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lunes, 16 de noviembre de 2009

El género como vergüenza

El otro día estuve viendo Pickpocket, una interesante película de Bresson, que, sin embargo, empieza de una manera muy chocante. Tras ir apareciendo, como es habitual, los títulos de crédito, con el nombre del director, actores, etc, apartece un cartelón que dice "esta película no es una historia policiaca" (Ce film n'est pas du style policier. L'auteur s'est efforcé d'exprimer par des images et des sons le cauchemar d'un jeune homme poussé par la faiblesse dans une aventure de vol à la tire pour laquelle il n'était pas fait.).

Pero sí que lo es. Tenemos a un ladrón de poca monta, a sus compinches y a un oficial de policía que trata de capturarlo, pero el director parece tener que justificarse. ¡¡Mi obra es seria!! ¿¿cómo va a ser una historia policiaca?? Y es que tras ese mensaje de Bresson, en apariencia simple, se esconden multitud de complejos. Bresson dice que trata de expresar los apuros de un joven, la debilidad de su carácter, y eso, al parecer, no se puede lograr desde un film de género. Quizá sea un debate ya viejo, que no nos lleve a ningún lado, pero afirmaciones como esta denotan estrechez de miras, y, lamentablemente, esta actitud aún no está superada, y de vez en cuando oimos (leemos) a algún escritor justificar que su obra no es ciencia ficción, dejar claro que su obra es alta cultura, por que trata temas muy elevados. ¿Pero acaso no se tratan estos temas en la ciencia ficción o en el policiaco?

Pickpocket es, en gran parte, una adaptación de Crimen y castigo al género policial de mediados de siglo. En ella podemos encontrar casi todos los mimbres con los que Dostoievski creó su novela. Y que Raskolnikov se convierta en un raterillo de París no cambia el mensaje, como tampoco lo cambiaría ambientarlo en una nave espacial. Los límites de los géneros, la capacidad de contar historias dentro de ellos, están en la mente. Y la frontera entre la alta y la baja cultura es cada vez más difusa.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Píldora: American Gangster


Otra asignatura pendiente. Y un experimento que parecía arriesgado, hacer una película de mafia con un protagonista negro. Podemos buscar precedentes, como GTA San Andreas, donde se sustituye al habitual italoamericano, como Tony Vercetti o el callado protagonista del GTA III por un pandillero de barrio. Y, sin embargo, en GTA San Andreas la narrativa no es la propia del cine de mafia más clásico, si no que utiliza historias más propias del cine de bandas, o el cine de ghetto. Podríamos decir que Carl Johnson está más cerca de Mentes peligrosas que de El padrino, por poner un ejemplo.

En American Gangster la narrativa sí es propia del cine de mafia en su forma más clásica, como una historia de aprendizaje y conquista del poder, con un enorme papel de Denzel Washington interpretando a un gangster discreto, inteligente y decidido, que no duda en mancharse las manos y hacer las cosas por sí mismo. Precisamente por ello, la historia está muy centrada en su personaje, Frank Lucas, rodeado de una serie de secundarios con escasa participación de la historia. Para conseguir esta relación tan directa con el personaje Ridley Scott se basa en los planos muy cortos, muy centrados en los personajes: vemos su cara, cómo mueven sus manos, pero nunca vemos las escenas en perspectiva. De esta manera se va construyendo una historia en base a retazos, sin tener nuca una visión general.

Estas escenas protagonizadas por Frank Lucas se ven complementadas con el hilo argumental protagonizado por Russell Crowe, que da vida a un policía en apariencia honrado e incorruptible, cuyo objetivo es desmontar las redes de tráfico de drogas. Desde la perspectiva del personaje de Crowe sirve para rellenar los huecos en la historia de Frank Lucas y añadir un contexto más amplio.

La historia se construye en base al duelo que mantienen estos dos personajes, el mafioso de aspecto y conducta intachable y el policía de aspecto y conducta desastroso, pero hay otro gran protagonista, que es la ciudad de Nueva York, sus barrios más marginales en una de las épocas más difíciles para la ciudad.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Píldora: Memento

Ésta era una de mis asignaturas pendientes, una de esas películas que parece que todo el mundo ha visto, y de la que casi todo el mundo habla maravillas, de esas que todo el mundo las califica como "de culto". Decir que una película de hace nueve años sea de culto me parece un poco arriesgado, pero cada vez es más frecuente que las películas adquieran este estatus prácticamente desde su estreno, o incluso desde antes.

Yo no voy a llegar a tanto. Memento me ha parecido una buena película, quizá incluso una muy buena película. Nolan sabe jugar con un guión que apenas ofrece datos al espectador, manteniéndolo siempre dubitativo, sin saber verdaderamente quién dice la verdad o quién miente, haciendo que el espectador llegue a sentirse como el desmemoriado protagonista. Es muy interesante la manera de contar una historia detectivesca al revés, partiendo de conclusiones y ofreciendo a continuación algunas pruebas o razonamientos, una especie de flashbacks encadenados, que crea una extraña estructura temporal de bucles enlazados. Además de este guión que pese a una estructura compleja permanece sólido hasta la revelación final, uno de los aspectos que más me han gustado de la película es cómo se construye toda la historia a partir de tres personajes. Nolan hace de la economía de medios una virtud, y, como dice el refrán, en Memento, menos es más.

jueves, 15 de octubre de 2009

El soplón

En ocasiones, cuando vas al cine, te das cuenta de que has cometido un error al elegir la película, y que acabas de tirar tu dinero a la basura. Pues bien, el día que vi ésta película fue uno de esos días. Quizá sea exagerado empezar así una reseña, o una crítica, pero con los precios del cine en crecimiento constante, ver una película que no sólo no te gusta, si no que te aburre y que en gran parte de sus (eternos) 108 minutos de duración te los pasas pensando en cuánto quedará todavía es una experiencia frustrante.

Y es que ¡El soplón! (The Informant! en su título original) sufre del mismo efecto que las diversas secuelas de Ocean's Eleven: si bien la primera película resulta muy interesante y los giros argumentales que van revelando todo el plan maestro son realmente sorprendentes, sus continuaciones son aburridas por que sabemos en cada momento qué es lo que va a pasar a continuación. En ¡El soplón! esto pasa sin necesidad de ninguna secuela.

El argumento es sencillo. Tenemos a Matt Damon, interpretando a un ejecutivo de una compañía azucarera llamado Mark Whitaker, que se enreda en una especie de doble juego, informando al FBI de algunas prácticas ilegales de su empresa. Pero, mientras hace de infiltrado dentro de su compañía, el FBI ha de desenmarañar la red de mentiras en las que Whitaker envuelve todo lo que ha ido contándoles. La presión de pasar varios años llevando esa doble vida ha acabado volviendo medio loco a Whitaker, y no se sabe dónde empieza la realidad y dónde sus mentiras.

Matt Damon hace un trabajo interesante, con ese Whitaker que al final no sabes si es un mentiroso compulsivo, un genio o directamente estúpido. Sin embargo, el esquema cíclico (o espiral) del guión resulta bastante tedioso, contando demasiadas veces la misma historia de espionaje, Whitaker contando su versión, el FBI descubriendo la mentira y Whitaker contando otra bola más grande aún. Como decía antes, la primera repetición es interesante, la segunda, no demasiado, pero la tercera, cuarta o quinta son directamente aburridas.

