Estos días he estado viendo Hermanos de sangre, la serie sobre la Segunda Guerra Mundial que Spielberg y Tom Hanks produjeron tras Salvar al soldado Ryan. No voy a entrar a analizar la serie, por que ya hay infinidad de reseñas y críticas por ahí. Me voy a centrar en una escena en concreto.
Tras el final de la guerra, tanto Europa como Estados Unidos tardaron mucho tiempo en recuperarse, tanto del esfuerzo bélico como de los horrores descubiertos en los campos de exterminio. El cine europeo trató durante mucho tiempo de asimilar el horror, sin saber muy bien cómo afrontarlo, mientras que en Estados Unidos el cine se centró en vender las bondades de su intervención en Europa (algo indiscutible, por otra parte, esta entrada no va a cuestionar eso), digamos que a tratar el horror de la guerra como un sacrificio, doloroso, pero necesario.
Quizá la imagen más icónica de este sacrificio sea el desembarco de Normandía, el Día D. No hay más que pensar en lo influyente que fue la escena del desembarco que rodaron en Salvar al soldado Ryan, replicada en películas como Troya, de Wolfgang Petersen, en la escena del desembarco de la flota griega en las playas de Troya, o la batalla en la playa del Robin Hood de Ridley Scott. Esta es una parte muy clara de la mitología creada alrededor de esta guerra a través del cine. Pero hay más, y es que las películas, o en este caso una serie, son herramientas muy poderosas de transmisión de ideología, más eficaz cuanto más sutil sea esto. Y parte de la ideología de Hermanos de sangre se centra en el sufrimiento de los soldados, cómo experimentan el horror de la guerra y cómo pueden soportarlo sabiendo que es una guerra justa, contra un enemigo que apenas tiene rostro en la serie. Es cierto que en ocasiones se da un poco de humanidad a los alemanes, pero suele ser para que el soldado estadounidense se de cuenta de ello, son momentos puntuales, donde se humaniza al alemán para crear un efecto en el soldado estadounidense, para que el espectador se de cuenta de cómo el soldado estadounidense sufre por haber disparado a un semejante, pero no para que el espectador se de cuenta de que los otros cientos de alemanes que mueren durante la serie son también seres humanos.
Como decía antes, esta ideología debe ser sutil, sí, pero también debe transmitirse en momentos concretos: en un episodio mueren cien alemanes, pero sólo se muestra la cara de uno de ellos al espectador, sólo uno es humano, y el resto no importan. Ahora, mirad este video
¿Qué es lo que vemos? En 3:15, un soldado estadounidense tira una granada al interior de una casa, en 4:10, otra granada, en 4:20, disparan un cohete contra una casa, y en 4:35... muestran cómo el soldado no tira la granada... por que hay civiles en la casa. Pero ¿y en las otras casas que han volado?¿No había civiles? Mostrando al soldado que no llega a lanzar la granada muestran cómo los soldados estadounidenses no querían herir o matar civiles, se le subraya esto al espectador, pero éste nunca llega a pensar que en las otras casas han podido matar a varios civiles, antes de que éste pueda pararse a pensar, distraído por la rápida acción de la escena, fascinado por el despliegue de violencia y preocupado por algunos personajes, se le suministra el antídoto moral: antes de que pueda pensar en los civiles muertos en el combate, se le muestra una buena acción para con ellos, y así no tiene que volver a pensar en el tema.
Ahí está el poder de la ficción para transmitir una ideología.
Tras el final de la guerra, tanto Europa como Estados Unidos tardaron mucho tiempo en recuperarse, tanto del esfuerzo bélico como de los horrores descubiertos en los campos de exterminio. El cine europeo trató durante mucho tiempo de asimilar el horror, sin saber muy bien cómo afrontarlo, mientras que en Estados Unidos el cine se centró en vender las bondades de su intervención en Europa (algo indiscutible, por otra parte, esta entrada no va a cuestionar eso), digamos que a tratar el horror de la guerra como un sacrificio, doloroso, pero necesario.
Quizá la imagen más icónica de este sacrificio sea el desembarco de Normandía, el Día D. No hay más que pensar en lo influyente que fue la escena del desembarco que rodaron en Salvar al soldado Ryan, replicada en películas como Troya, de Wolfgang Petersen, en la escena del desembarco de la flota griega en las playas de Troya, o la batalla en la playa del Robin Hood de Ridley Scott. Esta es una parte muy clara de la mitología creada alrededor de esta guerra a través del cine. Pero hay más, y es que las películas, o en este caso una serie, son herramientas muy poderosas de transmisión de ideología, más eficaz cuanto más sutil sea esto. Y parte de la ideología de Hermanos de sangre se centra en el sufrimiento de los soldados, cómo experimentan el horror de la guerra y cómo pueden soportarlo sabiendo que es una guerra justa, contra un enemigo que apenas tiene rostro en la serie. Es cierto que en ocasiones se da un poco de humanidad a los alemanes, pero suele ser para que el soldado estadounidense se de cuenta de ello, son momentos puntuales, donde se humaniza al alemán para crear un efecto en el soldado estadounidense, para que el espectador se de cuenta de cómo el soldado estadounidense sufre por haber disparado a un semejante, pero no para que el espectador se de cuenta de que los otros cientos de alemanes que mueren durante la serie son también seres humanos.
Como decía antes, esta ideología debe ser sutil, sí, pero también debe transmitirse en momentos concretos: en un episodio mueren cien alemanes, pero sólo se muestra la cara de uno de ellos al espectador, sólo uno es humano, y el resto no importan. Ahora, mirad este video
¿Qué es lo que vemos? En 3:15, un soldado estadounidense tira una granada al interior de una casa, en 4:10, otra granada, en 4:20, disparan un cohete contra una casa, y en 4:35... muestran cómo el soldado no tira la granada... por que hay civiles en la casa. Pero ¿y en las otras casas que han volado?¿No había civiles? Mostrando al soldado que no llega a lanzar la granada muestran cómo los soldados estadounidenses no querían herir o matar civiles, se le subraya esto al espectador, pero éste nunca llega a pensar que en las otras casas han podido matar a varios civiles, antes de que éste pueda pararse a pensar, distraído por la rápida acción de la escena, fascinado por el despliegue de violencia y preocupado por algunos personajes, se le suministra el antídoto moral: antes de que pueda pensar en los civiles muertos en el combate, se le muestra una buena acción para con ellos, y así no tiene que volver a pensar en el tema.
Ahí está el poder de la ficción para transmitir una ideología.

