martes, 1 de abril de 2008

fin y nuevo comienzo

Hoy es el primer día de abril, y llevo unos días pensando en actualizar, buscando algún tema, tratando de encontrar alguna idea que me permita rellenar esta caja de texto en la que escribo, algo que ocupe el suficiente número de líneas como para que merezca la pena tanto escribirlas como pensarlas, pero es difícil encontrarlo. Me encuentro disperso: me cuesta concentrarme, leer algo de un tirón, sea un artículo en un blog, o el capítulo de un libro, y descubro que aunque mis ojos sigan las líneas y los párrafos, mi mente está divagando por algún otro lugar... A los escasos segundos de ponerme a hacer alguna cosa, siento ganas de dejarlo y ponerme a hacer algo distinto, en fin... un desastre.

Así que me enfrento a esta caja de texto vacía... sin ninguna idea en concreto. O quizá con un par de ideas, pero demasiado nebulosas aún, una nube de palabras, conceptos, incoherente, sin apenas conexiones entre sí. La dos giran en torno a un par de películas que he visto este fin de semana.

La primera, ciertamente decepcionante: Tygra, Hielo y Fuego, y eso que a priori, era una película que hubiera podido encantarme: fantasía heroica, espada y brujería, como querais llamarlo, bárbaros y hechiceros enfrentándose, voluptuosas mujeres apenas cubiertas con vaporosos tejidos, en fin, una historia con todos los ingredientes necesarios para ser realmente apasionante en las manos adecuadas. ¡Y parecía que estaba en esas manos! Quizá Bakshi no sea un genio de laFrazzeta - Death Dealer animación, pero al menos estaba respaldado por la maestría de Frazetta, y con Roy Thomas, guionista de Conan, colaborando en el guión.
El primer engaño está en la portada: "La leyenda del cómic Frank Frazetta (creador de Conan el Bárbaro [...])". Vale que Frazetta ha hecho algunas de las mejores ilustraciones para Conan, pero de ahí a convertirlo en su creador, va un abismo! Si esto no es publicidad engañosa... Y sin embargo, la presencia de Frazetta apenas parece ir más allá de la aparición de su icono más famoso: Death Dealer (a la derecha).
La animación, como ya usó Bakshi para su adaptación de El Señor de los Anillos, se hizo mediante rotoscopio (dibujar encima de las secuencias filmadas) lo que, contraproducentemente, hace que los movimientos muchas veces parezcan irreales, extraños, las líneas ondulan, se desdibujan y desaparecen... ver moverse a los personajes es ciertamente extraño, da una sensación muy pobre, que se ve resaltada por lo austero de las escenas... ciertamente, los fondos están muy detallados, sobretodo en las secuencias de la selva, pero aparte de este fondo, apenas hay nada, y, uno de los detalles que más empobrece la película es la casi total ausencia de sangre, salvo en algunas de las escenas de Darkwolf, el personaje representado por Death Dealer, lo cual resulta muy triste, teniendo en cuenta que durante toda la historia hay combates: espadazos, flechazos, un dinosaurio que devora a varios esbirros del Malo... todo esto, completamente aséptico, y a la vez, cutre. Además de ser en ocasiones confuso.

Pero esta pobreza de medios podría verse compensada por un buen guión... pero no termina de ser el caso: la historia está planteada muy tópicamente, lo cual no tiene por qué ser un problema, pero el contexto con el que han pretendido envolver la aventura de pura espada y brujería resulta demasiado forzada. La situación podría resumirse en un héroe bárbaro buscando venganza de los esbirros sub-humanos del Señor Oscuro de turno, y del rapto de la Princesa por un grupo de estos esbirros. Así, toda la parte central de la historia, en la que el héroe se encuentra con la princesa, su huída a través de la pantanosa jungla, sus luchas con los subhumanos, el nuevo rapto de la princesa, la aparición del Guerrero Legendario que guía y ayuda a nuestro héroe están narradas con agilidad, hay acción a raudales y el resultado es una pequeña historia de espada y brujería apasionante. Sin embargo, el desenlace, la Batalla Final hace que todo se precipite hacia el abismo de la vulgaridad, aplastado bajo el peso de un montón de diálogos francamente absurdos, de épica barata y sonrojante.