En resumen, la película pierde mucho de su interés a medida que avanza el metraje, y, si bien pretende ser una comedia, el humor no aparece demasiado, salvo un par de momentos verdaderamente divertidos, que, lamentablemente, no consiguen salvar al resto.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Masters of Horror: Homecoming

HomecomingÉste es el segundo episodio que he visto de Masters of Horror, después de Sueños en la casa de la bruja, que reseñé por aquí hace ya bastante tiempo. Como dije en aquella entrada, Homecoming era uno de los episodios que más me llamaba la atención, y es que la propuesta es bastante interesante: los soldados muertos en Irak vuelven convertidos en zombies para protestar contra Bush.

Tradicionalmente se ha querido ver en el cine de terror el reflejo de la situación política de la época en la que se produce la película. En la mayoría de las veces, las películas no dejan de ser un subproducto que no da para muchos análisis, pero de vez en cuando sí que aparece una obra maestra dentro del género que sabe capturar perfectamente el zeitgeist. Un ejemplo clásico es Zombie (o El amanecer de los muertos), donde ni siquiera la muerte es capaz de vencer la alienación que producen los grandes centros comerciales. Homecoming intenta meterse entre estos clásicos, pero donde otras películas hacen de la sutileza una virtud, Homecoming va directa al grano, y ése es su principal fallo. Y es que tanto se esfuerza su director, Joe Dante, en meter su mensaje con calzador, que al final lo que menos importa son los zombies. Bien es cierto que normalmente los zombies sólo son una excusa, o una manera de poder contar una historia, al fin y al cabo, lo que importa son los humanos que aún están vivos, pero los no muertos tienen algún peso argumental. Sin embargo, en esta película éstos zombies, que eran el centro de su argumento, tras unas cuantas escenas prácticamente dejan de contar.

La idea de estos zombies soldado es bastante interesante. En primer lugar, como catarsis. Los soldados muertos en Irak han sido durante mucho tiempo una de las principales preocupaciones de los estadounidenses, un recordatorio constante de la política de Bush, hasta llegar a ser un tema prácticamente tabú. Pero con su vuelta como zombies se plantea algo muy interesante, que es tratar de destruir a estos zombis, tratar de destruir los miedos de todo un país que estos soldados representan. Pero ése no es el objetivo de la película, aunque creo que ése punto de vista hubiera servido mejor como mensaje ideológico, al menos, hubiera sido un poco más sutil. En el episodio prácticamente no se dispara sobre estos zombies, y es que han vuelto de la muerte no para devorar a los vivos, si no para poder votar, para que nadie se apropie de la voz de los muertos en una guerra.

Al final, el episodio queda en una burla de los peores tópicos de los republicanos, y en una muestra de la Ley de Poe. Desde el principio, con la escritora fanática y su coche de matrícula BSH BABE, o diciendo que los que se manifiestan contra la guerra son "men with breasts, women with armpit hair. They are ugly and stupid". Nos muestra cuán hipócritas son estos fanáticos, con una especie de líder religioso, primero diciendo que los zombies son un milagro y un regalo del cielo, pensando que están a su favor, pero en cuanto los zombies dejan claro que han vuelto para echar del gobierno a quien les mandó a morir, se convierten en engendros de Satanás, sin solución de continuidad. Como parodia, funciona bastante bien, aunque al final resulta excesiva de tanto decir quiénes son los malos. Por otro lado, no he comentado otro de los hilos que componen la trama, por que estropearía bastante el episodio a quien pudiera verlo. Esta trama es el mayor acierto del episodio, y termina en un climax que rápidamente es estropeado por un "segundo final" completamente innecesario.

Y ésta podría ser una buena manera de resumir el episodio: unas cuantas ideas potentes que son estropeadas al tratar de estirarlas demasiado. Se salva por el humor gamberro y por unos cuantos guiños al espectador, como este genial homenaje :)

G.A. Romero

martes, 8 de septiembre de 2009

Matadero Cinco (II)

Si en la anterior entrada analicé algunos logros de la novela, en esta, que espero sea más breve, haré un comentario (que espero más breve) de algunos de los grandes aciertos de la película.

En primer lugar, no sabría decir si el libro es superior a la película o no. Ciertamente, gran parte del atractivo de la película viene de los mimbres que deja entrelazados Vonnegut en su novela. Sin embargo, la película, al contrario de lo que suele pasar en las últimas adaptaciones de novelas, ¡o peor, tebeos!, tiene la valentía de no calcar párrafo a párrafo la novela en que se basa, y no por ello deja de ser una adaptación muy fiel, que sabe transmitir muy bien el mensaje de la novela.

El gran acierto de la película es conseguir visualmente la sensación de desorientación de Billy, sacar al espectador también fuera del tiempo: la película avanza mediante flashes, pequeñas escenas que se cortan repentinamente, y ya estamos en medio de otra. En ocasiones, la transición es brusca, como en la primera escena, que termina con un salto destinado a impresionar al espectador, a descolocarlo: vemos la máquina de escribir de Billy, mientras escribe "I have come unstuck in time. I jump back and forth in my life and I have no control over where". Al escribir la última palabra, el silencioso sótano desaparece, y aparecemos en mitad de una carretera nevada, por la que avanzan un tanque y unos soldados. Ya estamos en mitad de la vida de Billy, y el tiempo ya no es lineal. Sin embargo, en otras escenas se juega con la imagen, haciendo cambiar levemente la escena. Una de las que me pareció más interesantes es una en la que Billy, tras un accidente, es llevado en una camilla por el pasillo del hospital, mientras la escena cambia sutilmente, Billy está corriendo por un pasillo en el Matadero Cinco, en Dresde. Se juega con los cambios visuales para dar continuidad o romperla, para unir dos momentos o para separarlos por completo.

La sensación de saltar atrás y adelante en el tiempo se incrementa: si leyendo pasamos diez, o quince minutos "fijos" en el tiempo, en la película estaremos mucho menos. Y, además de esto, han conseguido encontrar a un actor idóneo para Billy, completamente apático, de rasgos corrientes, poco definidos, nada en él destaca. La sensación de que Billy es sólo un espectador se acrecenta al verlo en la película: lo vemos normalmente lejos del foco de acción en los planos, apático, apenas moviéndose ni mirando a los otros personajes, salvo en las escenas en las que está en el zoo de Trafalmadore con Montana Wildhack. Mientras en el libro Billy es completamente apático ante el sexo con su mujer Valencia, en la película es lo único que lo saca de su posición de espectador. Es tal la apatía que transmite que viendo la película se consigue el mismo efecto de lejanía entre el espectador y los hechos que aparecen en pantalla, sin que esto implique un distanciamiento con la propia película, al contrario: la hora y media larga que dura se pasa en un santiamén, consiguendo corregir uno de los puntos más flojos del libro, y es que en ocasiones tanto vaivén temporal acaba distrayendo en algunos capítulos flojos. Sin embargo, en la película se recortan algunas las líneas temporales, otras se acortan, y otras cobran más protagonismo. En concreto, una de ellas es la de Paul Lazzaro, uno de los prisioneros en Dresde, que en el libro, a pesar de tener un papel decisivo, apenas interviene. En la película Lazzaro juega otro papel, y añade una nueva perspectiva sobre la guerra: Lazzaro es un personaje lleno de orgullo, que continuamente es pisoteado. Lazzaro representa la humillación del débil por el poderoso. Es curioso cómo a partir de un personaje ciertamente secundario, en apenas unas pocas escenas consiguen crear un personaje con tanta carga, y este acierto pertenece totalmente a la película.

