Y es que no parece demasiado tiempo, pero, echando la vista atrás, la informática ha cambiado mucho, y muchísimo más aún la industria del videojuego. Hoy en día, hay más anuncios de videojuegos o consolas que de estrenos de cine en la tele. Hasta tu abuela puede estar enganchada a alguno de los juegos de la DS, o jugando a la Wii. Los videojuegos se han convertido gradualmente, en una alternativa de ocio más, perdiendo poco a poco ese estigma de actividad asocial, o incluso antisocial. Todos podemos recordar la excelente labor informativa de cadenas como Antena 3. Cada cierto tiempo nos bombardeaban con los "asesinos del rol", o que los videojuegos habían provocado la masacre en algún instituto perdido en la profundidad de los EE.UU*.
En aquel entonces, el Doom fue un videojuego revolucionario. No sólo fue un gran paso adelante en cuanto a tecnología, un aspecto que me gustaría comentar en más detalle, pero tampoco quería hacer un post excesivamente técnico y espantar a mis pocos lectores, si no también a un nivel estético, y como experiencia de juego. Por aquel entonces los juegos en 3D eran algo anecdótico, hacía apenas un año, o año y medio desde el lanzamiento de Alone in the Dark, el primer juego en hacer uso de un 3D verdadero y el modelado con polígonos.
Sin embargo, Doom no era un juego en 3D. Sólo parecía que podías moverte en un entorno tridimensional, como en su predecesor, el Wolfestein. Sin embargo, era algo distinto, algo nuevo: el ambiente tétrico, oscuro, propio de una pesadilla. En algún punto de Marte, un portal de teletransporte había empezado a funcionar terriblemente mal, y había abierto un portal al infierno. Y tú, el jugador, te veías, de repente, abandonado a tu suerte, y rodeado de una horda de demonios. El género de los shooter aún estaba verdaderamente en pañales, y Doom fue, por así decirlo, la piedra angular del género. Hasta tal punto de que muchos videojuegos, que hoy llamamos shooters, en su época fueron conocidos como Doom clones. Podría decirse que se inauguró una época dorada del género: Hexen, Heretic, Rise of the Triad... Un montón de títulos que crearon mi afición a los videojuegos.
Más, en próximas entregas...
(*) La moralidad alrededor de los videojuegos, y de los juegos de rol es un asunto de terrible hipocresía. No sólo los habituales dispensadores de moralina, dispuestos a destruir todo aquello que no les guste, o que no comprendan, si no incluso dentro de la industria. En este caso, los grandes moralistas han sido Nintendo, con su imagen de compañía familiar, y buenrrollista, la versión binaria de Disney. Y en aquella época del nacimiento de los shooters, tuvo su ración de hipocresía: la versión de SuperNes de Wolfestein 3D fue censurada: desapareció toda la simbología nazi del juego original, la sangre fue sustituída por ¡¡sudor!! y los perros nazis, sustituídos por ratas. Incluso el monstruo final, Hitler, fue sustituído por un simple "Staatmeister", y le quitaron el bigote. En definitiva: se puede disparar a gente, pero no a perros, y tampoco se puede ver sangre... Ridículo.