Dino BuzzatiY, por el otro lado, Il Segreto del Bosco Vecchio (El Secreto del Bosque Viejo), de Ermanno Olmi, basado en la novela homónima de Dino Buzzati. Ví de refilón el programa de la filmoteca para el sábado pasado, así que me animé a ir a verla, y no me defraudó, ni como película, ni como adaptación. No voy a entrar a comentar el argumento de la novela, si no la sutil habilidad para trasladar toda la magia que se desprende de la historia de Buzzati a la pantalla, cosa que, una vez vista la película, parece de lo más natural.
Y es que resulta difícil poner en imágenes una historia cuyos protagonistas no son sólo los habitantes de la villa en el Bosque Viejo, si no sus árboles, sus animales, su viento. El bosque y la Naturaleza desempeñan un papel más importante que las personas, no sólo en la narración, si no también en el desarrollo visual de la Il Segreto del Bosco Vecchiopelícula: las escenas en las que ha de hablar la naturaleza no están simuladas con efectos especiales, la lluvia, la tempestad, todo es real. El juego de imágenes hace que los animales parezcan hablar y ejecutar su parte del guión. Así, la naturaleza se muestra en todo su esplendor, plasma en la pantalla la sensación sublime de contemplar las montañas elevarse por sobre el bosque, de ver a la tormenta invernal sacudir los árboles, descargando su furia. Otro de los juegos más efectivos es el logrado para representar al Viento Matteo, las escenas en las que recorre el bosque o habla con alguno de los demás protagonistas, todo conseguido con la habilidad del ilusionista de engañar al ojo y la mente.

En definitiva, una adaptación soberbia, que sabe transmitir sobre la pantalla toda la ternura con la que Buzzati cuenta su historia, y, sobre todo, un fascinante juego visual, una excusa perfecta para mostrar imágenes de enorme belleza

viernes, 28 de marzo de 2008

falsificación

Los falsificadores son gente verdaderamente curiosa. Algunos tratan de falsificar dinero, sellos, joyas, cualquier cosa que permita ganar dinero de una manera fácil y rápida. Otros, falsifican arte, sea por ánimo de lucro o por el reto de tratar de ponerse a la altura de un maestro. Otros, más interesantes, pero más difíciles de detectar, se falsifican a si mismos. Y sobre estos últimos escribía su columna semanal el sr. Juan Manuel de Prada (viejo amigo del blog) Su columna quizá pecaba un poco de añorancista, de mirar al supuesto pasado dorado de impostores de los primeros años del siglo XX, época convulsa que ciertamente favoreció a esta gente en su afán de borrar sus vidas para poder recrearlas de nuevo a su antojo.

En lo que creo que no ha pensado el sr. de Prada es en las inmensas posibilidades del mundo de las telecomunicaciones para este mismo propósito, y él mismo fue engañado. Y es que este hombre, aunque me suele gustar leer sus artículos (exquisitamente pedantes...), se ha apuntado al carro de la cruzada continua en la que están metidos los medios de comunicación de derechas españoles. Y en su blog, uno de estos cruzados lanzó una diatriba contra alguno de los ministros. Ante esta oportunidad de presentar batalla, el resto de sus correligionarios no tardaron en hacerse eco de la noticia, a pesar de que fue desmentida poco después. Y es que, estamos en la época de la devaluación de la información. Cualquier dato no vale nada, pues en pocos segundos se pierde en la oleada de nuevas noticias.

Sin embargo, esta vez, la información basura sí que ha servido para algo: para dejar en evidencia a los que prefieren la crítica destructiva al precio que sea. Unos cuantos se han quedado con el culo al aire, verdad?

Y aprovechando esta pequeña diatriba, me gustaría seguir con el tema. O quizá haya aprovechado el tema para poder hacer un poco de proselitismo, no estoy muy seguro.