Totalmente recomendable, como una mirada ligeramente distinta sobre la novela.

miércoles, 22 de julio de 2009

El clan del Oso Cavernario

Con tanto trajín, este verano está siendo una sequía lectora. Acabada por fin la lectura de 20th Century Boys, y tras pasar una semana convaleciente, no tengo ninguna lectura digna de reseñarse. Lo único que se me ha pasado últimamente por la cabeza, para comentarlo por aquí, ha sido un par de películas que he visto últimamente, aunque no tienen nada en común.

La primera, de la que hablaré hoy, es la adaptación de El clan del Oso Cavernario (imdb), la adaptación de la famosa novela (ahora se llamaría bestseller) de la escritora Jean M. Auel. Hace tiempo que leí los libros de su saga Los hijos de la tierra, en uno de esos esfuerzos lectores que a día de hoy me parecen irracionales. He de reconocer que el primer libro, el citado El clan del Oso Cavernario, es bastante interesante, sobre todo, por toda esa labor de imaginar una comunidad neanderthal, desde los rituales mágicos hasta el lenguaje, consiguiendo algo no sólo creíble, si no incluso vivo, real, al menos, teniendo en cuenta que se desconoce prácticamente por completo cómo eran en realidad. Los apuros de Ayla, una niña cromañón, viviendo con esta tribu de neanderthales son bastante entretenidos, salvando unos cuantos deus ex machina bien situados para recalcar que ella es un espíritu libre, y que el malvado (y machista) líder del clan no va a doblegar su voluntad. Pero es que, una vez que Ayla abandona la tribu neanderthal y va en busca de otras tribus de su (nuestra) especie, las novelas pasan de ser aventuras pseudo(pre)históricas para convertirse en novela romántica de la más baja calaña, y la lectura se convierte en un pasar y pasar páginas de Ayla y sus príncipes azules: el que aparece en el segundo libro y con el que se enfada en la mitad de cada uno de ellos, y el príncipe azul de cada nuevo libro, con el que tiene una situación equívoca que lleva a que el Príncipe 1 discuta con ella, ella tenga un romance con Príncipe 2, pero luego se de cuenta de que su verdadero gran amor es Príncipe 1. Mucha descripción de estos superhombres prehistóricos, de lo fuertes y sensibles que son, y mucho erotismo de baratillo. Y demostraciones de lo increíblemente superior que es Ayla a estos dos príncipes de turno. No en vano, a lo largo de las novelas, Ayla realiza una serie de descubrimientos: doma a unos caballos, doma a un lobo, doma ¡¡un león de las cavernas!!, descubre cómo hacer fuego con pedernal y acero, inventa las riendas, una especie de trineo, etc... En un par de tomos más, saca a toda su tribu de la prehistoria. Y es que estos libros tienen dos de los peores pecados de las novelas más o menos históricas: el superprotagonista que todo lo puede, y, sobre todo, que prácticamente todos los personajes que aparecen son personas de finales del siglo XX, no humanos prehistóricos, y sus problemas sociales son los mismos que los problemas sociales de finales del siglo XX.

Pero bueno, esto son pecados de las continuaciones de la saga, que apenas afectan al primero, al fin y al cabo, no es tanto la historia de Ayla si no la historia del clan que da título a la novela. Sin embargo, todo el interés que tiene la novela se pierde en la película, en parte, por la imposibilidad de traducirlas al lenguaje visual, como los diversos ritos y complejos comportamientos sociales creados por Auel, que en la película no son más que trasfondo: no son explicados, simplemente, son mostrados como fondo de la acción principal, con lo que pierden gran parte de su interés. Y, por otro lado, la sensación de prisa que transmite la película, al tratar de adaptar una novela bastante voluminosa, en la que pasan un montón de cosas, en apenas hora y media, con lo cual las cosas simplemente ocurren en pantalla, están poco hiladas y muchas de ellas parecen metidas con calzador en la trama. Si has leído la novela sabes por qué ocurren estas cosas, o qué repercusión van a tener después, pero si no, la película puede resultar bastante confusa. Uno de los momentos cumbres de lo absurdo es cuando el clan va a un gran festival en el que se reúnen todos los clanes: de repente aparece un hombre y habla con Ayla (vemos que los dos son cromañones) durante unos segundos. En la escena siguiente, un oso lo decapita. Así, por que sí, sin ningún tipo de explicación de quién era ese hombre, o qué hacía ahí. Total, si a los pocos segundos de aparecer lo matan, ¡no necesita explicación! Esta es la tónica general de la película: nada se explica y nada se justifica, los personajes son como cajas negras, de los que no sabemos por qué hacen lo que hacen, lo que puede resultar un poco frustrante. No es que haya motivaciones oscuras que estén mal contadas, si no que no se justifican los actos de algunos de los protagonistas.

En definitiva, la película, gracias a su brevedad, se hace entretenida, pero, si no se ha leído la novela, puede resultar un sinsentido. Incluso habiéndola leído tiene cosas como la mencionada arriba que no tienen demasiado sentido. Esperaba bastante más de la adaptación de esta novela, nada destaca realmente, los efectos de maquillaje para los neanderthales son simplemente correctos, los actores también se limitan a la corrección y nada destaca en particular. Las comparaciones con, por ejemplo, En busca del fuego, pueden resultar sonrojantes.

viernes, 5 de junio de 2009

La última carta

Cada vez que viajo me da la sensación de que es un medio de transporte... soviético. He hecho varios viajes en tren leyendo Vida y destino, y la línea que une Santander y Madrid, con ese aspecto tan dictatorial, con grandes estaciones prácticamente en desuso, pasar por Reinosa, con ese aspecto tan industrial, tan frío, tan... soviético. Así que ayer, ya que tenía que hacer ese viaje, volví a retomar a Grossman.

He hablado alguna vez de Vasili Grossman en este blog, aunque nunca he encontrado la ocasión de darle algo de protagonismo. Quizá por que Vida y destino es una obra demasiado grande como para poder abarcarla de manera apropiada. No me veo capaz de escribir algo sobre el libro que no esté dicho en él, en sus páginas está contenida la humanidad, desde los más poderosos a los más insignificantes, y todos los sentimientos de la humanidad, sean los más bajos instintos o los deseos más elevados. Wiseman con su película La derniere lettre tampoco busca abarcar toda la obra, si no que se centra en un único capítulo, en concreto, el número 17. Y es que la organización de Vida y destino, formada por decenas, quizá cientos de pequeñas historias, las historias de personas, de individuos, que se vieron arrastrados por la marea de los totalitarismos, donde la unidad de medida no es el hombre, si no los millones, permite tomar al azar cada una de estas historias e interpretarla como una entidad propia. Grossman permite que estas personas que se vieron anuladas en la guerra tengan voz propia, y puedan contar su historia, lejos de los diagramas de frentes cambiantes y movimientos de batallones. No son historias de ejércitos ni héroes, si no simplemente, personas.

