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sábado, 19 de abril de 2008

La Zona

Aprovechando un ciclo sobre Tarkovski en la Facultad de Filosofía, el otro día pude ver Stalker, una película (libremente) basada en el relato Picnic junto al camino, de Arkady y Boris Strugatsky.

Stalker: Alexander Kaidanovsky y Andrei TarkovskyTratar de analizar esta película es algo que escapa de mis capacidades. No tengo el suficiente bagaje cinematográfico como para llegar a diseccionar la obra del maestro ruso. Así, creo que no entraré en aspectos técnicos. Dejemos esto en una simple reflexión.

El Stalker es un personaje extraño, una especie de místico, viviendo en un infierno miserable, sucio, opresivo. ¿Acaso no se siente oprimido Tarkovski? Oprimido por el enorme peso del estado, el peso de la Unión Soviética contra uno de sus mayores creadores. Oprimido por la desgracia que rodea el proyecto, por una película que tiene que rodar dos veces después de que los rollos de la primera película se estropearan.

Tarkovski es un cineasta incómodo para el régimen. Sus películas gustan al público del Imperio, pero no demasiado a sus autoridades. Y quizá sea Stalker una de las que menos les gustase, una película protagonizada por un hombre rodeado de un aura de santidad, un místico, un guía en el camino del espíritu en un régimen ateo y material.

Las localizaciones de la película son sobrecogedoras, desde el infierno industrial en que vive el Stalker, a la desolación absoluta de La Zona. Enormes complejos industriales, una ciudad cubierta de humo, residuos tóxicos, el agua y el aire son venenosas, y esto acabaría afectando a parte del equipo: el mismo Tarkovski sufriría poco después un cáncer que acabaría con él.

Con todo esto, se nos muestra el mundo real: sucio, degradado, miserable. Pero el Stalker puede guiarnos fuera de él, llevarnos hasta La Zona. En la película, el Stalker ha de guiar dentro de la zona a dos personajes, dos representaciones arquetípicas: el artista, cínico, de vuelta de todo y en busca de su inspiración, y el científico, rígido, metódico, a la búsqueda de algún tipo de bien superior.

¿Y qué buscan en la zona?

En teoría, buscan el corazón de la zona: una habitación que puede hacer realidad tus deseos. La Zona es un lugar extraño, y para llegar hasta esta habitación han de atravesarla, obedecer sus caprichos a través de la guía del Stalker, que es el único con el poder de "empatizar" con la veleidosa voluntad de la zona, y acatar sus extrañas maneras como la única manera de sobrevivir. Y es que La Zona es un lugar peligroso, y no cumplir con su voluntad puede conducir a la muerte. ¿No es esta una extraña reflexión de las grandes religiones mayoritarias?
El Stalker, conocedor de la mística y la ritualística, guía y salvador por la gracia de una instancia superior. Él ha de guiar a dos almas descarriadas a través del camino recto, a través de los recovecos de los extraños rituales, como una prueba: para el literato, tratar de vencerlo mediante la exasperación... en el fondo, desprecia al Stalker, y desprecia sus rituales, se cree por encima de sus compañeros. Y para el científico, como una prueba de misticismo, algo opuesto a su mentalidad rígida de hombre metódico y racional. Al final, la prueba, el ritual, no consigue doblegar al escritor. Ha superado su propia prueba interna. Ya no necesita a La Zona, no necesita su cámara de deseos. El Stalker, como guía místico lo ha hecho enfrentarse a sí mismo, mirar a la muerte y a su propia destrucción cara a cara. Ha comprendido qué hay en La Zona, cuál es su verdadero poder: La Zona no concederá los deseos que le pidas, si no aquellos que se esconden en lo más oscuro de tu alma, aquello que verdaderamente anhelas.

Esa es la guía del Stalker, la guía hacia lo que verdaderamente deseaban, un guía hacia el fondo de su alma. La Zona sólo es un instrumento para esta búsqueda.

(Imágenes de dominio público obtenidas de la Wikipedia)