Siguiendo con la II Guerra Mundial, como comenté en la anterior entrada, fui a ver Los Falsificadores, una película sobre la operación Krüger (también Operación Bernhard) : el plan de falsificación de moneda a gran escala con la que los nazis pretendían colapsar las economías de los aliados, en particular la inglesa, falsificando billetes de libra por valor de más de 100 millones. Y, como entre los cuadros nazis no había nadie capaz de lograr una falsificación aceptable, entran en esta operación algunos de los judíos de los campos de exterminio nazis. Los mejores especialistas en impresión, grabado, etc son llevados a un barracón dentro del campo de Sachsenhausen, aislados de la pesadilla que hay a su alrededor.
Y es precisamente este barracón el eje central de la película: la situación de estos hombres sacados del infierno, que de pronto pasan a ser trabajadores altamente esenciales, recibir comida, ropa... Resultan dramáticas las reacciones de algunos de ellos al ver colchones en su barracón. Han vivido en uno de los peores infiernos jamás existentes, y, de pronto, han pasado a estar en una situación que, comparativamente, resulta privilegiada. Pero el horror está detrás de una endeble valla de madera, noche y día pueden oír como mueren cientos de personas. Entran en juego dos sentimientos: el instinto de supervivencia, y el deseo de justicia. Ayudar a los nazis para sobrevivir, o arriesgar la vida para sabotear la operación. El realismo y el idealismo se enfrentan: el director del equipo de falsificadores Salomon Smolianoff, en la película Salomon Sorowitsch es un personaje complejo, pues sobre él ha de girar este dilema, además de su verdadero reto como falsificador: el hasta entonces imbatible dolar. Y, a pesar de la pesadilla que lo rodea, a pesar del fin que tendrán esos billetes, necesita conseguirlo. Por el otro lado, Burger, retratado en la película como activista político, decidido a sabotear la operación para no colaborar con los nazis. Además de estas dos figuras principales, existe todo el reparto clásico de los dramas carcelarios: el guardián amable, el brutal, el preso que trata de agradar a sus captores... Pero todo ello distorsionado por la pesadilla del Holocausto, la enfermiza relación entre guardias y judíos, la extraña dualidad entre monstruos y hombres de los nazis, capaces de asesinar a sangre fría a uno de los falsificadores y al instante siguiente charlar amigablemente con los demás, son cosas que nunca dejarán de provocarme un escalofrío

viernes, 21 de marzo de 2008

intrahistoria

Vaya!

De nuevo, esto se ha vuelto a quedar parado. Apenas una entradilla recopilatoria de hace más de dos semanas, y es que he estado una buena temporada bastante desconectado, lejos del mundo virtual, sean blogs, flogs o foros... Una temporada en la que solo me apetecía leer, y ya no tanto escribir. Y, sobretodo, alejarse del mundo virtual permite disponer de mucho más tiempo no sólo para el mundo real, si no para el resto de mundos a los que podemos acceder a través de las páginas de un libro, o los fotogramas de una película.

Así, estos días he leído bastante y también he visto bastantes películas. Quizá no sean tantas, pero teniendo en cuenta mi ritmo habitual si son muchas :) He visitado la biblioteca y me he comprado unas cuantas cosas en la Fnac. Me he leído de nuevo la Casta de los Metabarones, bueno, no entera, si no dos de los tres volúmenes de la edición integral francesa, y he comprobado que sigo entendiendo relativamente bien el idioma. También me leí una revista que compré en el aeropuerto, y eso me ha vuelto a dar ganas de encontrar alguna revista que leer de vez en cuando... de pequeño leía un montón de revistas de "divulgación", como la Muy Interesante, aunque a medida que iban pasando los meses me iba gustando menos, algunas revistas de cine, la This is Rock, las FHM que compraba mi compañero de piso... Así que he estado mirando kioskos, ojeando portadas y algunos contenidos en busca de una que merezca la pena, aunque no sé si encontraré alguna. De momento, sí que he visto las subscripciones de la biblioteca de mi barrio, aunque es una lástima que haya que leerlas en la sala.

También he descubierto un par de blogs interesantes, que ya están engordando mi lector de feeds: Historias con Historia, y, como su nombre indica, habla de las anécdotas ocultas tras los hechos que han ido formando los libros de Historia. Otro es Historias de la Ciencia, con un espíritu similar.

En esta entrada descubrí los libros de Jesús Hernández, con hechos curiosos y anécdotas sobre la II Guerra Mundial. Juntar dos cosas que me apasionan :) Así que me fuí a la biblioteca, conseguí uno de sus libros y lo devoré en el autobús. Ahora, en cuanto vuelva a Madrid, volveré a por más, y a volver a sumergirme en la época... Este libro, el libro sobre Stalin de Martin Amis, Koba el Terrible (que estaba en mi lista de deseos), Los Falsificadores, que además es uno de esos hechos desconocidos olvidados tras las batallas y las estadísticas, esos hechos de los que hablan libros como los de Jesús Hernández (en la II G.M.) o los de Carlos Fisas y su Historias de la Historia, y otros tantos autores...