Pero este capítulo no está escogido al azar. Este capítulo es, sin lugar a dudas, el más duro de toda la novela. Anna Semionova, una anciana judía, le escribe una carta a su hijo, Vitya, mientras espera su fatal destino. En La última carta se tocan temas de los que es muy difícil hablar. ¿Cómo se puede hablar de uno de los hechos más horribles de nuestra historia?¿Cuál es el enfoque apropiado ante la muerte y el sufrimiento de tantísima gente?

La primera visión cinematográfica sobre los campos de exterminio fue Noche y niebla. Y con estos materiales es como Wiseman trata de aproximarse a la historia de esta última carta. Un blanco y negro dramático, un espacio vacío, y una anciana leyendo en voz alta la última carta que escribirá a su hijo antes de morir. Esta anciana nos habla de su sufrimiento, lo vemos en la expresión de sus ojos, en cómo retuerce las manos, pero también nos habla del sufrimiento de millones de otras personas. En ocasiones, las sombras se multiplican, como los espectros que acompañan a esta mujer hacia su destino, otras veces, el horror no puede ser expresado con palabras, sólo como una sombra que se desvanece.

Como ya he mencionado en el segundo párrafo, Grossman no habla de grandes gestas, si no de personas. En un siglo marcado por la aparición de los totalitarismos y las grandes ideas, sea la raza, la patria, la utopía, la idea más pequeña fue destruída, la idea del individuo como unidad de medida, y no como partícula de un ente abstracto. Y ante el holocausto, Grossman da voz a una única mujer. ¿Cómo puede expresar una única anciana el horror de tanta, tantísima gente? Sin embargo, la historia de una persona puede resultar mucho más escalofriante. Se atribuye a Stalin la frase que dice que la muerte de un hombre es una desgracia, pero que la muerte de un millón es sólo estadística. Quizá por eso sea mucho más descorazonador el relato de esta anciana, no sólo por su terrible destino, si no también por la complicidad de todos los que no hicieron nada para evitarlo. Por aquellos que se alegran de la llegada de los alemanes, por la mujer que la echa de su propia casa aprovechando que los nazis la han convertido en menos que un ser humano, o por los que se pelean por quedarse sus sillas mientras ella deja su casa camino del ghetto, o por el judío que colabora con los nazis, extorsionando a sus semejantes, con la vana esperanza de salvar su vida. En la historia de Anna Semionova vemos lo más oscuro y lo más cruel, pero también hay lugar para pequeñas alegrías y para la esperanza.

Es difícil resumir este simple capítulo, pues en él está contenido el ser humano. En él se cuenta toda una vida, y a la vez, cientos de otras vidas. Es el testimonio de toda una vida, todo el amor que una madre quiere enviar a su hijo, por que la muerte la acecha y nunca volverá a verlo. Es imposible hacerle justicia con estas palabras. Pero ahí están el libro, y esta película como la manera más cruda de traducir la carta de Anna Semionova en imágenes, la manera más fiel. Sin artificios, sin dramatismos. Las palabras de una madre, y nada más.

jueves, 26 de marzo de 2009

The Naked City

Hace poco he vivido otra extraña casualidad. A principios de mes, echando un vistazo a la programación de la Filmoteca, vi que dedicaban un ciclo a Jules Dassin. Ahí empiezan las casualidades, por que un par de días antes que eso, había estado hojeando unas revistas, y en un número de la Dirigido Por habían hecho un reportaje sobre el director. Y, mirando un poco por encima, ví un título que me interesaba, "The Naked City"... ¡igual que uno de los proyectos de John Zorn! Y, como la habían incluído en el ciclo, aproveché para ir a verla.

Como película es bastante interesante. En cierto modo, ha envejecido bastante, al fin y al cabo, es un filme negro con una estructura muy clásica, su historia y sus personajes son algo visto mil veces, y en ocasiones peca un poco de "inocente", todo es mucho más aséptico que cualquier historia de Hammett o Raymond Chandler. Lo que es realmente innovador, incluso hoy, es lo que rodea a la historia: muchas escenas fueron rodadas en las calles de Nueva York, con las cámaras filmando a gente normal, en su día a día, interactuando con los actores, con los falsos policías y falsos criminales, como si la historia narrada fuera algún tipo de documental. Y su título hace referencia a un fotógrafo que fue capaz de documentar las zonas más oscuras del Nueva York de la época: Weegee, un hombre siempre atento a las emisoras de la policía, para conseguir ser el primero en captar con su cámara peleas, tiroteos, asesinatos... Fue quien mostró al mundo a la ciudad desnuda.

Y precisamente estos días, en el edificio Telefónica, tenemos una exposición de fotografías de Weegee. Quizá sea un poco escasa (se ve en apenas media hora), y no están algunas de sus fotografías más crudas. Sin embargo, la foto que sirve de portada al disco de Zorn sigue impactando.


martes, 10 de marzo de 2009

20th Century Boys y la adaptación excesiva

Desde hace tiempo he ido leyendo, poco a poco, los primeros tomos de 20th Century Boys, una serie de manga bastante inusual, tanto por el argumento, su planteamiento y muchos de sus aspectos estéticos escrita por Naoki Urasawa. Esta entrada podría ir al hilo de la anterior, ya que apenas he leído seis de sus veintidós tomos, así que mi opinión sobre el manga es bastante incompleta. Quizá hable sobre ello más adelante, a medida que avance en la historia.

Sin embargo, la entrada iba por otro lado: aprovechando la muestra de cine de Sci Fi que hubo el fin de semana pasado en Madrid, me acerqué a ver la adaptación al cine de esta historia. Pensé que la película me destriparía buena parte del argumento, pero no. Pese a durar dos horas y media (¿por qué las películas no duran lo que tienen que durar? debería sacar algún día el tema de los 90 minutos) apenas llega al cuarto o quinto tomo. Su principal problema es tratar de volcar demasiado estrictamente el tebeo en la película, cayendo en muchos problemas de ritmo. La estructura temporal del manga es un poco caótica: la acción comienza a finales del siglo XX, cuando un grupo de antiguos alumnos de una escuela descubre que una historia que se inventaron siendo niños, en la que salvaban al mundo de una serie de catástrofes, está comenzando a ocurrir en el mundo real. De ese grupo de amigos, consiguen reunirse todos, menos uno, de cuya identidad ninguno se acuerda. Sobre esta historia, hay tres líneas temporales: el presente, en el que tratan de evitar que su historia se haga realidad, el pasado, donde se van desvelando sus recuerdos, y un futuro en el que no han logrado evitar la catástrofe que escribieron. Al principio, parecía que iban a optar por simplificar un poco todo este jaleo temporal de flashbacks y flashforwards, pero no era más que una falsa ilusión, y todo está tal cual. Da la sensación de ir pasando páginas a medida que avanzan los minutos, pero todo ello a un ritmo muy lento. Hasta tal punto que se hace prácticamente tan lento ver la película como leerse los tomos. Y lo peor no es sólo una atención excesiva al detalle, si no muy mala mano a la hora de recortar metraje, con escenas intrascendentes alargándose en demasía, y luego escenas donde la acción es totalmente confusa, por que han omitido detalles. Un uso totalmente anticlimático, donde el relleno se alarga hasta el absurdo, y la trama avanza a trompicones. Habiendo leído el manga, se sigue la historia, pero estoy seguro que algunas de esas escenas tuvieron que ser bastante confusas para quienes lo lo hayan hecho.

