un negocio en absoluto. Es un conjunto de tiendas de campaña, yurtas, tipis y cúpulas geodésicas levantadas en un prado y organizadas por consenso. La gente que vive allí fabrica tanques. No son como los anticuados tanques soviéticos de hierro forjado; son más parecidos a los tanques M1 del ejército estadounidense, hechos de materiales de la era espacial y llenos de sofisticada tecnología de arriba abajo. Pero son mejores que los tanques del ejército. Han sido modificados de tal modo que nunca, nunca se averían, son lo bastante ligeros y maniobrables como para usarlos en la calle y no consumen más combustible que un coche compacto. Estos tanques se producen ahí mismo a un ritmo aterrador, y hay un número enorme de ellos alineados junto a la carretera con las llaves puestas. Cualquiera que quiera puede simplemente montarse en uno y marcharse con él gratis.

Esta es la primera de una serie de metáforas que permiten hablar de sistemas operativos, software, hardware, hackers, etc, de tal forma que cualquiera pueda leer el libro. Neal Stephenson critica a Apple y Microsoft con sus mismas armas: las metáforas para esconder la increíble complejidad de lo que está ocurriendo detrás de la pantalla que ves ahora mismo. Plantear la metáfora de los coches ya ha ocupado buena parte de la entrada, y no quiero cansar a ningún lector, así que dejaremos toda la chicha del libro para el futuro :)

P.D.: este libro está escrito con el espíritu del software libre en mente, y la traducción al español está libremente disponible en esta página.

miércoles, 29 de abril de 2009

Opera

Últimamente había estado dándole vueltas a un posible artículo acerca del software libre. Y eso que en ente vlog, la informática nunca ha tenido demasiada presencia, salvo, por supuesto, los videojuegos, pero siempre vistos desde el lado del viciado, y nunca del informático. Ahora que recuerdo, la máxima aproximación a la informática fue el artículo sobre Unix para aprendices de mago, creo que el título ya da una idea acerca del equilibrio entre informática y bizarría del texto.

OperaPero yo iba por otro lado, y es que, de vez en cuando, por curiosidad, voy probando nuevas alternativas a los programas que uso habitualmente. De la que voy a hablar hoy no es software libre, pero, al fin y al cabo, lo más importante de un programa no es su licencia, si no su funcionamiento. Se trata de Opera, uno de los mejores navegadores que he probado, injustamente marginal. Hace relativamente poco, ha conseguido rebasar la barrera del 2% de los usuarios, según Browser Statistics, muy por detrás de Firefox, o Internet Explorer, pero incluso Chrome, en su lanzamiento, ya tenía una cuota de usuarios bastante más amplia.

Hasta hace poco, solía recomendar Firefox, pero ahora, recomiendo Opera. Y hoy, aprovechando su decimoquinto cumpleaños, aprovecho para poner aquí esa recomendación. Es un navegador seguro, rápido e innovador. Firefox sigue siendo mi navegador de referencia, al menos usando Windows XP, pero en Ubuntu he acabado usándolo cada vez más, por que el rendimiento del zorro deja bastante que desear.

Aquí queda esta pequeña recomendación. Y este enlace por si os apetece descargarlo y probarlo. Quizá en próximas entregas cuente mis vicisitudes con los reproductores de música de licencias libres.

sábado, 7 de febrero de 2009

Cumpleaños del Doom (I)

DoomEste post llega tarde. De hecho, bastante tarde. A lo largo de diciembre y de las navidades fui apuntando algunas cosillas de las que quería hablar. Lo malo es que dediqué los días de vacaciones totalmente al ocio, y en unos pocos días todas esas notas tomadas se fueron apilando, y las antiguas iban perdiendo interés frente a las primeras. Supongo que esto es un fenómeno que nos pasa a todos. El caso es que, un día, echando un vistazo a ese sumidero de tiempo, el Google Reader, la piedra filosofal del procrastinador (es capaz de transformar todo el tiempo en tiempo perdido...) llegué a un pequeño post de homenaje: el Doom había cumplido ya quince años. El diez de diciembre se cumplió el decimoquinto aniversario de su lanzamiento. Y el diez de octubre de este año será el cumpleaños de su secuela, Doom II.