martes, 4 de marzo de 2008

Un día en el museo

Es difícil (al menos para mí) escribir un artículo temático. Necesito que algo me impacte como para llenar durante unos días (o por lo menos unas horas) mi mente, hacerme pensar durante mucho rato sobre ello, sentir la necesidad de hacer una reflexión y ponerla por escrito. Esto, en el mundo actual es casi un imposible: el bombardero de información al que nos vemos sometidos hace que todo circule a demasiada velocidad ante nuestros ojos, y, al final, esos pequeños destellos de reflexión acaban perdiéndose, ya sabeis, como lágrimas en la lluvia...
Muchas veces me he planteado llevar un pequeño cuaderno donde ir apuntando las mil y una cosas que se me pueden ocurrir a lo largo del día, sin embargo, no tengo la constancia suficiente, y también, en el fondo, sé que iba a acabar lleno de demasiadas tonterías como para que mereciera la pena tratar de rescatar algo interesante. Además, el tiempo vuela, y se nos escapa entre los dedos, y volver sobre estos pensamientos sería desperdiciarlo: los verdaderamente valiosos permanecen.

Uno de ellos me ha rondado durante este fin de semana que he pasado en París, y es que me encanta visitar un museo. Sea un viejo conocido o uno completamente nuevo, sea para ver obras famosas o para descubrir alguna nueva. Ojalá hubiera tenido más tiempo para vagar por el Louvre o el Orsay... Poder pasear por sus galerías disfrutando de los cuadros y haciendo pequeños ejercicios mentales: tratar de descubrir a qué escuela pertenece un cuadro desconocido, su época, descifrar su simbología... cosas que quizá para los más académicos sean triviales, pero que para un lego suponen un pequeño reto. Además es genial descubrir que cada vez voy acertando más :)

Mi segunda divagación era sobre una librería de viejo que hay en mi barrio, que me pilla de camino para ir a la facultad, y que algún día va a suponer mi ruina, no sólo por el gasto de comprar libros, si no por el espacio necesario para almacenarlos, y el tiempo pasado entre las estanterías, rebuscando, a la caza de algún libro interesante...

Esta mañana han caído dos... tendré que cambiar de ruta

martes, 19 de febrero de 2008

Después del final

Desde pequeño me han gustado las historias post apocalípticas. Cosas que para el común de los mortales resultan un truño insoportable, a mi me fascinaban. Y esa es la palabra: fascinación. La posibilidad de asomarme a un mundo que ya no es el nuestro, y ver como la gente trata de sobrevivir después de perder todo lo que nos es cotidiano. Dentro de este género, las historias de zombies son una de las más interesantes, sin embargo, en pocas ocasiones la atención va más allá de un entorno pequeño, y un número reducido de personas tratando de sobrevivir. El interés sigue estando en ver cómo esa gente trata de adaptarse a una situación totalmente nueva, dejar atrás la mentalidad de cualquier persona del S. XX. Y es que no nos damos cuenta de cómo nuestra forma de vida es completamente dependiente de un montón de estructuras muy frágiles, desde la electricidad hasta cosas más básicas como la comida o el agua, y si perdemos todo este cascarón social, somos unas criaturas muy indefensas. Pero, como digo, el género zombie no resulta el más interesante para mirar más allá del día del apocalipsis, pues la mirada es muy cerrada, y, sobre todo, por que en la mayoría de películas no existe la esperanza de llegar a un mañana mejor. Sólo la incertidumbre de cúando llegará el final definitivo.

Y, aunque parezca mentira, la esperanza es algo muy importante es estas historias: la esperanza de superar la crisis y volver al pasado, que, aunque reciente, ya es idílico. Esa esperanza es la que anima a los supervivientes en el día a día, lo que da sentido a muchas de estas historias, pues es una razón para luchar y seguir adelante.

Como dije antes, por esto me gustan cosas que a casi todo el mundo le parecen infumables. Una de ellas es "Mensajero del Futuro". Es un ejemplo claro de lo que suelo buscar en historias de este tipo: preocuparse poco por la causa del desastre, y centrarse en la vida de los supervivientes. Esta es una de las cintas en las que la esperanza en la reconstrucción es más importante. Ver como la sociedad se reconstruye poco a poco, en esas fortalezas aisladas, y, contra ellos, el afán destructor del general Bethlehem. Y no sólo está la historia de fondo, si no el entorno, que es una de las cosas que más me gusta de la peli: tanto las ruinas del mundo antiguo como las primeras construcciones del nuevo están muy conseguidas, y, sobre todo, los supervivientes: la caótica sociedad surgida tras el cataclismo, tanto en el lado de la gente de a pie como en el del ejército de Bethlehem.