Alguien debería dejar claro a más de un director que un comic y una película son dos medios distintos, con recursos distintos, y lo que en uno queda bien, en el otro queda ridículo (como esas típicas viñetas de manga con caras extrañas y muy exageradas, que hacen gracia en un dibujo, pero son vergonzantes en una pantalla).

Si tuviera que hacer una valoración numérica sería bastante pobre. Una adaptación de menos de una cuarta parte de la historia que dura dos horas y media, un ritmo lento, aburrido, poca originalidad y sobre todo, poco conocimiento del medio hacen de 20th Century Boys una adaptación mediocre y una mala película. El aspecto más positivo es el casting, con unos actores que son iguales que sus personajes dibujados. Sólo recomendable para aquellos que hayan leído el manga.

viernes, 20 de febrero de 2009

Sonido para un nuevo western

Llevaba tiempo queriendo hablar de algunas películas. Quizá no haya un género que las agrupe bajo un único denominador. Por otra parte, tampoco es necesario. Tienen una series de características en común, unas, obvias, visibles, y otras, más intangibles. Puede que parte de esas asociaciones sean subjetivas, y sólo yo las haya visto (aunque eso ya justifica sobradamente este post :) ), pero también hay gente por internet que las mete en el mismo saco, incluso inventando el concepto de western postmoderno para ellas. A mí esta etiqueta me es indiferente. Me parece bien que haya gente que la use, ya que eso puede servir para evocar una serie de ideas acerca de lo que se está hablando, pero tampoco es necesario crear etiquetas para poder hablar de una cosa.

Esta etiqueta ha empezado a ser usada sobre todo a partir de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, pero también se aplica a algunas películas anteriores. Y como dije antes, el criterio es muy subjetivo, y cada uno se lo pone a las películas que quiera. Yo, en concreto, se lo pondría a esta película, y también a Open Range, un desconocido western de Kevin Costner. Hay alguna más, incluso fuera del género más estricto del western, como No es país para viejos, o Los tres entierros de Melquíades Estrada, que a pesar de su ambientación actual, son claramente dos western, con su clásica estructura y los mismos temas a tratar.

Sin embargo, yo quería hablar sobre las dos primeras, y es que tienen bastantes aspectos en común. El primero es cómo tratan el paisaje las dos películas. El paisaje siempre ha sido un elemento importante en este género, con sus historias enmarcadas en el Monument Valley, o los jinetes cabalgando por las inmensas praderas. Sin embargo, no era más que eso, un marco grandioso para la historia que se estaba contando. Pero en estas dos películas, el paisaje es algo más, hasta llegar al punto de cobrar protagonismo en la historia. El paisaje no sólo enmarca la escena, si no que puede añadir matices, o sensaciones que no estaban presentes (esto también pasa, aunque en menor medida, en Into the Wild). Y también tienen en común el aspecto que se da a esos paisajes, con una fotografía destinada a realzar mucho el dramatismo... con el romanticismo alemán como principal referente.

Pero no es sólo el paisajismo, si no también los personajes. El esquema clásico del western del viejo, o el veterano. En este caso, Costner y Pitt no son viejos, pero sí interpretan personajes maduros, cercanos ya a su ocaso, si no una decadencia física, sí que sufren una decadencia moral. Los dos son personajes cansados de vivir, lacónicos. Y para completar, el joven, el aprendiz, que está llamado a ver el fin de su maestro, su retirada. Es un esquema que se suele repetir en el western, desde el arquetipo presentado en Centauros del Desierto. Estas películas no dejan de repetir un esquema clásico, pero pasado por un filtro distinto, más oscuro, quizá más reflexivo.

Y la tercera conexión, en este caso la más subjetiva, es una unión entre estas películas y la música, los discos de 16 Horsepower, o también los de Woven Hand. Todo lo que se refleja en los paisajes, en la melancolía de los personajes, está reflejado en esta música, con un ambiente crepuscular, y con la inspiración de la américa profunda, oscura, misteriosa. Música de predicadores y pioneros, de un tiempo ya perdido. Como ejemplo, Cinder Alley.


martes, 10 de febrero de 2009

Masters of Horror

Dreams in the witch houseHace tiempo que tenía ganas de ver la serie de "Masters of Horror", sobre todo, habiendo echado un vistazo a los directores que participan, y a pesar de haber leído un poco por encima algunas críticas no demasiado positivas. Pero hace poco estaba echando una ojeada a la sección de películas de la biblioteca de Pléxor y vi que habían traído algunos episodios. Por otra de esas misteriosas casualidades, esa misma tarde DanieLoop estuvo preguntándome sobre qué peliculas ver de Darío Argento, y recordé que había participado con un episodio. Así que, viendo que el destino me dejaba unas señales muy claras, me puse manos a la obra.

El primer episodio con el que conseguí hacerme fue el segundo de la primera temporada, "Dreams in the Witch House", de un (para mí) desconocido Stuart Gordon. A priori me interesaban más los de Carpenter, o Homecoming, de Joe Dante, del que había leído muy buenas críticas, pero los misterios del torrent son insondables :) Además, el título me llamaba mucho la antención. He de reconocer que no había visto ninguna adaptación "directa" de ninguno de los relatos de Lovecraft, es decir, no un homenaje, ni una referencia tangencial, si no una traslación directa del relato a la pantalla, salvo esa especie de curiosidad que es la adaptación de "La llamada de Cthulhu". Había oído hablar, por otra parte, de algunas películas de calidad tirando a lo infame. Así que empecé a verla con una mezcla entre curiosidad, duda y no demasiadas esperanzas, y es que, ciertamente, la forma de escribir de Lovecraft, tan poco narrativa, tan llena de bizarras descripciones de monstruos y horrores intangibles, la forma tan vaga de referirse a terrores más allá de nuestra comprensión no resulta muy visual. Pero viendo este episodio me he llevado una grata sorpresa. No sólo consiguen adaptar muy acertadamente el relato, si no además darle un nuevo aspecto más actual, sin perder ni un ápice de fidelidad.

Aquí la víctima de la bruja es un joven estudiante de físicas, investigando sobre cómo utilizando ciertos ángulos se pueden poner en contacto dimensiones paralelas. Para su horror, ve cómo las paredes de su habitación forman esos ángulos extraños, y empieza a tener sueños muy extraños. La principal diferencia es que en esta adaptación no sabe nada acerca de la bruja, mientras que en el original de Lovecraft sí que sabe muy bien (relativamente) a lo que se enfrenta. Por lo demás, una adaptación muy fiel en espíritu, pero que, en lugar de dejar el clásico final-sugerencia tan típico de Lovecraft, va más allá. Aquí el horror cósmico se muestra tal cual, no hay lugar para la esperanza. Pero no quiero desvelar nada.

Y, para ser una producción televisiva, los efectos están bien logrados, sobre todo al ser enfocados desde una cierta "humildad", sin buscar un despliegue demasiado espectacular. Y la caracterización de Brown Jenkins, la rata compañia de la bruja, no sé muy bien que decir. Lejos está de la criatura horrible que describe Lovecraft, siendo más bien algo cómico.

