En ocasiones, cuando vas al cine, te das cuenta de que has cometido un error al elegir la película, y que acabas de tirar tu dinero a la basura. Pues bien, el día que vi ésta película fue uno de esos días. Quizá sea exagerado empezar así una reseña, o una crítica, pero con los precios del cine en crecimiento constante, ver una película que no sólo no te gusta, si no que te aburre y que en gran parte de sus (eternos) 108 minutos de duración te los pasas pensando en cuánto quedará todavía es una experiencia frustrante.
Y es que ¡El soplón! (The Informant! en su título original) sufre del mismo efecto que las diversas secuelas de Ocean's Eleven: si bien la primera película resulta muy interesante y los giros argumentales que van revelando todo el plan maestro son realmente sorprendentes, sus continuaciones son aburridas por que sabemos en cada momento qué es lo que va a pasar a continuación. En ¡El soplón! esto pasa sin necesidad de ninguna secuela.
El argumento es sencillo. Tenemos a Matt Damon, interpretando a un ejecutivo de una compañía azucarera llamado Mark Whitaker, que se enreda en una especie de doble juego, informando al FBI de algunas prácticas ilegales de su empresa. Pero, mientras hace de infiltrado dentro de su compañía, el FBI ha de desenmarañar la red de mentiras en las que Whitaker envuelve todo lo que ha ido contándoles. La presión de pasar varios años llevando esa doble vida ha acabado volviendo medio loco a Whitaker, y no se sabe dónde empieza la realidad y dónde sus mentiras.
Matt Damon hace un trabajo interesante, con ese Whitaker que al final no sabes si es un mentiroso compulsivo, un genio o directamente estúpido. Sin embargo, el esquema cíclico (o espiral) del guión resulta bastante tedioso, contando demasiadas veces la misma historia de espionaje, Whitaker contando su versión, el FBI descubriendo la mentira y Whitaker contando otra bola más grande aún. Como decía antes, la primera repetición es interesante, la segunda, no demasiado, pero la tercera, cuarta o quinta son directamente aburridas.
En resumen, la película pierde mucho de su interés a medida que avanza el metraje, y, si bien pretende ser una comedia, el humor no aparece demasiado, salvo un par de momentos verdaderamente divertidos, que, lamentablemente, no consiguen salvar al resto.
Y es que ¡El soplón! (The Informant! en su título original) sufre del mismo efecto que las diversas secuelas de Ocean's Eleven: si bien la primera película resulta muy interesante y los giros argumentales que van revelando todo el plan maestro son realmente sorprendentes, sus continuaciones son aburridas por que sabemos en cada momento qué es lo que va a pasar a continuación. En ¡El soplón! esto pasa sin necesidad de ninguna secuela.El argumento es sencillo. Tenemos a Matt Damon, interpretando a un ejecutivo de una compañía azucarera llamado Mark Whitaker, que se enreda en una especie de doble juego, informando al FBI de algunas prácticas ilegales de su empresa. Pero, mientras hace de infiltrado dentro de su compañía, el FBI ha de desenmarañar la red de mentiras en las que Whitaker envuelve todo lo que ha ido contándoles. La presión de pasar varios años llevando esa doble vida ha acabado volviendo medio loco a Whitaker, y no se sabe dónde empieza la realidad y dónde sus mentiras.
Matt Damon hace un trabajo interesante, con ese Whitaker que al final no sabes si es un mentiroso compulsivo, un genio o directamente estúpido. Sin embargo, el esquema cíclico (o espiral) del guión resulta bastante tedioso, contando demasiadas veces la misma historia de espionaje, Whitaker contando su versión, el FBI descubriendo la mentira y Whitaker contando otra bola más grande aún. Como decía antes, la primera repetición es interesante, la segunda, no demasiado, pero la tercera, cuarta o quinta son directamente aburridas.
En resumen, la película pierde mucho de su interés a medida que avanza el metraje, y, si bien pretende ser una comedia, el humor no aparece demasiado, salvo un par de momentos verdaderamente divertidos, que, lamentablemente, no consiguen salvar al resto.