Pero no quería extenderme demasiado en esta peli, salvo para decir que ganaría bastante recortando algo el final: la esperanza está bien, en justa medida, pero no creo que fuera necesario cerrar del todo la historia y pasar página de esa forma. Me gustaría hablar un poco más de la serie de dibujos animados de los Inmortales, aunque mi recuerdo sobre ella es bastante difuso. Sin embargo, los conceptos básicos que he comentado para Mensajero del Futuro se repiten en esta serie.

Mi reflexión sobre todo esto ha venido tras la lectura de "The Road", de Cormac McCarthy. La historia gira alrededor del viaje de un padre con su hijo a través de unos Estados Unidos desolados tras una catástrofe desconocida, es una visión sobre todo esto comentado antes, pero a la vez completamente distinta. Existe la esperanza, pero sin embargo, es vana, muy vana. El protagonista ha de forzarse continuamente a si mismo para encontrarla, para dar con una razón para seguir adelante, día a día. Por que el mundo ahora es un lugar arrasado, sombrío, y, ante su rectitud y firmeza de espíritu, el resto de supervivientes ha caído en el horror, el viejo dicho del lobo para el hombre, y ante esto, no queda ninguna esperanza de un mañana mejor. Mc Carthy consigue transmitir a la perfección este horror, la tensión de tratar de seguir adelante, la volundad de no ser sólo una presa para la gente que ha retrocedido a su estado más primigeneo. Consigue hacernos sentir el terror que sienten el padre y el niño, y, sobre todo, juega con nosotros para buscar la empatía: sentir a la vez la desesperanza y la necesidad de tener un último clavo al que agarrarse: la ética, como lo único que ha sobrevivido con ellos a la catástrofe.

Todo esto es narrado de una manera brutal, sin concesiones, ni para los dos protagonistas ni para el lector, que siente en sus huesos sus penurias, y en su alma la lucha para no sucumbir ante un mundo muerto. A los que abrais las páginas de este libro, abandonad toda esperanza

jueves, 31 de enero de 2008

Truffaut vs. Henry James

Tras leer "El Altar de los Muertos", de Henry James, esta tarde me he puesto a ver su adaptación cinematográfica: "La Habitación Verde", a cargo de François Truffaut.

No sabría hacer una crítica independiente de la película, pues hace apenas dos días que terminé la lectura del relato de James, y mientras la estaba viendo lo he tenido demasiado presente (lo cual resulta ciertamente irónico, dado el hilo conductor del mismo) y quizá haya prestado más atención a los paralelismos y divergencias entre relato y película que a hacer una valoración puramente cinematográfica.

La historia que se narra es la de un hombre que ha consagrado su vida a la memoria de los muertos, después de haber ido perdiendo poco a poco a toda la gente a la que había querido en su vida, y paulatinamente perdiendo el contacto con los vivos, sumido en su ritual de memoria constante. Y quizá en este planteamiento, aunque cumplido de manera estricta en la peli, sea donde estribe la mayor diferencia... el relato de James tiene una atmósfera decadente, crepuscular... es el retrato de un hombre mayor a quien ya no le queda nadie, salvo sus muertos, a los que dedica su vida, y cada uno de sus pensamientos, de manera minuciosa, mientras que el personaje de Truffaut resulta más inquietante, más obsesivo, no es un entrañable anciano perdido en un mundo que le es extraño, si no que su fijación resulta casi violenta en ocasiones, un hombre que ha sufrido mucho, y ha perdido a demasiada gente demasiado pronto.Esta sensación quizá se deba a la condensación de toda la historia en apenas una hora de película, pasada la primera hora dedicada a la presentación de los personajes. Sin embargo, Truffaut sabe reinterpretar a su manera toda la historia, tomándo las ideas originales y mirando desde otro punto de vista: en lugar de la búsqueda de la empatía de James, el Davenne de Truffaut nos resulta extraño en su obsesión, en su vida para los muertos y su rechazo hacia los vivos. Una vez planteados los dos personajes, con sus diferencias, el desarrollo de la historia discurre en paralelo, aunque, como dije antes, en la película el desarrollo pausado, y la construcción pieza a pieza de toda la historia se ve acelerado, las emociones se acentúan y se hacen más obvias, motivando un cambio en la reflexión que queda tras el final, aunque me temo que no voy a comentarlo por aquí, pues arruinaría totalmente la historia, o, al menos, dos de sus aspectos claves: la memoria, y el perdón.

domingo, 27 de enero de 2008

Into the wild

He de reconocerlo: una de mis principales motivaciones para ir a ver esta película ha sido el disco en solitario de Eddie Vedder que le sirve de banda sonora.