Brown Jenkins

jueves, 8 de enero de 2009

Dos joyas de ultratumba

Que el género zombie está de moda es algo que está fuera de duda: durante estos últimos años hemos visto estrenadas un montón de películas con nuestros queridos devoradores de cerebros como protagonistas, y prácticamente cada semana se anuncian otras nuevas. Los libros de Max Brooks ("The Zombie Survival Guide" y "World War Z") parecen venderse como rosquillas, y, a un ritmo lento, siguen apareciendo los tomos de "The Walking Dead". Así que los aficionados estamos de enhorabuena. Al fin y al cabo, aunque gran parte de todo lo que va saliendo no es demasiado aprovechable, siempre queda algo bueno.

Night of the living jewsBueno, tras toda esta introducción, sólo quería enlazar un par de cosas. Y es que el día de reyes, aparte de los regalos que estos habían traído, había otro par de regalitos: el primero, era este post en el blog de Zombi: Night of the Living Jews. Sí, sí, como habeis leído, jeje. Es un corto, de apenas 20 minutitos, bastante divertido, sobre una comunidad de judíos ortodoxos que se vuelve zombie por un supuesto virus que crearon los nazis. Y la única manera de acabar con ellos es atacarlos con comida no kosher...

Y, aparte de este corto, hay otro bastante reciente, también de temática zombie, pero desde un punto de vista: unos niños supervivientes del Apocalipsis Zombie... y bastante asilvestrados. Lo podreis ver en este enlace.

Antes de terminar, el segundo regalo de esa mañana: después de haber leído esto, y descubir (bastante asombrado) la vida y milagros de Bud Spencer (nadador en los Juegos Olímpicos, una licenciatura en Derecho...) Televisión Española me alegra la mañana con "Le llamaban Trinidad". Sin duda, perfect timing del encargado de la parrilla. ¡Me descubro ante él! (Mi reflexión tras todo esto es: tanto estudiar, tanto entrenar... y luego pasar a la historia como un gañán repartiendo sopapos)

sábado, 20 de diciembre de 2008

The Bank Job

El otro día, en casa de unos amigos, estábamos echando una ojeada a la "cartelera" de novedades en Dos Punto Cero Visión, y, no sé por qué, acabamos poniendo "The bank job". De lo primero que te das cuenta es de lo mal elegido que estaba el cartel: con esos tonos metalizados, esos grises y azules tan de peli de acción cutre... y la presencia de Jason Statham era el mayor factor de duda... ¿estaría la peli más cerca de "Lock and Stock", o de la saga de "Transporter"? Por suerte, estaba más cerca de la primera, no sólo visualmente, si no que tienen bastantes paralelismos en sus historias.

En "Lock and Stock" teníamos a un grupo de chavales, con algún que otro trapicheo, pseudo criminales de poca monta, que quieren dar un golpe demasiado grande para ellos. Así que se ven metidos en algo que no pueden controlar, con gente que está muy por encima de ellos en el mundillo del hampa (cómo me gusta esa palabra) y metiéndose en demasiados problemas. En "The bank job" se pasa del protagonismo más repartido entre el grupo de amigos a un liderazgo más claro de Statham, cosa que hace resentirse un poco la película, ya que no es demasiado expresivo...

The Bank JobAl principio de la película nos dicen que está basado en un hecho real, un atraco a un banco a pricipios de los años setenta, y que, al parecer, está rodeado de bastante misterio. He de reconocer que siento bastante debilidad por esta ambientación setentera, bastante deudora de películas como "Bullit", aunque, evidentemente, sin Mc Queen, o sin esa increíble banda sonora... Pero el aspecto retro está bastante cuidado, con una fotografía que sabe atrapar esos colores tan propios de la época. Volviendo a la historia, en este Londres setentero, hay una especie de activista por los derechos civiles, bastante incendiario en sus declaraciones, pero con un turbio trasfondo de tráfico de drogas, prostitución, etc, llamado Michael X. En definitiva, toda una joya, y bastante molesto para el gobierno británico, pero con un as en la manga: unas fotos de una princesa de la casa real británica bastantes comprometidas, con lo que no pueden echarle el guante, o desatarían un escándalo. Sin embargo, alguien sabe dónde tiene escondidas estas fotos, y aquí es donde Statham entra en juego: es un (aparentemente) honrado vendedor de coches usados, pero con cierto oscuro pasado, y algunos apuros económicos... Y una antigua novia va a proponerle un plan que no podrá rechazar: tiene un amante que le ha dicho que va a haber un cambio de alarma en un banco, y su cámara de seguridad no tendrá sistema de alarma durante un fin de semana. Sólo necesita un grupo de gente de confianza para entrar, coger todo lo que se pueda y huir. Sin embargo, a Statham todo esto no le huele muy bien, y sospecha que hay algo oculto... no sabe que están haciendo el trabajo sucio para unos jefazos del MI5, el servicio de inteligencia británico.

No tardan en ponerse manos a la obra, tratando de pasar desapercibidos, excavando un túnel bajo el banco... hasta que un radioaficionado escucha una de sus transmisiones de walkie talkie y decide avisar a la policía. Así que ya tenemos, por un lado, a la policía tratando de saber dónde se está produciendo el robo, y al MI5 tratando de entorpecerlos. Y aquí vuelven los paralelismos con "Lock and Stock": el cúmulo de casualidades, todo ese perfect timing de errores y confusiones. Y en cuanto entran en la cámara acorazada, el homenaje a "Lock and stock" se hace aún más evidente: han robado a un pez gordo de la mafia, que tratará de recuperar lo robado por sus propios medios, y a un montón de gente importante más, que tenía guardado en ese banco algunos secretos muy turbios. Sin embargo, mientras en "Lock and stock" los chavales eran una panda de inútiles que se veían arrastrados sin saber qué hacer, aquí Statham engaña a todo el mundo, sabiendo que tiene algo muy valioso en sus manos (los trapos sucios de gente demasiado importante...) y a la vez demasiado peligroso. Así que tiene que tratar de escapar de todos los que lo persiguen, usando una vieja estrategia: divide y vencerás.

No voy a contar más para no destrozar la película... por que lo más interesante son todos estos juegos de manos, las fintas en las fintas de las fintas... Quizá el género esté muy explotado por la ya mentada "Lock and stock", o los trucos de "Oceans' 11", sin embargo, en esta película tienen una madeja bastante liada, y consiguen resolverlo todo de una forma muy interesanta.

martes, 9 de diciembre de 2008

Visiones divergentes

El planteamiento de Funny Games, de Haneke, y Hard Candy, de David Slade, es, en principio, bastante similar: en la primera, una familia acomodada, pudiente, se dispone a pasar el fin de semana en su casa de campo, hasta que un par de jóvenzuelos perturbados aparecen en su puerta para convertirlos en las cobayas de su juego mortal. En la segunda, el protagonista es un reconocido fotógrafo, y su torturadora, una adolescente.