Y es que no parece demasiado tiempo, pero, echando la vista atrás, la informática ha cambiado mucho, y muchísimo más aún la industria del videojuego. Hoy en día, hay más anuncios de videojuegos o consolas que de estrenos de cine en la tele. Hasta tu abuela puede estar enganchada a alguno de los juegos de la DS, o jugando a la Wii. Los videojuegos se han convertido gradualmente, en una alternativa de ocio más, perdiendo poco a poco ese estigma de actividad asocial, o incluso antisocial. Todos podemos recordar la excelente labor informativa de cadenas como Antena 3. Cada cierto tiempo nos bombardeaban con los "asesinos del rol", o que los videojuegos habían provocado la masacre en algún instituto perdido en la profundidad de los EE.UU*.

En aquel entonces, el Doom fue un videojuego revolucionario. No sólo fue un gran paso adelante en cuanto a tecnología, un aspecto que me gustaría comentar en más detalle, pero tampoco quería hacer un post excesivamente técnico y espantar a mis pocos lectores, si no también a un nivel estético, y como experiencia de juego. Por aquel entonces los juegos en 3D eran algo anecdótico, hacía apenas un año, o año y medio desde el lanzamiento de Alone in the Dark, el primer juego en hacer uso de un 3D verdadero y el modelado con polígonos.

Sin embargo, Doom no era un juego en 3D. Sólo parecía que podías moverte en un entorno tridimensional, como en su predecesor, el Wolfestein. Sin embargo, era algo distinto, algo nuevo: el ambiente tétrico, oscuro, propio de una pesadilla. En algún punto de Marte, un portal de teletransporte había empezado a funcionar terriblemente mal, y había abierto un portal al infierno. Y tú, el jugador, te veías, de repente, abandonado a tu suerte, y rodeado de una horda de demonios. El género de los shooter aún estaba verdaderamente en pañales, y Doom fue, por así decirlo, la piedra angular del género. Hasta tal punto de que muchos videojuegos, que hoy llamamos shooters, en su época fueron conocidos como Doom clones. Podría decirse que se inauguró una época dorada del género: Hexen, Heretic, Rise of the Triad... Un montón de títulos que crearon mi afición a los videojuegos.

Más, en próximas entregas...

(*) La moralidad alrededor de los videojuegos, y de los juegos de rol es un asunto de terrible hipocresía. No sólo los habituales dispensadores de moralina, dispuestos a destruir todo aquello que no les guste, o que no comprendan, si no incluso dentro de la industria. En este caso, los grandes moralistas han sido Nintendo, con su imagen de compañía familiar, y buenrrollista, la versión binaria de Disney. Y en aquella época del nacimiento de los shooters, tuvo su ración de hipocresía: la versión de SuperNes de Wolfestein 3D fue censurada: desapareció toda la simbología nazi del juego original, la sangre fue sustituída por ¡¡sudor!! y los perros nazis, sustituídos por ratas. Incluso el monstruo final, Hitler, fue sustituído por un simple "Staatmeister", y le quitaron el bigote. En definitiva: se puede disparar a gente, pero no a perros, y tampoco se puede ver sangre... Ridículo.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Unix para aprendices de mago

El otro día, leyendo un foro, me encontré una auténtica joya: un PDF con un manual de Unix para novatos... pero no para cualquier tipo de novato. Se llamaba: "Unix for the Beginning Mage" (descarga aquí, PDF de 571k).

Unix MagesEn el tutorial, te enseñarán a manejarte para poder habitar en una de las diversas Torres de Nix, y los principios básicos para aprender a lanzar conjuros. Tomándoselo con humor, y con mucho ingenio, el autor, Joe Topjian, va haciendo una introducción muy rápida al uso de la consola, las estructuras de directorios, el uso de los comandos y el resto de la filosofía de Unix. Te enseña a teletransportarte con cd, a iluminar habitaciones sombrías con ls, a crear unas nuevas con mkdir. También te enseña el potente rm, y cómo debes pensar mucho antes de usarlo, pues en Unix no se puede traer a los muertos de vuelta del cementerio (We say rm is dangerous since you cannot raise dead files from the grave in Unix!).

Si alguno de vosotros nunca se ha animado a probar algo distinto a Windows, esta es una buena oportunidad para probar. Y si otros ya habeis usado algún hijo bastardo de Unix, seguro que os gusta el manual, y además se lee en apenas media hora ;) Y además, en el blog Unix Mages hay otros tutoriales, algo más avanzados.