En cuanto a la historia en sí, no deja de ser una revisitación de las novelas de Alaska de Jack London, el anhelo del romanticismo de dejar atrás la ciudad cambiante de la revolución industrial y volver a la naturaleza. Como "viaje interior" (no me gusta nada esta expresión...) está más cerca de las ideas de mediados y finales del siglo XIX que de los diversos movimientos que a lo largo del siglo XX también dejaron atrás la vida cotidiana y se echaron a la carretera, por que, mientras que una de las principales motivaciones de los beatniks es la experiencia de conocer a la gente, y Alexander, el protagonista, busca el aislamiento, la independencia total... En la película hay una escena que marca el destino de Alexander, cuando en uno de sus viajes atraviesa la gran ciudad, de repente siente terror de verse a sí mismo en la sociedad, como una persona normal. Para él la sociedad carece de sentido, y cree que su propio sentido sólo podrá encontrarlo lejos de ella. En esta escena, la peli traza claramente la raya que la separa del espíritu beat, o del espíritu hippie.

Para narrar esto, la historia avanza en tres tramas distintas: la trama de la vida en la carretera, que es el viaje preparatorio para abandonarlo todo. Todos los encuentros que vive, son, de alguna manera, los pasos que ha de dar hasta oír claramente el llamado de la naturaleza. Esta parte de la historia está entrelazada con la segunda trama, que es la historia de todo lo que Alexander deja atrás. Poco a poco nos van contando qué es lo que le ha llevado a echarse a la carretera, pero también vemos el sufrimiento que provoca, y a lo largo de toda la película se nos plantea la cuestión del egoísmo de olvidarse de todo y de todos, de su empeño en alcanzar su objetivo sin mirar atrás. En parte, esta cuestión se enfrenta a mucha de la "pequeña filosofía" que nos van soltando entre Alexander y la gente que se encuentra... y es que, como pueden sernos válidos los consejos de alguien que ha provocado tanto dolor a su familia? Nos entra la duda de la honestidad del viaje: es para encontrarse a sí mismo, o para que sus padres encuentren su ausencia?

Y, por el otro lado, la vida de Alexander en Alaska. Si bien aquí sólo vemos como la evolución mental llega a su fin, se consigue transmitir las sensaciones de la vida aislada, ver como padece las dificultades, pero también sentir lo sublime de la naturaleza, como los paisajes empequeñecen al hombre. Estos son los mejores momentos de la película. Sentir la inmensidad del cielo, de los bosques inabarcables y la enormidad de las montañas, y, ante todo ello, un chico que lo ha dejado todo atrás para poder seguir la llamada de lo salvaje.

En resumen, lo mejor de la película es esa búsqueda de lo sublime, los momentos en que el paisaje envuelve completamente al protagonista, las escenas que te hacen sentir como ante un cuadro de Friedrich, y también la interpretación de Emile Hirsch. Lo peor, el exceso de metraje, que hace que la última media hora de película se haga lenta.

martes, 15 de enero de 2008

Ruidos y zumbidos

Durante este último siglo, la música "popular" ha estado en una revolución permanente: desde los primeros pasos del blues y el jazz, allá por los años 20, el rock como elemento subversivo durante los 50, la expansión del pop durante los 60, la ruptura del punk a finales de los 70, la aparición de la electrónica hacia principios de los 80 y el actual maremagnum de géneros, estilos y autores.

Sin embargo, comparando la música con otras artes, aún parece estar en un estadio anterior: en la mayoría de casos, la música es "figurativa", las canciones cuentan historias, más o menos complejas, más o menos conscientemente, pero lo que se transmite es, en cierto aspecto, narrativo. El siguiente paso debería ser una aproximación "impresionista" a la música: volcarse en transmitir algún tipo de sensación sin apoyarse en ningún tipo de historia.

En este aspecto, estas dos corrientes han optado por dos caminos divergentes: en el drone, la mayoría tratan de buscar las emociones más primarias, y la emoción más primaria en el hombre es el miedo. Así, el sonido es oscuro, opresivo, agobiante: su objetivo es inquietarnos, despertar los miedos más primitivos, apelar a la memoria racial de la que hablaban Jack London o R.E. Howard.
Algunos artistas, de los que hablaré más adelante, han estado experimentando con ese concepto, con mayor o menor acierto.