Hard CandySus parecidos son aún mayores a nivel estético: todo es muy limpio, muy blanco, aunque es "Hard Candy" la que más cuida el aspecto visual. Quizá sea esa la diferencia entre las dos películas: la elección entre ética o estética. Y en "Hard Candy" se han decantado por hacer una película demasiado estética, demasiado visual, con una fotografía muy brillante, saturada... encuadres extraños, buscando despistar al espectador, hacerlo sentir incómodo.

Pero, aparte de estas similitudes superficiales, las diferencias son mucho más profundas. Haneke busca que te distancies de su película, que veas toda esa violencia desde lejos, busca que no te involucres en ella para que puedas tratar de juzgarla más objetivamente. Hay muchos análisis de "Funny Games", así que no pretendo entrar en más detalle. Haneke simplemente te muestra esas escenas violentas, para que reflexiones acerca de esa misma violencia: la violencia en la vida real, y la violencia en el cine, y cómo nos enfrentamos de maneras muy distintas a cada una deMichael Haneke ellas. Pero Slade busca todo lo contrario: hacer que te metas en la película, que empatices con la chica protagonista, o con el fotógrafo. Por que la violencia mostrada en las dos películas es muy, muy diferente: en "Funny Games" no tiene sentido, es violencia por la violencia, pero en "Hard Candy" sí está justificada. Esto supone el mayor contraste entre las dos películas: "Funny Games" es incómoda, por que no tiene sentido, no sabemos qué pasa. Pero "Hard Candy", a pesar de todas estas similitudes, es una película completamente inofensiva. Y es inofensiva, por que, a diferencia de "Funny Games", no te hace pensar. Te presenta unos hechos, te explica qué está pasando y por qué, te lo da todo mascado.

"Hard Candy" pretende ser una película alternativa, arriesgada. Pero en el fondo no es nada más que una especie de travesura inocente. No quiere, o no puede, ir más allá. Por que lo arriesgado en "Funny Games" no es la violencia que muestra, y esto es lo único que ha sabido copiar David Slade.

domingo, 23 de noviembre de 2008

No queda consuelo...

Hay algunas películas de las que me gusta informarme antes de ir a verlas: leer reportajes, o alguna crítica, para saber por donde pueden ir las cosas, o incluso qué esperarme de la película a la hora de verla. Otras, en cambio, intento verlas sin ningún tipo de idea preconcebida. Generalmente, aquellas que más crea que me puedan defraudar. Y luego hay otras a las que no presto ningún interés, hasta que un día, por casualidad, surge la oportunidad de verla. Eso me ha pasado con la última película de James Bond: "Quantum of solace". Y la verdad, hubiera preferido seguir sin prestarle atención a la peli.

No voy a entrar a valorar esta entrega respecto a "Casino Royale", o a los otros intérpretes del agente británico, aunque la anterior película con Daniel Craig le daba un nuevo estilo a Bond, muy diferente del estirado Pierce Brosnan, pero todo lo que prometía mejorar con el estreno del nuevo Bond, se ha perdido en esta... Un absoluto caos visual, en el que las "hescenas de alción" son simplemente una confusa sucesión de flashes, planos de uno o dos segundos desde diez, quince, o veinte puntos de vista distintos, lo que hace que no te enteres de nada, y te marees si tratas de seguirla. Aparte de esto, una historia que avanza a base de idiot plots, en los que la estupidez de los sicarios de los villanos es bastante más determinante que la habilidad de Bond. El cúlmen de todo esto es (SPOILER!!) una persecución aérea en la que un caza, a punto de derribar el avión de carga en el que va Bond... ¡¡se estrella contra unas rocas!! El factor enemigo suicida llevado al máximo exponente.

Por no hablar de la lamentable labor de doblaje. No se salva ninguno, con una mezcolanza de acentos en los que en lugar de parecer franceses, o rusos, simplemente parecen que no saben hablar...

No os gasteis ni un euro en ver esto, por vuestro bien

viernes, 7 de noviembre de 2008

Die nacht der lebenden loser

O, como se ha traducido en español, "La noche de los pringados vivientes" (imdb). Pero el título en alemán suena mucho mejor :)

Como siempre, esta entrada viene un poco tarde. Había estado pensando en escribirla desde el fin de semana pasado, pero he pasado una intensa semana con mi proyecto de máster. Bueno, el caso es que el anterior finde, parece que todo el mundo quiso apuntarse a la fiesta de Halloween, hasta en Radio 3 hicieron un especial de música "terrorífica", y desde luego que lo era... cayeron un par de joyas como el Drácula Yeyé de ¡Andrés Pajares! y el tema de Brácula, la segunda peli que hizo Chiquito. Aunque, poco después me dio por pasarme por Viruete y vi por allí también la canción de Pajares, e incluso este monográfico sobre su etapa musical... así que me hace pensar que quizá la gente de la radio haya usado estas fuentes para inspirarse.

Bueno, a lo que iba: estaba en casa de unos amigos un sábado por la noche, con la tele puesta de fondo, hasta que oímos el título de la peli, y, claro, tuvimos que verla :) y es que si una peli de zombies ya es bastante reclamo para mí, mucho más una peli de zombies completamente chorra. No sólo era una película gilipollesca, si no una parodia de las típicas historias de instituto, con sus jugadores de rugby, los matones, y, por supuesto, ¡los gilís! que son, como dice el Gilís, vudú y polvo de zombietítulo, los protagonistas de la película. Desde el principio la peli deja claro que nada es en serio: uno de los gilís, para tratar de ligarse a la jefa de animadoras, intenta que su vecina/mejor amiga le enseñe a hacer vudú. Así que una noche, él y sus dos amigos (uno, el megaempollón de la clase, y otro, el fumeta) van con el "club del vudú" a hacer un ritual al cementerio, para tratar de resucitar a un muerto, pero claro, los que hacen vudú son tan imbéciles como los protagonistas, nada de la ceremonia sale bien y los tres protagonistas acaban cubiertos de polvo de zombie. El caso es que acaban teniendo un accidente de coche, y despertando en la morgue... como zombies. Y a partir de ahí, los gilís zombie se convierten en los más populares del instituto, machacan a los matones y está a punto de ligarse a la jefa de animadoras... hasta que nuestro querido gilí descubre ¡¡¡que está enamorado de su vecina!!! ¡la del club del vudú! Y, mientras tanto, tienen que conseguir atrapar a su amigo empollón, que se está dedicando a vengarse de todos los que le han hecho putadas a lo largo de su vida, hasta que se descontrola y empieza a comerse a la gente, y también conseguir un remedio para dejar de ser zombies.

La peli es cutre, pero por lo menos está hecha con ganas de reirse de todo, hasta de sí misma, metiéndose con todos los tópicos de estas películas, llena de situaciones absurdas, una peli perfecta para verla en ese momento, una noche de sábado, con unos colegas tomando unas birras.

miércoles, 8 de octubre de 2008

The Longest Yard

Hoy toca variar un poco de tema... Las dos últimas entradas han estado muy enfocadas hacia el metablogging, y creo que tengo que darle un descanso al blog, aunque aún queda mucho que rascar sobre esos temas. Tengo unos cuantos enlaces pendientes de lectura y unas cuantas reflexiones que madurar.

