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sábado, 6 de septiembre de 2008

Buenas noches, y buena suerte

En la Continental suelen deleitar a los pasajeros de sus autobuses con lo más granado del videoclub. El patrón de todas sus películas suele ser el mismo, abundan las comedias románticas, bastante descerebradas todas ellas, pero de vez en cuando, no sé por qué, aparece alguna película que, sin ser necesariamente una obra maestra, sí que se eleva muy por encima de las habituales. Así que, con esto en mente, ayer tuve que coger uno de estos autobuses. Y, cómo no, en la primera etapa del viaje cayó "El hombre perfecto", una historia romántica llena de moralina de Hillary Duff. En fin, peli bastante a olvidar. Lo único salvable es la Hillary, jeje.

Good Night, and Good LuckAl menos, en la segunda etapa del viaje ocurrió uno de esos raros milagros que comentaba antes, y nos pusieron "Buenas noches, y buena suerte", de George Clooney, en la que cuenta la historia de un grupo de periodistas luchando contra la caza de brujas de McCarthy, la cruzada de los elementos más conservadores de los EE. UU. contra el mal ubicuo e invisible del comunismo. En la persona de Edward R. Murrow, un presentador de la cadena CBS se centra no sólo la historia, si no toda la reflexión que Clooney quiere hacer a través de esta película, acerca del deber, y el derecho, de un periodista a informar libremente, a luchar por la libertad. Este pequeño grupo de periodistas no dudan en arriesgarse por su libertad, en luchar para que McCarthy no instaure un reinado de terror, no quieren vivir atemorizados. Y es que McCarthy ve enemigos por todas partes, en cada persona que se le opone ve un comunista, un enemigo del pueblo, y es que este incansable luchador contra el comunismo hace uso de los métodos del gran terror estalinista.

Creo que esta es una película que debería ser vista por la gente que puebla los medios en nuestro país, mayoritariamente una panda de catetos, más preocupados por las bragas de las tonadilleras, todo ello en nombre de la libertad de expresión y del derecho a la información. Nunca antes se habían usado tan altos ideales para defender tan bajos instintos.

Aparte de esta necesaria reflexión, la película tiene otros buenos puntos. Entre ellos, la (en mi opinión) soberbia actuación de David Strathairn como Murrow, y, sobre todo, la fotografía tan clásica, en blanco y negro, el contraste entre luces y sombras y el dramatismo que esto provoca, las imágenes tienen una fuerza que en color se pierde.