Por otro lado, otro de los factores de cambio han sido las estructuras en las que se basa la música: desde principios de siglo se han venido utilizando ciertos patrones. Casi todos los cambios de los que he hablado al principio no han sido más que modificaciones a estas estructuras. ¿Acaso no sería posible hacer algo nuevo, algo sin estas estructuras? Quizá uno de los primeros intentos sería el free-jazz. Ornette Coleman empezó a experimentar con las improvisaciones, y luego el género llegaría a lo más alto con Charles Mingus, John Coltrane o Miles Davis. Sin embargo, a pesar de la improvisación, esta estaba basada en las estructuras previas. La libertad de creación no era completa.


Charles Mingus

Después, durante los años 80, una pequeña corriente dentro de la explosión del heavy metal que hubo en esa década, que luego sería conocida como Avant-garde, trató de quitarse esas estructuras de encima. Es difícil hablar de este género como algo homogéneo, pero, básicamente, su intención era crear algo nuevo, experimentar fuera de los límites conocidos hasta entonces.


Arcturus - The Chaos Path

Es posible que ahora no suene tan revolucionario, por imitaciones posteriores, pero resulta algo verdaderamente original, sobre todo en la época en la que surgió, donde tras la aparente explosión de nuevos géneros, volvemos al mismo problema de siempre: lo aparentemente original no lo es tanto: la banda más extrema y la más convencional comparten las mismas bases.

Ahora tenemos sentadas las bases sobre las que asentar un nuevo concepto de música, y son los dos pilares básicos en los que se fundamentan dos conceptos ligeramente distintos: el Drone y el Noise.

(dentro de la amplitud de los dos campos, me interesa más la etapa más moderna: en el drone la que viene de lo que se conoce como dark-ambient y en el noise el que acabaria derivando en japanoise)

Como primer paso en esta revolución, y como en cualquier otra revolución, los artistas de estos géneros han destruído las estructuras previas. En el drone las viejas estructuras se han sustituído parcialmente por unas nuevas, mientras que en el noise, la destrucción ha sido total.

Gracias a la destrucción de las anteriores estructuras, el nuevo campo de experimentación es mucho más amplio. Mientras que los artistas sometidos a esas antiguas normas se veían más sometidos a la necesidad de la narrativa, esta ahora ya no es necesaria: podemos olvidar las historias y tratar de transmitir emociones, sin necesidad de ninguna envoltura.

Sin embargo, el noise busca otros efectos: El noise, como su nombre indica, no son más que ruidos. Se busca impresionar al oyente, normalmente utilizando sonidos desagradables y ajenos a la música. Ruido a volúmenes muy altos y frecuencias en ocasiones en el límite de lo dañino.

En cuanto a otros aspectos técnicos, los dos géneros varían en cuanto a la "continuidad": en el noise, no existe, cada ¿canción? es una sucesión de ruidos, mientras que en el drone, cada sonido se alarga, creando una especie de "muro de sonido".

Por otro lado, aunque existan grabaciones de estos dos géneros, no son más que la captura de una representación puntual. Cada vez que se ejecuta una de estas piezas se crea desde cero, se produce algo único, cada concierto puede asemejarse a una performance. Quizá como ejemplo puedan servir Sunn O))), uno de los máximos representantes del drone: la música se acompaña de toda una parafernalia para acompañarla




Sunn O)))at Berlin, Volksbühne 2006
(tiene 3 partes, pongo la primera a modo de ejemplo, y la segunda por el momento wheelchair dancing alrededor del minuto 3 :) )

Y es en el noise donde se consigue este verdadero efecto de performance. Desde los caóticos conciertos de Masonna a las experimentaciones con cacharros de Merzbow. Las palabras quizá no sean suficientes :)


Masonna live @ The Bears & La Ma Ma


Masonna
(este video es bastante interesante, ya que en el Masonna explica parte de su filosofía, de sus motivaciones)


Merbow

sábado, 5 de enero de 2008

Análisis: segunda parte

Para esta segunda parte quería tratar de establecer ciertos paralelismos, aunque quizá debiera decir divergencias, entre los patrones de años anteriores y el de 2007, pero he descubierto que el año pasado (2006, aunque a estas alturas ya es "hace dos años") no hice ninguna lista. La última fue mi lista de 2005. Por lo tanto, mi opinión y su posterior análisis no se basan en datos, si no en meras impresiones... Este párrafo no deja de ser una mera excusa, al estílo de lo que hablaba Clau en su blog, pero por otra parte también es una pequeña red, frente a este salto al vacío. Espero no despeñarme :)