Y también quiero cambiar un poco los temas, por que este blog cada vez me parece más serio, y no era la seriedad su propósito inicial. Así que quiero intentar recuperar poco a poco el espíritu que (creo) tenía este blog en sus comienzos. Y, para empezar esta vuelta al origen, toca hablar de otro de los blockbuster habituales de la Continental Auto (ahora en manos de la pérfida Alsa...): el remake de The Longest Yard, que creo que en español lo han llamado El clan de los rompehuesos. En fin, una de esas joyas de la traducción a las que nunca nos acostumbraremos.

Ya es la segunda vez que la veo en el autobús, y, aunque en la primera vez no le hice mucho caso, le he dado otra oportunidad en mi último viaje, y ha resultado una grata sorpresa... no es ninguna joya del séptimo arte, pero bueno, hace que un largo viaje en autobús resulte mucho más ameno, y tiene unas cuantas escenas divertidas ¿qué más se le puede pedir a una peli del bus?

Adam Sandler y Burt ReynoldsEl argumento es muy sencillo: Paul Crewe (Adam Sandler) es un jugador de fútbol americano, que tras amañar un partido y unos encontronazos con la ley, acaba en la cárcel. Una vez allí, el alcaide le ofrece un trato: entrenar un equipo de presidiarios para que se enfrenten en un partido al equipo de los guardias, para que estos puedan vapulearlos y subir su moral al comienzo de la temporada. A partir de aquí tenemos la típica historia carcelaria, de criminales de buen corazón enfrentándose a unos guardias realmente malvados, muy aficionados a los esteroides y las palizas indiscriminadas. En el fondo la peli no es más que una historia de superación personal, de esas que tanto gustan en los Estados Unidos, donde unos oprimidos han de luchar desde una clara desventaja, sin más recompensa que el honor y el orgullo. Pero, una vez te olvidas de este trasfondillo queda una historia divertida, y unos cuantos personajes bastante bizarros, de los que Adam Sandler y el pesado de Chris Rock son los menos interesantes. Pero aún así mola ver a Burt Reynolds (que al principio confundí con Billy Bob Thornton), al agente Mahone haciendo de capitán del equipo de los guardias, y al resto del elenco pasándolas putas en los entrenamientos, y en el épico y tópico partido contra los guardias.

En resumen: la peli es divertida, aunque no es de esas que me hubiera puesto a ver por mí mismo... Aunque me ha picado la curiosidad por ver la primera versión.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Buenas noches, y buena suerte

En la Continental suelen deleitar a los pasajeros de sus autobuses con lo más granado del videoclub. El patrón de todas sus películas suele ser el mismo, abundan las comedias románticas, bastante descerebradas todas ellas, pero de vez en cuando, no sé por qué, aparece alguna película que, sin ser necesariamente una obra maestra, sí que se eleva muy por encima de las habituales. Así que, con esto en mente, ayer tuve que coger uno de estos autobuses. Y, cómo no, en la primera etapa del viaje cayó "El hombre perfecto", una historia romántica llena de moralina de Hillary Duff. En fin, peli bastante a olvidar. Lo único salvable es la Hillary, jeje.

Good Night, and Good LuckAl menos, en la segunda etapa del viaje ocurrió uno de esos raros milagros que comentaba antes, y nos pusieron "Buenas noches, y buena suerte", de George Clooney, en la que cuenta la historia de un grupo de periodistas luchando contra la caza de brujas de McCarthy, la cruzada de los elementos más conservadores de los EE. UU. contra el mal ubicuo e invisible del comunismo. En la persona de Edward R. Murrow, un presentador de la cadena CBS se centra no sólo la historia, si no toda la reflexión que Clooney quiere hacer a través de esta película, acerca del deber, y el derecho, de un periodista a informar libremente, a luchar por la libertad. Este pequeño grupo de periodistas no dudan en arriesgarse por su libertad, en luchar para que McCarthy no instaure un reinado de terror, no quieren vivir atemorizados. Y es que McCarthy ve enemigos por todas partes, en cada persona que se le opone ve un comunista, un enemigo del pueblo, y es que este incansable luchador contra el comunismo hace uso de los métodos del gran terror estalinista.

Creo que esta es una película que debería ser vista por la gente que puebla los medios en nuestro país, mayoritariamente una panda de catetos, más preocupados por las bragas de las tonadilleras, todo ello en nombre de la libertad de expresión y del derecho a la información. Nunca antes se habían usado tan altos ideales para defender tan bajos instintos.

Aparte de esta necesaria reflexión, la película tiene otros buenos puntos. Entre ellos, la (en mi opinión) soberbia actuación de David Strathairn como Murrow, y, sobre todo, la fotografía tan clásica, en blanco y negro, el contraste entre luces y sombras y el dramatismo que esto provoca, las imágenes tienen una fuerza que en color se pierde.

lunes, 14 de julio de 2008

Cronenberg contra J. G. Ballard

A raíz del artículo de Truffaut contra Henry James, pensé en ir ampliando poco a poco la serie, enfrentando al autor de la adaptación con el autor de la obra. Y, cuando cogí Crash en la biblioteca, pensé que era una oportunidad estupenda.J. G. Ballard

He de reconocer que Cronenberg hace una adaptación muy buena. No sabría si decir que lleva la novela de Ballard a su terreno, por que la novela explota muchas de las fijaciones que Cronenberg ha ido mostrando en su cine, sobre todo en el ciclo de la Nueva Carne (las ideas de la transformación del cuerpo a través de la tecnología), y la violencia. Los personajes de Crash están obsesionados con los accidentes de tráfico, y ven las heridas, las cicatrices producidas en los coches como un nuevo paso en la evolución, la primera etapa de la fusión entre el hombre y la máquina más idolatrada por la humanidad: el automóvil. La novela se estructura como una experiencia iniciática de un trasunto del propio Ballard, un directivo gris, con una extraña relación con su mujer... unidos por una sexualidad un punto enfermiza. Y este es uno de los puntos que diferencian la novela y su adaptación. En la película las escenas sexuales son bastante explícitas, sin embargo, Cronenberg no consigue transmitir la misma frialdad que Ballard al narrarlas, usando un lenguaje lo más científico, o médico posible, con personajes alienados, ausentes, mecánicos.

David CronenbergCuando el personaje de Ballard sufre un accidente de coche, acabará conociendo a un personaje bastante inquietante, Vaughan, obsesionado con los accidentes de tráfico, que irá atrapando a Ballard en su paranoia. Y aquí está la segunda diferencia entre las dos versiones: el Vaughan de Ballard es inquietante, extraño, y a la vez extremadamente magnético, capaz de atraer a la gente a su locura, hacerles partícipes de sus ideas y de sus extraños rituales. Y el Ballard de la ficción es completamente cautivado por él, entrando en su círculo de víctimas de accidentes. A partir de aquí, la historia entra en una espiral de sexo enfermizo, con un fetichismo completamente bizarro por las cicatrices y los automóviles, buscando a través de ellos la nueva carne, las nuevas formas humanas, con estos personajes alejándose cada vez más de su anterior "humanidad", intentando con cada uno de estos rituales sexuales llevar un paso más allá su transformación, su comunión con el vehículo, que los llevará a la búsqueda definitiva de esta unión: el accidente mortal, como la cumbre de su fascinación por los automóviles, el sexo y la muerte.

A aquellos que hayan visto la película, les recomiendo encarecidamente el libro, y vicecersa.