Hasta ahora, siempre había tendido a leer más literatura de género. Esto es un poco ambiguo, al no especificar ningún género en concreto, pero podemos usarlo para agrupar bajo un mismo término un buen puñado de cosas: ciencia-ficción, fantasía, terror, novela negra o detectivesca... Frente a esto, frente al género, estaría la Novela, con mayúsculas, al menos, esta es la división aceptada implícitamente por aquellos que consideran todo lo nombrado anterior como una especie de ghetto dentro de la Literatura. A mí esta distinción me parece en muchas ocasiones estúpida y arbitraria, pero me sirve para decir que, este año, la literatura de género ha ido perdiendo terreno, frente al concepto más genérico de novela.
Durante el 2006, descubrí y me aficioné a los libros de la colección de El Club Diógenes, sobre todo a la serie azul, más centrada en el terror y el misterio, y ocuparon gran parte de la lista. Este año, he tratado de ampliar horizontes. Ante mí se extiende un nuevo panorama, amplísimo, por el que hasta ahora no había sentido demasiada curiosidad. Un nuevo campo de procrastinación...

Creo que no voy a hacer como en 2005 y hacer un pequeño resumen de mi opinión acerca de lo más granado del año, ya que parte de ese trabajo ya lo he hecho en entradas anteriores, como la de "Confesiones de un opómano inglés", o "Planos Paralelos", o en alguna entrada resumen, aunque he de reconocer que muchos libros de los que me hubiera gustado hacer algún pequeño comentario se fueron quedando en algún oscuro rincón mental. Si acaso, para una entrada posterior, todo sea por mantener el espíritu futurista de este blog ;)

En definitiva, esta pequeña actualización me servirá como una pequeña sinopsis del 2007, en lo que a lectura se refiere, será interesante volver a leer esto dentro de un año.

jueves, 3 de enero de 2008

Análisis: primera parte

En la entrada anterior dije que intentaría hacer un pequeño análisis de la lista publicada, pero, como deberíais saber, este blog es un lugar de promesas incumplidas, o como mucho cumplidas a medias, así que no me siento demasiado obligado a hacer un análisis demasiado en profundidad, cosa de la que, por otra parte, no me siento demasiado capaz, uno sabe reconocer sus límites.
No sé por qué, este año me ha dado por volver atrás, a los Reinos Olvidados y otros mundos propios de juegos de rol, aunque la verdad es que nunca había leído mucho de estos mundos de fantasía, quizá fuese por la sensación de tener una cuenta pendiente. En cualquier caso, creo que ahora está más que saldada, al menos en cuanto a uno de los pilares básicos de la fantasía juvenil, la Dragonlance... hasta ahora no había leído nada por falta de curiosidad, pero tras haber leído los tres volúmenes de las Crónicas y los dos primeros de las Leyendas, estoy bastante saturado... todo me ha parecido taaaaaaaaan de cartón piedra, los personajes tan de manual, hasta extremos que no imaginaba, siendo este el principal motivo por el que ni siquiera tengo Elminsterganas de terminar con el tercer libro y terminar el ciclo principal, pero es que creo que no soportaba más a Tas, ni al "soy malo, pero bueno en el fondo" de Raistlin... en definitiva, todo ese elenco de buenos de Disney contra los malos malísimos, también muy Disney. En comparación, los tres tomos de la primera trilogía de Drizzt Do'Urden, antes de que Salvatore entrase en su modo writing-frenzy me han parecido unas aventuras estupendas. En comparación con la Dragonlance, los compañeros y enemigos del elfo oscuro resultan mucho más creíbles, más vivos, el mundo es bastante más real, en lugar del inmaculado y maniqueo mundo de Dragonlance. También he leído este último libro sobre Elminster, y la impresión se repite: una historia de aventuras, con su parte de capa y espada y sus historias de magia, muy entretenidos y agradables de leer :)

También ha caído una novela basada en Warhammer 40.000, que ha sido una grata sorpresa, esperaba algo bastante más cutre, pero, como con las novelas de los Reinos, me he encontrado con una trama ágil, unos personajes interesantes y un trasfondo sólido y bien construido, que es más de lo que me esperaba.

No es esta la única literatura de puro entretenimiento, sin ninguna pretensión añadida que ha caído este año, pero voy a dar por cerrado esta primera parte del resumen, para dejarlo más o menos centrado en un único asunto, y no divagar. Quizá, en las próximas entregas, haya más ;)